07 de agosto de 2019
07.08.2019

A mi padre

07.08.2019 | 00:57
A mi padre

No es difícil demostrarle al tiempo que junto a la palabra "padre" se proclama la admiración. Al nacer, al principio de una manera invisible, la vida me entregó dos cestos: en uno estaba la conjetura que representa la familiaridad, y en el otro, el retrato de un hombre que era afán atrevido retando al arte. Siempre he tenido muy claro, que los afectos se afianzan con la admiración; creo que la fidelidad es una pasión que no discute, y a la vez, nos proporciona una sobrecogedora emoción. Hay personas que son fuerza expresiva, hasta estando en silencio; los sentires que son devocionales la mayoría de las veces solo se manifiestan mediante la creación...

Hace pocos días he estado en Salamanca; acudí a ver la exposición de un hombre que con su conducta ennoblece sus cuadros, lo humano tiene muchas posibilidades, pero si la genialidad y la convicción se juntan, el resultado es fascinante. En los tiempos que vivimos, continuamente seducidos por el consumismo y la modernidad, es difícil encontrar personas que manifiestan ser felices "con el pan nuestro de cada día". La vida, al igual que las obras de arte, depende de la ejecución, todo aquello que no se puede precisar con la conducta es un suponer que solo existe entre las palabras. Sí, hay personas distintas, ajenas a todos los elementos decorativos que nos ofrece la vida, son biografías que en ciernes detallan que en ocasiones junto a la soledad, camina la sabiduría.

Para no tropezar con las emociones, y alterar el concepto de genialidad, siempre he procurado atajar por el camino que sopla el viento con más fuerza: el de la admiración. La familiaridad es tibieza que acaricia sin esfuerzo los afectos, en cierto modo, junto a ella todo es suerte de casualidad... Pero la admiración, no, considero que junto a ella se acomodan las personas que buscan refugio, y corren detrás de las estrellas.

Querido padre, en todos los cielos del mundo se celebra la luz de tu obra, creo que el verdadero triunfo, don Enrique Seco San Esteban, es tener abundante cosecha. La mayoría de los mortales somos tiempo contraído en la vida, pero tú eres conjura de eternidad.

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