El IIM evalúa el microbioma de la piel del pulpo cultivado como indicador de bienestar

El grupo de Biotecnología Acuática presenta los primeros resultados de un proyecto con Pescanova que busca nuevos biomarcadores para garantizar la salud y el confort de los animales

Ejemplar de pulpo común en la Ría de Vigo.

Ejemplar de pulpo común en la Ría de Vigo. / Manuel E. Garci

Sandra Penelas

Sandra Penelas

Los esfuerzos de la comunidad científica han hecho posible que el cultivo comercial del pulpo esté muy cerca de ser una realidad y que además se garantice en todo momento el bienestar animal. El grupo de Biotecnología Acuática (Acuabiotec) del IIM-CSIC y el Pescanova Marine Center colaboran en un proyecto nacional que busca nuevos biomarcadores de salud y confort y que ya ha arrojado sus primeros resultados al demostrar la eficacia del microbioma de la piel como indicador.

Tradicionalmente, el indicador más utilizado para medir el estrés en animales era el grupo de hormonas corticosteroides, pero los moluscos carecen de ellas. Así que el grupo dirigido por Josep Rotllant apostó por el enfoque novedoso del microbioma –el conjunto de microorganismos vivos que habitan en un entorno determinado como la piel o el intestino, sus genes y las interacciones con el medio donde se encuentran–.

“La piel es la primera barrera de defensa del organismo y estudios recientes sugieren que su microbioma está relacionado con la salud del individuo. Con esta idea, lo que hicimos fue tomar muestras de diez pulpos salvajes y otros diez de piscifactoría para extraer el ADN microbiano y compararlo. Y esta primera aproximación nos indica que esta nueva herramienta se puede interpretar como bioindicador y que el entorno de cultivo garantiza el bienestar”, destaca María Saura, científica titular del CSIC e integrante del grupo Acuabiotec.

La genetista viguesa se incorporó este año al IIM tras una década de trabajo en el INIA de Madrid, que también pertenece al CSIC y con el que sigue colaborando. Allí participó en estudios de mejora genética de vacas, cerdos y ovejas, así como en proyectos europeos relacionados con rodaballo, lubina y otras especies de interés en acuicultura. Una de sus principales líneas de investigación es la resistencia a enfermedades y, más recientemente, la microbiota. De hecho, uno de sus últimos proyectos en el INIA relacionaba la microbiota vaginal de ovejas con su fertilidad.

Integrantes del grupo Acuabiotec del IIM-CSIC: de izquierda a derecha, Susana Otero, Laura Guerrero, María Saura y Carolina Costas.; y detrás, Luis Méndez, Daniel Costas y Josep Rotllant . |   // CEDIDA

Integrantes del grupo Acuabiotec del IIM-CSIC: de izquierda a derecha, Susana Otero, Laura Guerrero, María Saura y Carolina Costas.; y detrás, Luis Méndez, Daniel Costas y Josep Rotllant . | // CEDIDA / s. penelas

El grupo de Rotllant, con el que Saura ya trabajaba desde Madrid, se centra en dar respuesta a los retos de la acuicultura. Y la presentación de los resultados iniciales del proyecto con Pescanova ya les ha valido el primer premio audiovisual en el ForoAcui que se celebró en O Grove a principios de este mes. Además, están a punto de enviarlos a una revista científica para su publicación.

Los investigadores utilizaron la técnica de metabarcoding y el análisis bioinformático de las secuencias obtenidas para caracterizar y comparar las microbiotas de los pulpos salvajes y cultivados en cuanto a diversidad en su composición bacteriana y presencia o ausencia de patógenos.

“Son bastante similares, aunque la diversidad es mayor en las poblaciones naturales. Esto tiene su lógica porque el medio acuático de la piscifactoría está más controlado. Y también hemos visto que en los individuos de acuicultura no hay presencia de organismos patógenos a diferencia de los salvajes”, detalla Saura.

El proyecto, que está financiado por el Centro de Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI) del Ministerio de Ciencia, sigue en marcha para encontrar nuevos biomarcadores de estrés con herramientas ómicas –genómicas, metagenómicas y transcriptómicas– y “el objetivo último de respetar el bienestar animal”.

“Queremos ir un paso más allá y la idea es utilizar microRNA circulantes en la sangre. Son reguladores de la expresión genética, es decir, apagan o enciende genes y queremos compararlos en individuos salvajes y de piscifactoría para identificar qué genes se están activando o reprimiendo y poder inferir rutas metabólicas que nos ayuden a entender los mecanismos”, avanza Saura.

Presentación premiada en el ForoAcui

IIM-CSIC

La investigadora enfoca estos estudios desde la perspectiva de la conservación. De hecho, prevé solicitar un proyecto para analizar el estado genético de las poblaciones naturales de pulpo en Galicia para conocer su estado. “Cultivar el pulpo en piscifactoría es una manera de proteger las poblaciones naturales. Pero este mensaje todavía no ha calado en la sociedad y es algo que me preocupa. En 2050 seremos diez mil millones de personas y el hambre es uno de los principales problemas del planeta junto con el cambio climático y el acceso a los recursos. Todo está relacionado”, defiende.

Y gracias a la investigación, la seguridad y calidad de los productos procedentes de la acuicultura es elevada: “Quizás pueden ser inferiores las cualidades organolépticas, pero no las nutricionales, al contrario. Todo es mejorable pero se utilizan piensos de alta calidad y en las piscifactorías no existe el riesgo de los microplásticos ni los parásitos”.

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El grupo Acuabiotec trabaja con las principales especies de la acuicultura. Uno de los proyectos actuales liderados por Josep Rotllant, cuya línea es la genética funcional y aplicación de técnicas de alto valor añadido a los problemas de esta industria, está relacionado con la metamorfosis del rodaballo.

“Los peces planos nacen con simetría bilateral, pero pasan por una metamorfosis durante la que uno de sus ojos migra. La hipótesis es que mientras tiene lugar esa fase pierden la visión del ojo y después la recuperan. Es muy interesante conocer este mecanismo porque está relacionado con procesos regenerativos y podría tener una proyección en medicina”, subraya María Saura.

La estudiante predoctoral Laura Guerrero está desarrollando su tesis en el marco de este proyecto y el pasado septiembre recibió el premio a la mejor presentación en el congreso AIEC 2023.

El equipo también forma parte del Plan de Ciencias Marinas de Galicia, financiado con fondos Next Generation, y colabora con investigadores de la UVigo en un proyecto para alimentar a los rodaballos de acuicultura con descartes de la pesca de atún y lirio. La idea es analizar la microbiota intestinal para buscar diferencias entre los piensos y correlacionarlas con factores como el crecimiento.