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Faro de Vigo

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Guerra en Ucrania

Rusia transfiere miles de ucranianos a su territorio avivando los fantasmas del pasado

Kiev acusa a Moscú de deportar ilegalmente a 40.000 personas y los expertos lo califican como un crimen de guerra

Dos mujeres lloran tras llegas procedentes de Mariúpol a la localidad ucraniana de Zaporizhzhia.

Cientos de civiles ucranianos estaban siendo evacuados de un pueblo a las afueras de Mariúpol cuando sus autobuses fueron detenidos por las tropas rusas. ‘La ruta ha cambiado’, les dijeron, ‘ahora iremos a Donetsk y desde allí os llevaremos a Rusia’. Los pasajeros empezaron a protestar a gritos, pero su destino estaba escrito. Para otros de sus compatriotas habría sido algo distinto. Las soldados les dieron a elegir, aunque solo aparentemente. ‘Os podéis quedar en el sótano sin agua, comida ni electricidad hasta que os encuentren muertos o ser trasladados a territorio ruso’. Una falsa elección que se habría reforzado con una campaña de desinformación, según la cual, las fuerzas del Kremlin controlan varias ciudades en el este de Ucrania y, en las que siguen bajo control gubernamental, no se acepta a los desplazados por falta de espacio.

Oleksandra Matviichuk relata estas historias en una videollamada con EL PERIÓDICO, diario que pertenece al mismo grupo que este medio, desde Kiev, donde está la sede del Center For Civil Liberties, la organización de derechos humanos que dirige. Matviichuk ha hablado personalmente con algunos de los miles de ucranianos que han sido “forzosamente transferidos” a Rusia en las últimas semanas, así como con sus familiares. Principalmente desde Mariúpol y sus alrededores, pero también desde otras regiones orientales como Járkov y Sumi. “En lugar de permitir que sean evacuados mediante corredores humanitarios, están siendo desplazados ilegalmente a Rusia", asegura esta abogada. La viceprimera ministra ucraniana ha cifrado en 40.000 las personas han sido enviadas al otro lado de la frontera sin ninguna coordinación con las autoridades de Kiev. Una cifra que es imposible de verificar, como tantas otras cosas en esta guerra.                                                 

Las trasferencias forzosas de población no solo constituyen una grave violación del derecho internacional, sino que están haciendo revivir a los ucranianos algunos de los peores fantasmas de su pasado. “Lo que están haciendo los ocupantes hoy le resulta familiar a la generación más anciana, que vivió los horribles acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis capturaron a la gente a la fuerza”, dijo hace diez días el alcalde de Mariúpol, Vadim Boychenko, la ciudad sitiada y reducida a escombros donde las tropas ucranianas siguen resistiendo. “Es difícil imaginar que en pleno siglo XXI se esté llevando forzosamente a la gente a otro país”. 

Por aquellos tiempos las huestes de Hitler deportaron a más de dos millones de ucranianos a la Alemania nazi para utilizarlos como trabajo esclavo. También Stalin hizo algo parecido con los tártaros de Crimea en una operación de limpieza étnica declarada como genocidio por el Parlamento Europeo. Más recientemente se ha hecho en Birmania con la población rohingya. 

Moscú niega las acusaciones

Rusia niega que esté transfiriendo a nadie a la fuerza. Habla de “evacuaciones” hacia su territorio, que ha cifrado en 380.000 personas, principalmente desde las autoproclamadas repúblicas independientes de Luhansk y Donetsk, donde se encuentra Mariúpol. Sus medios oficiales sostienen además que centenares de ucranianos han sido enviados a “centros de transición” en la región de Rostov y varios centenares más a las de Yaroslav y Riazan en ferrocarril, situadas a más de 1.000 kilómetros de la frontera ucraniana. 

Pero la lectura desde Kiev es muy diferente. “El derecho humanitario internacional dice que hay que abrir corredores para que los civiles puedan abandonar con seguridad la zona de los combates”, dice Matviichuk. “El problema es que Rusia solo ha acordado hasta ahora uno con el Comité Internacional de la Cruz Roja. El resto han sido decisión ucraniana, a su cuenta y riesgo. De ahí que miles de personas sigan atrapadas en ciudades destrozadas como Mariúpol y que estas supuestas evacuaciones sean ilegales”. 

Campamentos de filtración

Los familiares de los transferidos aseguran que muchos de ellos no llevaban encima su documentación o fue confiscada por las tropas rusas, según Matviichuk. Y estarían siendo alojados temporalmente en campamentos u hoteles. Las autoridades ucranianas van más allá y aseguran que los civiles capturados están siendo enviados a “campamentos de filtración” como los que la Rusia levantó en Chechenia, donde miles de chechenos fueron brutalmente interrogados y otros desaparecieron.

“Después de pasar por los campamentos de filtración se envía a los ucranianos a zonas económicamente deprimidas de la Federación Rusa”, afirmó el Ministerio de Defensa en su página de Facebook. "Como destino final los llevan a regiones norteñas, en particular a Sajalín. Allí se les ‘ofrece’ empleo y aquellos que aceptan reciben documentos que les prohíben salir de Rusia durante dos años”. La isla de Sajalín está a 7.000 kilómetros de Mariúpol en línea recta, cerca de las costas del norte de Japón. 

Talita de Souza Dias es doctora en Derecho Internacional por la Universidad de Oxford. En un correo electrónico asegura que “la transferencia forzosa de ucranianos a Rusia podría ser considerada una deportación”, clasificada como “crimen de guerra” cuando se transfiere a civiles a otro país mediante la expulsión u otros actos coercitivos o como un “crimen contra la humanidad”, cuando acontece en un contexto de ataques sistemáticos contra la población civil. “Y ambos casos se dan actualmente en las acciones de Rusia en Ucrania”, sostiene De Souza Dias. 

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