02 de febrero de 2014
02.02.2014
personas, casos y cosas de ayer y de hoy

La piedra de la locura

02.02.2014 | 00:56

Transcurre el año 1550. La acción se sitúa en la encantadora y vieja ciudad de Haarlem, capital histórica del condado de Holanda, ubicada en la desembocadura del río Spaarme, a sólo 20 km de Amsterdam. En el mercado de una de sus plazas, cercana al río, se desarrolla la escena captada por el pintor flamenco Jan Sanders van Hemessen (Hemixem 1500 - Haarlem 1564/66) en El cirujano, un óleo sobre tabla, que perteneció a la Colección Real Española desde 1614 y hoy puede contemplarse en el Museo del Prado. En el fondo y a la derecha de la pintura aparece el puente de la ciudad, el castillo y la torre de una iglesia -posiblemente la de Bakenesser-. Ocupando todo el primer plano se representa la extracción, a un paciente, de la "piedra de la locura", mediante figuras de medio cuerpo, casi de tamaño natural, vestidas con ricos trajes de la época. En el centro está el paciente, con aspecto de gran señor, sentado y amarrado a una silla por una faja de tela. A su derecha, se ve a un hombre con gafas caladas, que ha practicado una incisión en la frente del enfermo, con la misma herramienta que usa para rasurar las barbas y los cráneos, si bien toma la navaja con delicadeza de maestro cirujano. A través de la herida y entre chorros de sangre que le caen por la frente, le extrae una piedra. A la izquierda, una mujer mayor sostiene e inmoviliza la cabeza al intervenido, mientras otra más joven prepara un posible ungüento para curar la herida. La apariencia y ropa de la mujer mayor se corresponde a una anciana de los hofjes -hospicios de fundación privada para solteras ancianas, por los que Haarlem fue y es aún famosa-. A la derecha, completa la escena un quinto personaje, de gestos grotescos y aspecto de alienado -con toda probabilidad el próximo paciente- que extiende la cabeza, cierra los ojos y eleva las manos al cielo; para otros se trataría de un sacerdote elevando una plegaria. Sobre una mesa, situada a la izquierda, han depositado diferentes frascos con los "remedios", partes de animales disecadas para usar en las pócimas, amuletos, trapos y un probable certificado de aptitud del "operador". La operación se realiza a la vista de todo el mundo y sin ninguna medida higiénica. La pintura refleja el característico esfumado leonardesco, a los que se añaden la minuciosidad en la descripción de los objetos y la expresión de los personajes, cualidades inherentes a la pintura flamenca.

La extracción de la piedra de la locura, incisión frenopática o "corte del Key" -reconocida en la bibliografía francesa como pierre de tête o pierre de folie, y en la inglesa como the cure of folly- es una intervención operatoria de la cabeza, de la época medieval, en la que un hombre, bien un "cirujano barbero", curandero o, en la mayoría de los casos, un simple charlatán, afeitaba algunos cabellos y ejecutaba una incisión en la cabeza de un enfermo por la que, después de hurgar en la herida, fingía extraer una piedra con sus dedos ensangrentados, que con habilidad sacaba de su bolsillo o le era entregada por el ayudante. Lo hacía aprovechando la creencia popular de que la piedra era el motivo de la locura, la falta de inteligencia y otros muchos males y dolores no explicables.

El tema de la extracción de la piedra de la locura fue recogido, de forma frecuente, por los pintores flamencos, desde finales del siglo XV hasta el siglo XVIII, y con un mayor auge en los siglos XVI y XVII, en cuadros de género costumbrista, con carácter crítico, sarcástico y satírico, para descubrir la condición de impostor del falso cirujano, cuyo único fin era el dinero. A finales de la Edad Media y comienzos del Renacimiento, es el momento en que se regula la actividad médica y se abandona la transmisión oral de los conocimientos, reglando su formación en las universidades y la obligación de someterse a examen. Tales medidas conllevaron a establecer un cisma entre los médicos y los cirujanos barberos, conocidos como rasor et minutor, que habían aprendido de los frailes de los monasterios, a los que hacían el afeitado de la tonsura y la sangría impuesta por las leyes eclesiásticas. Estos falsos médicos, los frailes y la incisión frenopática fueron llevados a sus cuadros por estos pintores holandeses, entre los que figuran artistas destacados de esa época como El Bosco, Brueghel el Viejo, David Teniers el Joven, Adriaen Brouwer, Pieter Huys, Jan Steen o Heymann Dullaert.

En una pintura anterior, La extracción de la piedra de la locura (Museo del Prado, 1490, procedente la Colección Real), obra temprana del genial Hieronymus van Aekken (Herzogenbosch, 1450-1516), más conocido por el seudónimo de El Bosco, representó de nuevo la escena en el interior de un círculo, rodeado por una decoración dorada sobre fondo negro, a base de lazos de amor y una inscripción en letras góticas que reza: Maestro, quítame pronto esta piedra. Mi nombre es Lubbert (que puede traducirse como Mi nombre es tímido o Mi nombre es tejón castrado). La acción se desarrolla delante de un extenso y bello paisaje propio de los Países Bajos del Norte y son cuatro los protagonistas de la tabla. El falso cirujano, con un embudo invertido sobre la cabeza, alusivo a la locura y no a la sabiduría, que extrae de la cabeza del paciente -que no es otro que Lumber Dass, un personaje muy popular en Holanda- un tulipán lacustre, igual que el depositado sobre una mesa de forma vegetal, en referencia al dinero que va a parar a su bolsa y como expresión de que no es sabio sino estafador; además, en la Holanda de esa época, se tachaba a los ingenuos y tontos como cabeza del tulipán. A su lado, un monje anciano tiene un jarro en la mano y parece exhortar al falso cirujano a que siga o al enfermo que aguante la operación; al tiempo está preparado para dar la extremaunción al paciente, si fallece por la incompetencia del barbero. Finalmente, a la derecha, una mujer, con hábito gris y toca blanca, contempla pensativa la cura quirúrgica, mientras se apoya en la mesa y luce un libro sobre la cabeza, que hace referencia al peso de la ciencia. Se ha señalado que el cuadro satiriza e ilustra un proverbio flamenco: Las cosas van mal cuando el sabio va a operarse de su locura a casa de locos (Silva de Maroto P. Pintura flamenca de los siglos XV y XVI. Madrid: Museo del Prado; 2001). Una vez más, El Bosco refleja en este cuadro su carácter simbolista y de precursor del surrealismo y el disparate.

Se ha señalado la amargura que suponía obtener la clientela para el "corte del Key" a base de pobres idiotas, paletos o locos, y gracias a las innumerables supersticiones relacionadas con la locura. Sin embargo, a la vista de las pinturas se puede afirmar que la intervención se realizaba a gentes de toda condición, sencillas y pudientes, unidas por la ignorancia y la superstición. En cualquier caso, ha de considerarse, por un lado, la enorme carencia de médicos que llevaba a los enfermos a ponerse en manos de cualquier falsario y, por otra parte, no puede excluirse la teoría de que, al menos en muchos casos, los pacientes se sometían a esta intervención por el peligro de ser condenados por brujería. El papa Inocencio VIII, en 1484, había promulgado la bula Summa desiderantes, en la que se intensificaban los procesos de la Inquisición. Al someterse a la extracción de la piedra, quedaban señalados como locos, en lugar de brujos, y se libraban de la muerte en hoguera. Y lo hacían a pesar del dolor, como bien recogió Carolus Allaerdt en sus versos: Si han de sufrir tan horrorosos/ momentos de dolor cuando te operan,/ no es raro ver hombres que prefieran/conservar, porque son muy temerosos/ las piedras que, crueles, les laceran.

La trepanación terapéutica (perforación quirúrgica del cráneo) se realizó en distintas culturas y áreas geográficas desde la Prehistoria (se ha documentado en el Neolítico y el Mesolítico), con hasta diez mil años de antigüedad; si bien los procedimientos y el instrumental fueron variables. Sin embargo, pocas veces se documentó que se produjera una trepanación en vivo en la época medieval, limitándose a los escritos del médico racionalista persa Abu Bakr al-Razi -Rhazes- (c. 854-925/935) que recriminó "a los charlatanes que pretendían curar la epilepsia haciendo una incisión en la frente y aparentando extraer algo que llevaban escondido en la mano". Es decir, se trataba de una simulación de trepanación similar a la que después en la Edad Moderna se recoge de los testimonios artísticos antes señalados. Históricamente se ha explicado no como un fenómeno lineal, con una ruptura del Medievo con los precedentes de la Antigüedad, sino más bien como una vía de reelaboración de temas antiguos que se proyectan después en la Edad Moderna, tal como mantiene Erwin Panofsky y recoge Irene González Hernando (La piedra de la locura. Rev Dig de Iconografía Medieval. 2012; IV: 79-88). Esta interpretación, con idas y venidas, avances y miradas hacia atrás y descubrimientos y adaptaciones del pasado, es todavía más clara en el terreno médico, por lo que la extracción de la piedra de la locura, no sería más que una continuidad de la trepanación. Aunque los "operadores" que extraían la piedra de la locura y los monjes que le ayudaban fueran objeto del sarcasmo de los pintores flamencos, es justo reconocer que en 1565, en el Sínodo de Milán se prohibió a los eclesiásticos recetar medicinas y remedios, impidiéndoles hacer competencia a los médicos, y que fue la Iglesia la primera institución que impulsó un trato humano y protector a los locos. Tampoco debemos olvidar que, tal como señala Mauricio Wiessenthal (El dolor en el arte. Gelos; c. 1995) fue un santo, San Juan de Dios, que antes había sufrido persecución, tortura y encierro en un asilo de locos, tachado de endemoniado, el que, en 1537, fundó un hospital dedicado al cuidado de los enfermos mentales, con un lema bien significativo: "Llegar al alma a través del cuerpo". Sus discípulos, los Hermanos Hospitalarios, extendieron y aún continúan su labor en todo el mundo. Lo triste es que aún en la actualidad, y bajo diversos nombres, eternizan su ejercicio los falsos "curadores" y lo hacen porque sigue siendo realidad la máxima escrita por Cayo Petronio: "Mundus Vult Decipi: Ergo Decipiatur", cuyo significado es: "El mundo quiere ser engañado, entonces engañémoslo". Como el tema es muy extenso le daremos continuación otro día, en el que aprovecharemos para exponer lo que hubo y hay de estas prácticas en Galicia.

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