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En la segunda mitad de los años 50 del siglo XX aún cubría el pecho del mundo cierta coraza moral impuesta por el modelo de feliz desarrollismo que siguió a la posguerra. En España la coraza era armadura de cuerpo entero calzada por el nacional-catolicismo. En ese escenario, la presencia habitual en la prensa de la hermana menor de Isabel de Inglaterra, la princesa Margarita, con sus juergas y devaneos, y siempre al borde de la transgresión, era una bocanada de aire viciado, o sea, fresco. Mujeres de frente, y hombres de reojo, miraban las revistas y se decían que, si aquella moderada liviandad era posible en la corte más estricta, las moralinas en vigor no serían tan estancas. Puesto que una serie de Netflix da cuenta, parece, de la vida algo disoluta de Margarita, un hijo suyo, el conde Snowdon, quiere reparar su imagen. No sabe el daño que puede hacer a la mejor memoria de su mamá.

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