In Memoriam // Jaime Estévez Gómez

La última parada de Jaime

Un equipo del Alondras con Jaime Estévez Gómez, primero por la izquierda en la fila de futbolistas agachados.

Un equipo del Alondras con Jaime Estévez Gómez, primero por la izquierda en la fila de futbolistas agachados. / Archivo

Salvador Rodríguez

Salvador Rodríguez

Escribió Miguel Hernández, en Elegía a Ramón Sijé: “Temprano levantó la muerte el vuelo”. Hoy vamos a darle el último adiós a Jaime y, a pesar de que ya semejan haber transcurrido las suficientes horas como para haberme recuperado del impacto de la noticia de su fallecimiento, todavía me dura esa resaca amarga con olor a derrota, de la que uno no sabe muy bien cuánto va a durar. Supongo que, de un modo u otro, se establecerá ahí ya para lo que me resta de vida. De hecho, ya me está pasando con el entrañable Pepo, que nos dejó cuando este verano empezaba a amanecer.

El FARO tituló ayer “Fallece Jaime Estévez, agente de policía durante 33 años en Bueu”, pero si me hubiese tocado a mí cubrir la noticia, hubiese delatado que, además de mi amigo, el que se ha ido iba a convertirse en el otro gran portero que, con Amador, estaba llamado a ser citado con letras de oro en la historia deportiva de mi pueblo.

Yo fui su amigo, sí, pero casi puede decirse que lo conocí en una portería o, mejor dicho, bajo ella. O quizás fue en los “derbys” chapa contra chapa que disputábamos en el viejo campo de fútbol cuando, el que más y el que menos, “pintaba a ghodaia”, como se decía antes en Bueu al declararnos en “huelga” y, por consiguiente, colgar clase. Claro que, en concreto,hay que matizar que Jaime no era de esos. Él estudiaba en Pontevedra y no podía permitirse tales lujos ghodaientos, así que acostumbraba a acudir los fines de semana o en las vacaciones.

Jaime Estévez Gómez en una imagen reciente.

Jaime Estévez Gómez en una imagen reciente. / Fdv

A mediados, más bien finales, de los 70 (del siglo pasado ya ¡uf!) se disputó en Bueu un campeonato de fútbol entre equipos que representaban a sus barrios y parroquias, y Jaime eligió, aunque residía por aquel entonces en la Banda do Río, defender el pabellón de los de Bon, su patria natal. Tenía escasamente once, quizás doce años, no era muy alto y sí ancho y fuerte, y recuerdo verle allí tan pequeño bajo el travesaño que….en fin, al principio sorprendía a propios y extraños, pero no tanto como a todos los que unánimemente llegaron a la conclusión de que a aquel niño era muy difícil meterle un gol.

También tuvieron noticia de él esos que hoy llaman “ojeadores”. Muy pronto lo fichó el Alondras y, enseguida, llegó al Pontevedra, aquel Pontevedra en el que, tras jugar en el filial, subió a la primera plantilla y no tardó en hacerse con la titularidad. Un Pontevedra con aspiraciones de ascenso que, Aí ven o maio, presidía Luis Emilio Batallán.

Entonces empezaron los rumores. Había, seica, varios equipos de Primera y Segunda muy interesados en Jaime. Pero, de súbito, la promesa se truncó con una grave lesión que no le apartó del todo del fútbol, pero sesgó de cuajo sus aspiraciones profesionales.

En estos últimos años nos hemos juntado, con Budi y con Manuel, para dar buena cuenta de un cocido en Meiro o echar unas risas en la de Fariña, y siempre lo conseguimos pero, como diría el otro, esos son asuntos más íntimos. Lamentablemente, este año no podremos hacerlo, pero los tres que quedamos sabemos que, aunque parezca que se haya ido, Jaime seguirá siendo el portero de nuestras vidas y, por encima de todo, un insuperable amigo que ha decidido, y esta vez sí que lo conseguirá, ascender a la División de Honor y guardar las puertas de la Eternidad.

*Periodista de FARO y natural de Bueu