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Ana Orons: "El monte vuelve a ser la caja de ahorros de muchas familias para situaciones de crisis"

Las jornadas forestales que se organizan en Bueu concluyen hoy en el Centro Social do Mar

Ana Orons, de FEARMAGA, estará hoy en Bueu. //

Ana Orons, de FEARMAGA, estará hoy en Bueu. //

Las jornadas alrededor del valor del monte que organiza Maderas Freire en Bueu concluyen hoy con la segunda serie de charlas a partir de las 19.30 h. La encargada de abrir las ponencias será la secretaria general de la Federación Empresarial de Aserradores y Rematantes de Maderas de Galicia (FEARMAGA), Ana Orons, que hablará sobre la producción de la madera en Galicia. Esta federación es una de las más antiguas del sector en Galicia, fundada en 1979, y agrupa a unas 350 empresas.

-¿Cuáles son las líneas generales de la intervención que hará hoy en Bueu?

-Es un reflexión sobre la puesta en valor de la madera desde la perspectiva que yo represento. Hablaré sobre las existencias de madera en el monte; la capacidad de aprovechamiento que tiene la industria; su valor económico, social y ambiental; y las oportunidades de futuro ante unas nuevas situaciones de la sociedad, con una vertiente más conservacionista y de puesta en valor del medio ambiente. Ahí la industria tiene algo importante que decir y valorar para que eso siga existiendo: lo que tiene valor se conserva y no se quema. Y ese valor lo aporta la industria.

-Si hubiese que hacer un diagnóstico de la salud del monte gallego, ¿cuál sería el resultado?

-Pues cada vez su salud es peor. No es algo que digamos nosotros, sino los datos oficiales del ministerio. Cada vez es más viejo y su estado sanitario es deficitario. Si a ello le sumamos que tenemos 2 millones de hectáreas de superficie forestal, pero 600.000 de ellas están desarboladas y sin producción o aprovechamiento, y del 1,4 millones restantes se estima que solo el 29% están gestionados bajo un criterios de eficiencia y adecuados nos indica que aún hay un largo camino por recorrer. A pesar de todo Galicia aporta el 50% de la producción de madera de España y solo tenemos el 7% de la superficie nacional. Esto significa que tenemos mucho potencial y mucho recorrido por delante. En clave sectorial, Galicia es líder a nivel nacional en exportación de madera y productos derivados de la madera.

-Por su exposición se deduce que la situación es francamente mejorable. ¿Qué es lo que hay que hacer?

-Tenemos unas condiciones inmejorables para producir madera y una industria profesional, consolidada y que es capaz de generar valor añadido. Ahora tenemos que ser capaces de aunar intereses y poner madera en cantidad y con la calidad necesaria para dar respuesta a la demanda de los mercados internacionales. ¿De qué depende nuestro futuro? De mejorar la producción del monte, su estado sanitario y de desarrollar formulas de gestión conjunta de la propiedad forestal. Uno de los grandes problemas que tenemos en Galicia es lo que llamaría microminifundismo, un paso más allá del minifundismo. Por eso hay que buscar fórmulas de gestión conjunta porque si no el monte no es rentable y es comprensible que se abandone. Hay grandes dificultades para realizar plantaciones a coste razonable y afrontar su cuidado. Los costes generales son tan elevados que no compensa. Hay que tener en cuenta que en el caso de la madera la ley de la oferta y la demanda funciona a la inversa: cuanta más madera seas capaz de ofrecer más te van a pagar por ella.

-¿Cuál es la repercusión económica de la industria de la madera en Galicia?

-Incluso para nosotros fue una sorpresa. Según los datos del Instituto de Estatística de Galicia (IGE) una cuarta parte de la economía gallega está vinculada a la madera y a sus derivados. Nosotros estimamos que existen unas 3.000 empresas, la mayoría de carácter pequeño y mediano, y que dan empleo estable a unas 70.000 personas, ya sea directa o indirectamente. Estamos hablando de un volumen anual de 8 millones de metros cúbicos de madera y en 2015 las ventas fueron de 1.941 millones de euros.

-¿Qué es lo que le piden a las administraciones públicas?

-Hay una cosa muy importante: clarificar la regulación que afecta al monte. Hoy en día y en función de los casos para realizar una corta puedes llegar a verte en la situación de tener que pedir permisos ante un total de 16 administraciones distintas, entre locales,provinciales, autonómicas y nacionales. Aunque el empresario tenga voluntad de cumplir con la legislación muchas veces no sabe a dónde debe dirigirse para realizar todos los trámites. Esto lo que genera es inseguridad, indefinición y sobrecostes.

-¿Qué lectura se puede extraer de esos datos más allá de la frialdad de los números?

-Hay algo muy importante. Históricamente se tramitaban 50.000 autorizaciones anuales para cortar esos 8 millones de metros cúbicos, el año en que más tramitaron se llegó a las 70.000. En 2015 se llegó a la cifra histórica de 80.000 para extraer el mismo volumen de madera. Esto pone de manifiesto que las familias gallegas han vuelto a encontrar en el monte su 'caja de ahorros'. La crisis ha hecho que la sociedad vuelva a mirar hacia el monte y que las familias vendan lotes de madera para afrontar una situación de crisis o unos gastos extraordinarios. El número de permisos que se tramitan ha aumentado de manera significativa para cortar el mismo volumen de madera.

-Antes hablaba de la situación de minifundismo o incluso microfundismo del monte en Galicia. O Morrazo no escapa a esta situación, con más de 50.000 parcelas y 20.000 propietarios. ¿La reciente creación de una asociación de propietarios para la gestión va en el camino que usted apuntaba antes de gestión conjunta?

-Totalmente. Es imprescindible apostar por la gestión conjunta y que los propietarios sean conscientes de que es el futuro para poner en valor su monte y que la admistración incentive esa gestión compartida. Los estudios estiman que esas 2 millones hectáreas están repartidas entre más de 670.000 propietarios. Esto significa que uno de cada tres gallegos es propietario forestal, con independencia de que lo sepa o de que sepa localizar esas propiedades.

-Ante la dicotomía entre el eucalipto y las especies autóctonas, ¿qué se debe producir en los montes gallegos?

-Con los datos que ofrecimos al principio con respecto a la superficie que desarbolada y la que está gestionada con criterios de eficiencia creo que está claro que tenemos terreno para todo. En mi opinión no ha lugar para una guerra de especies. Nosotros, como industria, ponemos en valor lo que el propietario pone en el mercado y ese propietario debe tener libertad y autonomía para plantar. Dicho esto, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Puede plantarse de todo en cualquier terreno? Pues no. Al igual que un agricultor tiene que saber si en una parcela debe plantar cereales o legumbres aquí ocurre lo mismo. El problema es que en Galicia no hay una cultura forestal de igual modo que en su día sí hubo una extensión agraria. Existe un gran desconocimiento sobre cuáles son las especies más adecuadas para cada terreno en función de su situación, características orográficas, climatología? Históricamente las especies de mayor retorno fueron las coníferas, especialmente los pinos. En los últimos años la especie más plantada y más cortada es el eucalipto, probablemente por una necesidad de retorno económico inmediato. También hubo un cambio de mentalidad: antes se plantaba para los nietos y ahora se planta para uno mismo. Es importante buscar fórmulas que incentiven la diversidad de plantaciones, ya sea con compensaciones fiscales o con la posibilidad de asegurar las plantaciones. No nos podemos olvidar de la lacra de los incendios: una plantación de coníferas necesita entre 25-30 años y el doble si son especies frondosas. Son muchos años de riesgo y es lícito y humano que los propietarios busquen otras fórmulas.

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