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Nacida de la “Nada”

Se cumplen cien años del nacimiento de la escritora Carmen Laforet, cuyo marido, el periodista ourensano Manuel Cerezales, fue director de FARO DE VIGO entre 1961 y 1964

La escritora Carmen Laforet. FdV

Hay una leyenda sobre Carmen Laforet, alimentada en su día por su biógrafo Israel Rolón, que asegura que existe una maleta custodiada por alguien en paradero desconocido, que tendría el manuscrito de “Jaque mate”, la tercera parte inédita de su trilogía “Tres pasos fuera del tiempo”. La peripecia de la trilogía se presta a este tipo de especulaciones, ya que después de haber publicado el primer volumen, “La insolación”, en 1963, la segunda, “Al volver la esquina”, ya corregidas las galeradas, Carmen Laforet se negó a enviarla a la editorial. No se publicó hasta 2004 cuando ya la autora había fallecido. De la tercera nunca más se supo, ni siquiera si la había escrito. Cuando decidió no devolver las galeradas, Carmen Laforet había tomado la determinación de abandonar la creación literaria y apartarse de la vida pública. Desde entonces únicamente accedió a escribir colaboraciones para periódicos (Pueblo, Informaciones, ABC) y revistas. Sus artículos en Destino fueron publicados recientemente con el título de su sección, “Puntos de vista de una mujer”.

Un país traumatizado

En enero de 1945 hacía cinco años que había terminado la guerra civil. España era un país traumatizado por los ecos de aquella contienda fratricida y la cultura un erial al servicio de un régimen victorioso que imponía una férrea censura. La noche de Reyes de aquel año se falló en Barcelona por primera vez el Premio Nadal, un galardón que nacía para promocionar a nuevos valores que dieran lustre al mortecino panorama literario. Un jurado entre cuyos integrantes estaban Josep Vergés, Ramón Masoliver, Ignacio Agustí y Juan Teixidor decidió premiar “Nada”, una obra sorprendente, nacida de la pluma de una desconocida de 23 años. La novela, con unos valores literarios y sociales fuera de lo habitual entonces, se había impuesto a las de autores como González Ruano y el gallego Álvarez Blázquez.

Carmen Laforet. FdV

La novela de Carmen Laforet recogía algunas experiencias de la autora, quien abandonara la casa familiar en Las Palmas después de que su padre se casara con su amante al poco tiempo de fallecer su esposa. En 1939 se refugió en la casa de sus abuelos de Barcelona, donde había nacido, y tres años después se trasladó a Madrid.

Al periodista Manuel Cerezales, que dirigía la editorial Pace le fascinó el manuscrito de “Nada” cuando Carmen Laforet y su amiga polaca Linka Babecka lo llevaron para su publicación. Cerezales la animó a presentarla al Premio Nadal después de algunas correcciones. Aquel manuscrito lo regaló la escritora a una hija de Giménez Caballero, que lo vendió a un librero de viejo.

Carmen Laforet no supo gestionar las presiones que recibió tras el éxito de “Nada”. Su segunda novela, “La isla y los demonios” (1950) fue maltratada por la crítica y “La mujer nueva” (1955) planteaba unas propuestas feministas que en aquellos años no tenían sitio en la España de la dictadura, mezcladas con una interpretación religiosa que Laforet contribuyó a divulgar a través de sus relaciones con la tenista Lilí Álvarez y su campaña por un catolicismo seglar enfrentado al poder de la Iglesia. Aun así fue Premio Nacional de Literatura.

Carmen Laforet se casó con Manuel Cerezales en 1946 (un matrimonio precipitado, según la novelista), con quien tuvo cinco hijos. Se separaron en 1970 (el año en que publicó sus cuentos reunidos en “La niña y otros relatos”) y la escritora decidió iniciar una nueva vida de viajes (Roma, Tánger, Polonia, Estados Unidos) y nuevas amistades (Rafael Alberti y María Teresa León, María Zambrano, Truman Capote, John Bowles). Mantuvo correspondencia con Ramón J. Sender y Elena Fortún, recogida en “Puedo contar contigo” (2003) y “De corazón y alma” (2017).

En los últimos años agudizó su aislamiento del mundo. “Piensen en mí como si ya estuviera muerta”, les dijo a Teresa Rosenvinge y Benjamín Prado a finales de los 80 cuando intentaron entrevistarla. Afectada por el Alzheimer, su vida se fue apagando poco a poco. Falleció en Majadahonda (Madrid) el 28 de febrero de 2004. El próximo lunes, 6 de septiembre, se cumplen cien años de su nacimiento en Barcelona.

“Nada”, la novela de la posguerra

La Barcelona a la que llega la joven Andrea, huérfana e ingenua, buscando la libertad y una nueva vida, es una ciudad que vive los peores años de la posguerra civil soportando la miseria y el hambre. Llega, además, a una casa familiar, descuidada y mugrienta, cuyos miembros representan a una decadente clase media castigada por la economía de subsistencia. Dos tíos de fracasadas aspiraciones artísticas, una mujer víctima de violencia machista, una tía beata y controladora, un niño sin nombre y una abuela que se esfuerza por ejercer una protección bondadosa sobre todos. El ambiente sórdido y asfixiante de aquella casa de la calle Aribau (en esa calle nació Carmen Laforet) y de sus habitantes, contrasta con el mundo exterior que Andrea encuentra en sus amistades de la Universidad, hijos de familias pudientes que se mueven entre el lujo y la bohemia.

Entre los miembros de la familia sobresale su tío Román, un músico malogrado alrededor de cuya personalidad, entre seductora y diabólica (recuerda al Heathcliff de “Cumbres borrascosas”), gira la trama de la novela, con situaciones azarosas que vinculan al personaje con la nueva vida de Andrea. Román ejerce sobre Andrea y su amiga Ena (trasunto de Linka Babecka, a quien está dedicada la novela) una perversa seducción que amenaza las relaciones de las dos jóvenes.

“Nada” ha aguantado bien el paso del tiempo y su trama aún mantiene intensidad en el desarrollo y el desenlace. La denuncia de la miseria social y la violencia familiar, la mirada sobre una sociedad secuestrada por la dictadura, la crítica social a prototipos de mujeres del franquismo (la beata, la malévola sexual, la abuela abnegada), a tono con el neorrealismo de la época, fueron elementos que tuvieron que pesar en el jurado que concedió a esta novela el primer premio Nadal.

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