25 de abril de 2014
25.04.2014

Antiespecialistas

25.04.2014 | 01:41

La verdad por delante: aquí no hemos creído nunca en los cursos de formación. Aquí pensábamos que el dinero disponible para estas actividades era en realidad para otras, otras que carecían de casilla en el formulario. Aquí, los cursos de formación están asociados a la catequesis, a las reuniones parroquiales, a una manera de hacer tiempo. Aquí no hay fe en los cursos, de otro modo habría tal demanda que los corruptos no podrían distraer un solo euro de sus fondos. Aquí lo que se lleva desde siempre es lo de la "universidad de la vida". Haber llegado, aquí, es salir en la tele porque has montado, por ejemplo, un holding de cafeterías que parece que se dedica al café, cuando lo que hacen es lavar el dinero negro, salir en la tele, decíamos, y proclamar que todo lo que uno sabe lo aprendió en la universidad de la vida. Que es la mejor, suele añadirse a manera de adorno. Un adorno torero, o sea, una filigrana, una postura, una apariencia.

La universidad de la vida enseña, entre otras cosas, a escamotear a la administración del Estado el dinero de todos. Aquí, el dinero de todos no es de nadie, así que puede uno meter la mano en la caja, tomarlo impunemente y llevárselo a casa. Más tarde, contará la hazaña en el bar, puesto de coca y gin tonics hasta las cejas. Aquí un curso de manipulación de alimentos, un curso de fontanería, no sé, un curso de colocar ventanas, parece una idiotez. Quita, quita, que ya lo arreglo yo.

Aquí somos tan aficionados a la chapuza que hasta la crisis nos ha salido impresentable. O sea, de las peores de Europa. La del mayor número de parados, la de más niños con hambre, aquella en las que más mentiras se acumulan en las declaraciones de los próceres. "La recuperación va sobre ruedas", ha dicho una ministra que aún sigue en el puesto. Han sido tantos y tantos los cursos de formación que no se han dado aquí, que España está llena de soldadores inversos. Quizá usted o yo seamos uno de esos soldadores al revés, tal vez nuestros nombres figuraron como alumnos en algún curso de calefactor, de albañilería, de costura, de perito en lunas.

Y nosotros sin saber que somos antiespecialistas en esto o en lo otro.

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