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Antonio Rico

Reproches por Navidad

Motivo 814 para odiar la Navidad: la publicidad se vuelve moralista.

No tiene ningún sentido, pero así es. Las empresas utilizan diferentes métodos para conseguir que compremos sus productos en función del mes del año en el que se anuncian. En marzo o en septiembre, Ikea o Media Markt intentan hacernos reír cuando pretenden que gastemos dinero en sus establecimientos, pero en diciembre intentan hacernos llorar. ¿Por qué? No lo sé, habría que preguntárselo a los que inventaron la Navidad, que ¡oh, feliz coincidencia! son ellos mismos. Pero no falla: en verano nos hacen la pelota contándonos lo felices que vamos a estar en el Caribe, mientras que al comienzo del invierno nos riñen porque hay un montón de gatetes abandonados o nos estamos cargando el planeta. En los dos casos, las mismas empresas; en los dos casos, el mismo disimulo de sus verdaderas intenciones.

Porque dígame usted el vínculo que existe entre la balda Storsjö y el abuso que hacemos del móvil en detrimento de nuestra familia. Ya me explicarán qué tiene que ver una lavadora con función ECO TIME con no atender a tu hijo cuando está enfermo. Conviene recordar que la publicidad nunca es un fin en sí misma, sino un medio para alcanzar el único fin que importa: hacer que la empresa gane al menos un céntimo, pero preferiblemente mil millones de euros. Y cuando te dicen que no visitas lo bastante a tu abuela, lo único que pretenden es aumentar una milésima la probabilidad de que tú o tu abuela compréis en sus tiendas; esa campaña es el resultado de un frío estudio de mercado y de una estimación de impacto sobre el consumidor.

Tranquilos, dentro de diez días volveremos a ser gente guay y divertida. Tras las reprimendas que nos han soltado estas navidades, Ikea volverá a animarnos a construir la república independiente de nuestra casa y Media Markt volverá a mostrarnos a su consumidor prototípico diciendo "yo no soy tonto". Dentro de doce meses volverán a reñirnos por Navidad.

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