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Coronavirus en Rusia

Resignación en Moscú ante el nuevo cierre por covid-19

"Muchos negocios van a tener que cerrar" debido a las nuevas restricciones, se queja el joven Nikita

Una artista de calle en Moscú el pasado mes de mayo.

Con una amarga sensación de dejà vu, millones de moscovitas han iniciado este jueves un nuevo periodo de cierre de emergencia debido a la irrefrenable expansión de la pandemia en Rusia. Durante la próxima semana y media, únicamente abrirán en la capital rusa los comercios tipificados como esenciales, como tiendas de comestiblessupermercados farmacias. Las autoridades municipales moscovitas han querido adelantarse a la clausura del país decretada por el presidente Vladímir Putin hace unos días con el objeto de revertir los catastróficos números epidemiológicos rusos.

Un día más, las cifras de contagios y decesos facilitados por las autoridades vuelven a pulverizar todos los récords anteriores. En las últimas 24 horas, 1.159 ciudadanos han fallecido como consecuencia de la enfermedad, mientras que la cantidad de infectados superaba por vez primera la fatídica barrera de las 40.000 infecciones. Ante la inminencia de un nuevo "periodo vacacional con salario retribuido", según la jerga empleada por la oficialidad rusa para definir este nuevo cierre, miles de ciudadanos han comprado paquetes de vacaciones en Turquía o Egipto para huir del frío y pasar estos días bajo el sol.

Todo ello ha obligado a las autoridades a emitir nuevas advertencias a la población y a adoptar medidas para impedir que los movimientos de los ciudadanos contribuyan a expandir el virus, incluyendo un posible cierre de las fronteras interiores dentro de la federación. "Los epidemiólogos han expresado su preocupación (ante el hecho) de que muchos estén pensando en hacer viajes", ha manifestado Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin. La idea de este periodo vacacional era "ayudar a mejorar la situación epidemiológica", ha recordado. Las autoridades de aviación han conminado a las compañías aéreas a no incrementar sus vuelos internos, según ha podido saber el rotativo Kommersant.

Críticas y resignación

Los que se quedan en la capital, eso sí, afrontan el nuevo cierre con una mezcla de críticas resignación. Nikita, de 24 años, empleado en una publicación, adelanta que dedicará los próximos días a quedarse "en casa" o "a pasear". "No se va a poder hacer ninguna otra cosa", clarifica con una mueca de desaprobación. Sin ocultar su descontento ante las circunstancias, este muchacho teme que muchos pequeños negocios como cafés o bares se vean obligados a bajar la persiana debido a las pérdidas ocasionadas. "Veo muy mal este cierre; mucha gente va a perder su trabajo, y el Gobierno debería reembolsar los gastos que se ocasiones a estos locales", destaca.

Preguntado acerca de la reticencia de la población rusa a vacunarse, Nikita, no duda ni un momento en la respuesta, pese que él mismo ha completado ya el tratamiento: "la gente no se fía". A su lado, su novia Natasha, de 21 años, se limita a asentir.

El bajo porcentaje de población vacunada es considerado como el principal factor que impide a Rusia seguir una evolución positiva como sucede en la UE o incluso en EEUU. Según los últimos datos disponibles, 49,1 millones de rusos de una población total de 144 millones, es decir, poco más del 34% de la población, había recibido la pauta completa del tratamiento médico hasta el pasado 22 de octubre.

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