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La obsesión por lo cotidiano

La Fundación Mapfre acoge en Madrid una exposición retrospectiva de Giorgio Morandi, un creador clave del arte contemporáneo

De izquierda a derecha: Flores, 1952; Objetos, Joel Meyerowitz y Paisaje erosionado, Tony Cregg

Giorgio Morandi es uno de los artistas clave del arte contemporáneo, también uno de los más misteriosos e inclasificables. A través de una trayectoria personal y la búsqueda de un estilo propio alejado de modas e influencias se ganó el respeto de sus contemporáneos y la valoración pública de una obra original y de gran altura.

TÍTULO

Morandi. Resonancia infinita.

LUGAR

Fundación Mapfre. Recoletos, 23. Madrid.

FECHAS

Hasta el 9 de enero de 2022

Giorgio Morandi casi nunca salió de Italia y, es más, apenas abandonaba su casa-taller de Bolonia, la ciudad donde nació en 1890 en cuya Academia de Bellas Artes se formó como artista y dio clases como profesor.

Por eso su obra gira en torno a los objetos cotidianos que lo rodeaban, el paisaje de su comarca y las flores, una de sus grandes pasiones.

Objetos, Joel Meyerowitz

Los paisajes de Morandi son los alrededores de su casa de veraneo en Grizzana o el patio que contemplaba a través de la ventana de su casa en Bolonia, donde vivía con sus tres hermanas. Para pintarlos desde el interior utilizaba un telescopio, una tradición heredada del Renacimiento. Por su parte, las flores de Morandi, casi siempre en jarrones, trasladan sensaciones de frescura y fragilidad, pintándolas de distintos tamaños en diferentes macetas. La realidad que Morandi traslada a sus cuadros está influida por la visión poética que aplica a las formas, los colores y los volúmenes de sus obras, una poética que provoca en los espectadores una sensación de irrealidad estilizada.

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Las primeras obras de Morandi se enmarcan en el impresionismo y el postimpresionismo, pero la influencia de Picasso y Braque le orientaron hacia el cubismo. Ya en los primeros años del siglo XX frecuentó los círculos del Futurismo, el movimiento con el que expuso su obra en una galería de Roma en 1915.

Naturaleza muerta,1914

Dado de baja en el ejército por enfermedad durante la Primera Guerra Mundial, la tragedia bélica le obliga a replantearse su carrera y a su regreso del frente destruye casi la totalidad de sus obras. Sus contactos con Giorgio de Chirico hacen que durante un tiempo practique la pintura metafísica, con imágenes de fuerte carga inconsciente y simbólica (“Creo que nada puede ser más abstracto, más irreal, que aquello mismo que vemos”, dijo en una ocasión), pero quiere buscar un lenguaje personal más allá de los movimientos y los ismos. A partir de 1920 decide aislarse en su casa-taller de Bolonia y se centra en el paisaje y las naturalezas muertas que realiza en lienzos, grabados y dibujos.

Naturaleza muerta metafísica

La exposición

En la exposición que puede verse estos días en Madrid, con más de cien obras del Morandi, sus cuadros se acompañan de pinturas y esculturas de artistas contemporáneos que establecen un diálogo con las del italiano. Obras de Alfredo Alcaín, Juan José Aquerreta, Carlo Benvenuto, Dris Berlin, Tacita Dean, Gerardo Rueda, Edmund de Waal y otros muchos, contextualizan una obra de difícil interpretación según los cánones clásicos.

Naturaleza muerta, 1919

Las pinturas de la época metafísica de Morandi nacen con la intención de superar la etapa futurista del artista, que vuelve a un realismo en el que introduce maniquíes, esferas y objetos geométricos. Pero su etapa más auténtica comienza cuando se aísla de las influencias de las vanguardias y encuentra un lenguaje propio pintando los objetos cotidianos que lo rodean. Con ellos realiza una serie de obras que repiten obsesivamente los mismos objetos cambiando el enfoque, la luz y los colores. “Me dedico esencialmente a pintar un tipo de bodegones que comunican sensaciones de tranquilidad e intimidad, estados de ánimo que siempre he valorado por encima de todo”.

Per Morandi, Bertozzi & Casoni

Uno de los temas más repetidos son las naturalezas muertas, realizadas con objetos cotidianos. Se caracterizan además por su quietud y el cambio de luz y color sobre los mismos objetos en obras diferentes, lo que traslada a las imágenes un sentimiento de austeridad y melancolía.

Naturaleza muerta, 1928

De las pocas obras que se alejan de los temas obsesivos de Morandi, destacan aquí “Autorretrato” y “Bañistas”, que son también dos de los escasos ejemplos de la representación de la figura humana en su producción, influida por Cézanne en el caso de los bañistas.

Pisaje, 1928

Citar, por último, la serie de grabados que Morandi considera como una de sus expresiones artísticas con entidad propia, un género que cultivó desde su juventud hasta prácticamente su muerte en 1964.

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