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El mejillón de Bueu vuelve al mercado tras un año 2020 con más de 300 días de cierre

Labores de descarga de mejillón ayer en el puerto de Bueu. |   // GONZALO NÚÑEZ

Labores de descarga de mejillón ayer en el puerto de Bueu. | // GONZALO NÚÑEZ

Los bateeiros de Bueu no pudieron salvar la campaña de Navidad, pero al menos los Reyes Magos vinieron con un “regalo” debajo del brazo: la apertura de los tres polígonos mejilloneros de la localidad y del resto ubicados en la ría de Pontevedra. Desde el día 5 enero la actividad es frenética en el muelle mejillonero y la descarga no paró siquiera el día de Reyes ni el domingo. “Continuaremos trabajando mientras podamos”, manifestaban ayer los profesionales. Durante estos días se estima que ya se han descargado más de 1 millón de kilos de mejillón, a una media de 200.000 diarios. “Es una cantidad enorme”, reconocen.

No es para menos. Los polígonos de Bueu estaban cerrados desde mediados del mes de agosto y a principios de diciembre, a la vista de como se comportaba la toxina, algunos de los bateeiros con más años de experiencia a sus espaldas ya auguraban que no habría apertura hasta Reyes. Un vaticinio que se ha cumplido al milímetro. El último día de 2020 abrió el polígono Cangas A, en Aldán; el 5 de enero abrieron las dos zonas de producción situadas entre Agrelo y Lapamán, el Cangas A y los tres polígonos de Combarro; y la apertura se completó el día 8 con el Bueu B (en Beluso).

La campaña navideña ya ha pasado, pero la demanda de mejillón no ha cesado. Todo lo contrario. Se trata de los efectos colaterales de la pandemia del COVID-19. Durante el confinamiento del primer estado de alarma se disparó el consumo de conservas, lo que provoca que las fábricas sigan reclamando ahora producto para abastecer el mercado. “Más del 90% de lo que se está descargando ahora se destina para la industria. Además, con las consecuencias de la borrasca ‘Filomena’ de estos días resultaría difícil el transporte para el mercado en fresco en el centro y sur de España”, explicaban ayer los bateeiros.

Habitualmente el mejillón que se destina para las fábricas se paga a un precio inferior que el que se dirige para el consumo en fresco, pero en esta ocasión no hay queja. “Los precios son buenos y el molusco está muy bien de carne”, reconocen los propios mejilloneros bueueses.

La demanda también se ve favorecida porque a estas alturas otras zonas de producción, como Arousa, ya tienen prácticamente agotada su cosecha y el único mejillón de tamaño grande que se puede encontrar en el mercado es el de Aldán y Bueu.

Este intenso ritmo de trabajo también permitirá a los bateeiros liberar espacio en los viveros flotantes para centrarse en la recogida de mejilla y preparar la próxima cosecha, que podría estar lista para comercializarse a finales de año o principios del próximo.

Los polígonos de Bueu volvieron a ser en 2020 los más perjudicados por la toxina, un año en el que el primer cierre se produjo en febrero, con más de un mes de adelanto con lo que suele ser lo habitual. Según los datos de Instituto Tecnolóxico para o Control do Medio Mariño (Intecmar) las zonas de producción de Bueu fueron las únicas en Galicia que alcanzaron los 300 días cerradas durante el pasado 2020: el polígono Bueu B llegó a las 301 jornadas y los Bueu A1 y Bueu A2 alcanzaron las 298.

Son cifras que superan con creces los registros de 2019. En aquel año el polígono más afectado fue el Bueu A1, con un total de 263 días de cierre. Le seguían el Cangas B, con 243; el Bueu A2, con 239; el Bueu B con 237; y los de la bocana de la ría de Vigo –Cangas F y G–, con un total de 236 jornadas cerrados.

Daños entre dos bloques del dique de A Mosqueira. | // G. NÚÑEZ

El nuevo abrigo de A Mosqueira cumple en invierno y permite nuevos amarres pero ya sufre daños por el oleaje

El sector mejillonero con su base en el muelle moañés de A Mosqueira, que opera con todos sus polígonos abiertos desde que el 5 de enero la toxina remitió en el Cangas G, está afrontando su primer invierno con el nuevo dique flotante de abrigo construido por la Consellería do Mar a través de Portos de Galicia frente a la dársena principal del centro de Moaña. En el mes de junio se fondearon los bloques de hormigón empleados para este dique y la prueba de fuego de su utilidad llegaría con el invierno. De momento los temporales del otoño y de lo que va de invierno no dejan lugar a dudas. El oleaje se frena de forma efectiva y los mejilloneros trabajan de forma más protegida en A Mosqueira. “Funciona bien. Incluso se ganaron tres amarres por la cara exterior del muelle, al estar ahora más protegido. Un amarre en cada escalera de subida”, explicaba ayer un trabajador del sector. De todas formas, bateeiros alertan de que el balanceo ya ocasionó daños en la nueva estructura, en la unión entre dos de los bloques, que se separaron y están desgastados. Siguen amarrados por la cadena pero se espera una próxima reparación por parte de Portos de Galicia. Los 140 metros del nuevo dique se componen de bloques de hormigón de 78 toneladas cada uno. Desde el sector reconocen el avance aunque ayer insistían en la necesidad de ejecutar la segunda fase, con un pantalán flotante en la lámina interior del muelle que permita acabar definitivamente con la falta de espacio de amarre.

Hasta tres camiones al día para el extranjero

Tras el acelerón de las ventas para el mercado nacional por la reapertura de los polígonos muy cerca de las fechas navideñas, en el muelle de Moaña los productores retomaron en los últimos días del año la exportación de bivalvo al mercado extranjero, principalmente al sur de Italia. En estos momentos a primera hora de cada mañana salen los camiones para el extranjero, cada día se llenan entre uno y tres camiones, con lo que se exportan cerca de 60 toneladas de producto diarios como máximo. Hasta febrero se prolongará esta venta al exterior. El resto del mejillón que llega a puerto va para atender la demanda de venta en fresco o los encargos de la industria conservera.

Producto para su venta en fresco en el muelle de Moaña. | // G.N.

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