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Faro de Vigo

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El IEO utiliza drones y analiza el ADN del mar para detectar cetáceos en el Atlántico

El centro vigués lidera la participación española en la campaña europea Scans-IV para estimar su abundancia

Dos ejemplares de delfín común avistados durante la campaña. Diego Fernández Fernández

Investigadores del Oceanográfico de Vigo lideran la participación española en la campaña Scans-IV, que estudia la distribución y abundancia de cetáceos de forma simultánea en aguas atlánticas de toda Europa, desde Noruega hasta el estrecho de Gibraltar. Además de las observaciones que se están realizando a bordo del Ramón Margalef durante todo el mes de julio, los expertos han volado por primera vez drones desde el buque y están recogiendo muestras de agua para analizar su ADN, además de desplegar un hidrófono de arrastre para detectar sonidos. Y en breve comenzarán los vuelos de observación a bordo de avionetas.

La campaña, que en nuestro país se despliega desde aguas gallegas hasta el Golfo de Vizcaya, también cuenta con la participación de expertos del IEO de Canarias y Murcia, así como del IIM-CSIC de Vigo. Y supone la continuación de las tres anteriores realizadas entre 1994 y 2016 para la observación de ballenas, delfines y marsopas, entre otras especies.

“Somos el único país que utiliza un barco oceanográfico para poder llegar hasta las 200 millas de Galicia. Las aguas más costeras, incluidas las del Golfo de Vizcaya, serán muestreadas desde avionetas a partir de la semana que viene o la primera de agosto”, avanza Camilo Saavedra, coordinador del grupo de Mamíferos Marinos del IEO y jefe de la primera parte de la campaña.

La iniciativa está financiada por el Ministerio para la Transición Ecológica, aunque también implica a otros proyectos en marcha como el europeo CetAMBICion, coordinado por el IIM para evaluar las capturas accidentales. “Scans-IV se enmarca en la Directiva Marco de las Estrategias Marinas y la idea es que se repita cada seis años para poder tomar medidas que ayuden a la conservación de los cetáceos”, añade Saavedra, cuya jefatura a bordo del Ramón Margalef ocupa desde esta semana el investigador del IEO Julio Valeiras.

“La observación visual tiene sus limitaciones. Hay especies muy esquivas o que son grandes buceadores como los zifios y el cachalote. Por eso nos apoyamos en la acústica pasiva y utilizamos hidrófonos, incluso de noche, para escuchar vocalizaciones de especies”, comenta.

Equipo de la primera parte de la campaña. Camilo Saavedra es el primero por la izquierda. Rafael Luis Méndez Peña

Los expertos del IEO también han grabado por primera vez desde drones algunos grupos de cetáceos: “Tienen sus limitaciones. Despegar y aterrizar desde un barco en movimiento es complejo, pero nos ayudan. Desde el barco es difícil estimar el tamaño de un grupo, pero las imágenes cenitales permiten incluso ver por transparencia los que no salen a la superficie”.

Y toda esta información la completarán con los análisis del ADN ambiental presente en las muestras de agua. “Es una metodología bastante nueva que utilizamos desde hace algo más de un año. Tiene sus dificultades porque los restos son ínfimos y hay que secuenciar y amplificar para después tratar de detectar e identificar especies de cetáceos. Pero es una línea de trabajo muy prometedora”, destaca.

Rorcual común fotografiado desde el "Ramón Margalef" Diego Fernández Fernández

Las estimaciones de la abundancia son más fiables cuantas más observaciones se realizan: “En esta campaña estamos muestreando una fracción muy pequeña que representa el 3% de la superficie marina y de ahí extrapolamos los datos. Son más fiables y robustos cuando tienes muchas observaciones, como en el caso del delfín común, pero hay especies que son muy difíciles de encontrar”.

Aún así, durante la primera parte de la campaña tuvieron la oportunidad de observar un ejemplar de la familia Kogiidae –cachalote enano y pigmeo–. No se encontraron, sin embargo, con ningún grupo de orcas, a pesar de que pasaron por Sálvora al día siguiente de su encuentro con una embarcación.

Y las especies que más observaron fueron el delfín común y el rorcual común, el segundo cetáceo más grande del mundo tras la ballena azul. “Hay indicios de que la población de rorcuales puede estar aumentando, aunque lentamente, tras la prohibición de la caza ballenera en el 86. Por suerte parece que hay esperanza”, subraya Saavedra.

Desafortunadamente, añade, no ocurre lo mismo con la marsopa o toniña, cuyo comportamiento esquivo dificulta su observación: “En los últimos años se han registrado muchos varamientos y capturas accidentales. Se estima que su población es inferior a 2.500 ejemplares en las Rías Baixas y el norte de Portugal, que es la zona de mayor abundancia. Ya hay organismos internacionales que propone medidas bastante restrictivas”.

Cambios en la distribución del delfín común por el cambio climático

Además de la marsopa, también la población atlántica del delfín común está amenazada. “Son las dos principales especies a destacar en este aspecto. Aunque hemos hecho muchas observaciones del delfín común, en los últimos años se han producido muchos varamientos con marcas de capturas accidentales en la costa oeste francesa. Todavía no se ha constatado si están afectando a las poblaciones a corto plazo, pero si se mantienen estos niveles desmesurados se prevén efectos muy significativos”, avanza Camilo Saavedra.

La campaña Scans-IV también aportará información muy útil para determinar los efectos del cambio climático sobre las diferentes especies de cetáceos: “Es uno de los aspectos que queremos averiguar, pero ya se ha comprobado que se han producido cambios en la distribución. En Galicia, la abundancia es alta a pesar de que hay muchas capturas accidentales. Y esto puede estar ocurriendo porque se están desplazando desde otras regiones por los cambios de temperatura en el agua”.

“En las dos campañas anteriores ya se observó un desplazamiento en el Mar del Norte de la marsopa. Se registraron movimientos desde Escocia hacia el sur siguiendo los movimientos de las presas que ingieren. Los cambios en los cetáceos irán detrás de lo que ocurra en los stocks pesqueros y no pesqueros que constituyen su alimento”, explica Saavedra.

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