Cuentos que ayudan a sanar

El aula hospitalaria del Cunqueiro crea relatos colectivos para trabajar las emociones que atraviesan los niños ingresados

Una sesión en el Álvaro Cunqueiro

Una sesión en el Álvaro Cunqueiro / Marta G. Brea

Tímidos, centran sus miradas en las marionetas de manopla que han escogido. Sonríen con la boca cerrada. Ninguno se lanza a hablar. Es la profesora Amalia P. Otero la que coge las riendas y, hábilmente, va introduciendo uno a uno en la dinámica. No es fácil. No es una clase ordinaria. Es el aula hospitalaria del Álvaro Cunqueiro. Aquí se mezclan niños de todas las edades –de 9 a 16 años, esa vez–. No tienen el mismo nivel educativo ni el mismo ritmo de aprendizaje. Y su estado de salud les condiciona de forma importante. No se conocen más que del hospital, si es que han coincidido. Algunos llevan pocos días ingresados. Otros, más de un mes. Además, en esta ocasión, hay una fotógrafa y una periodista observándolos. Por tanto, no es de extrañar que empiecen cohibidos. Lo mágico es que acaban a carcajada limpia. Y el hilo conductor ha sido la creación literaria.

Dentro de sus actividades de dinamización, el aula hospitalaria del Álvaro Cunqueiro se ha adherido a la iniciativa “Pequeños pacientes, grandes lectores”, de la Fundación Cultura en Vena, que va ya por su cuarta edición. El programa busca fomentar la exploración de las emociones a través de la lectura y la escritura de cuentos en pacientes pediátricos –tanto ingresados como ambulatorios– y también estudiantes de escuelas rurales. “La idea es trabajarlas en un contexto tan vulnerable, que puedan transitar ese momento de enfermedad e identificarlas”, explica Medá Pérez, de comunicación y mediación cultural en la ONG. “No nos interesa evaluar su impacto, porque hay una evidencia científica aplastante”, señala sobre la capacidad terapéutica de la cultura.

Los participantes pueden escribir una historia para disfrute de los demás, subiéndola a una biblioteca digital online. Y, en la colección que ya alberga, la temática es “variada y diversa, como son los niños y las niñas”, según describe Medá, que detalla que depende mucho de las edades. Sin embargo, “hay pocos que hablen de la propia experiencia” y domina más la ficción. Una selección de ellos participará en una exposición itinerante por hospitales, en el marco del programa “Arte ambulatorio” de la ONG.

ACTIVIDAD DE CUENTOS COLECTIVOS DENTO DE LA INICIATIVA DE LA ONG CULTURA EN VENA.

ACTIVIDAD DE CUENTOS COLECTIVOS DENTO DE LA INICIATIVA DE LA ONG CULTURA EN VENA. / Marta G. Brea

Aunque la iniciativa estaba pensada para cuentos de producción individual, en el aula hospitalaria del Cunqueiro decidieron innovar un poco y crearlos de forma colectiva. Ya tienen la primera historia: “Ninja e a coroa do Rei”, que concluye de forma trágica. Su idea es hacer ahora un audiolibro, para los chicos con dificultades visuales.

Segundo cuento colectivo

La pasada semana comenzaron con el segundo. Lo primero que consensuaron fue la emoción que abordarían. Apostaron por el miedo y, de nuevo, por un final desafortunado. Cada uno tenía que dotar de personalidad a su muñeco. Empezó Iria, que era una lechuza, el animal más sabio del bosque. El pájaro Tres pelos de Hugo se enfrenta a ella cada noche... Y así, poco a poco, fueron entrando todos.

ACTIVIDAD DE CUENTOS COLECTIVOS DENTO DE LA INICIATIVA DE LA ONG CULTURA EN VENA.

ACTIVIDAD DE CUENTOS COLECTIVOS DENTO DE LA INICIATIVA DE LA ONG CULTURA EN VENA. / Marta G. Brea

“Na situación normal dunha aula ordinaria esto que fixemos é un paso previo arredor da creación dun conto. Un primeiro contacto para que perdan o medo e a vergoña a falar en público e, pouco a pouco, ir meténdose no papel e aportar ao grupo para crear o conto”, señala Amalia. Pero para ellos todo va más rápido. No saben quiénes estarán mañana. Seguramente, no serán los mismos. “Malia todo, conseguimos que se impliquen”, destaca. Por eso las profesoras –las presentes, además de Amalia, eran Zeltia Pino, Laura Solla y Chus Iglesias, un “bo equipo que sempre tira as actividades para que saian adiante”– necesitan importantes dosis de plasticidad y adaptabilidad a las circunstancias.

Ha sido poco más de una hora para la creación de este segundo cuento colectivo. Pero una hora muy intensa, en la que incluso las que no querían participar se olvidaron de ello. “¡Eh! Que tenía que acabar mal”, advierten. Es lo que tiene pasárselo bien, que te lleva sin darte cuenta a buscar el final feliz.