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Josu de Solaun | Pianista

“Prokófiev quería desbordar las posibilidades sonoras del piano con esta pieza”

El músico interpreta hoy con la Real Filharmonía el “Concierto para piano y orquesta número 2” del autor ruso

El pianista Josu de Solaun.

Fruto de la colaboración con la Sociedad Filarmónica de Vigo, la Real Filharmonía de Galicia regresa hoy al Teatro Afundación (20 horas) bajo la batuta de su director titular y artístico, Paul Daniel. La formación se reencuentra con el pianista Josu de Solaun, con el que interpretará el Concierto par piano número 2 de Serguéi Prokófiev.

–¿Por qué dicen que es una pieza tan complicada?

–No es complicada, está escrita desde una especie de sentimiento maximalista. Prokófiev quería desbordar las posibilidades sonoras del instrumento, como cuando Jimi Hendrix inventó las distorsiones con los pedales porque quería sonidos nuevos. Está escrita intentando que el sonido del piano incluya una cantidad tan grande de color y de explosión de armónicos que es como estar ante una vista panorámica. La escribió cuando se suicidó su mejor amigo, que le dejó una nota. La hizo con una sensación de sufrimiento, pero muy grandioso y majestuoso. ¿Por qué es difícil? Porque exige del pianista crear una especie de lienzo sonoro a muy gran escala, como un mural. Tiene un solo en el primer tiempo para piano que dura 7 minutos. La orquesta deja de tocar y, literalmente, el piano está solo. Es una especie de alegoría del pianista como héroe frente a las tribulaciones de la vida. Es una obra de mucha fantasía. Un primer tiempo muy grandioso, con un gran sentido del sufrimiento. Un segundo, que es una especia de tocata muy virtuosa, que dura dos minutos sin parar, una alegoría de la velocidad: un viaje en tren o en trineo. El tercero es una especie de aquelarre sonoro, una danza macabra oscura y gótica con un toque siniestro. Lo compararon con el cuadro de “Saturno devorando a su hijo”, de Goya. El último tiempo es una tocata muy vertiginosa, con unos altos endiablados para el pianista y, de repente, la música para en seco y aparece una de las melodías más inspiradas de la historia: una nana ancestral, del folclore ruso, muy lenta, muy expresiva, como si la pieza quisiera encontrar consolación en algún tipo de ternura maternal. Termina en una ironía cacofónica.

–-¿Qué supone en su trayectoria? Porque la ha tocado bastante.

–-Me gusta mucho tocarla. Es un reto, pero sobre todo por la belleza de sus contornos. Es de una factura perfecta. Nosotros somos actores de sonidos, así que supone mi propio enfrentamiento con lo trágico, que como ser humano también lo he vivido. Tocándola uno sufre una especie de catarsis. Se cura. Es una obra con sobretonos muy personales. He tenido formación con una pianista rusa y me recuerda a mis clases con ella.

–-En Estados Unidos, ¿no? Tengo entendido que le marcó mucho.

–Viví 20 años en Nueva York. Tengo doble nacionalidad, pero en 2019 me asenté en España. Una de mis profesoras principales fue una pianista rusa y la música rusa la tengo metida en las venas.

–Fue una formación de contrastes con influencias de todo tipo.

–He tenido una formación muy ecléctica, con grandes profesores de piano, de música, de arte dramático… He tenido muchas experiencias con alumnos de los grandes profesores de arte dramático de EE UU, del método Stanislavski. Yo tenía que improvisar la música para sus clases. Me ha influido mucho. Tengo otra parte muy conectada con la vanguardia, también otra muy clásica. Todos somos una especie de teselado, de mosaico de muchas influencias.

–Está en un buen momento, con la nominación en los International Classical Music Awards (ICMA) por PanDEMCity.

–Sí. Lo gane el año pasado por otro disco [Fantasque] y me han vuelto a nominar, lo que es bastante raro. Muy sorprendido y muy agradecido. En él reflejo una faceta mía más experimental, que también la tengo. A veces hago recitales en los que compongo la música en el acto. Decidí grabarlo para mis archivos, se lo mandé a mi sello y me dijo: “Tienes que publicarlo”. Lo hice porque uno tiene que hacer cosas distintas y mi creatividad me lo pide, pero no tenía en mente que iba a ganar ningún premio.

-¿La pandemia es un buen momento para las grabaciones de música clásica?

-Sí, parece que la gente lee más, escucha más música porque pasa más tiempo en casa. Son actividades que te requieren más tiempo, más reflexividad y parece que están en auge. Por lo menos algo bueno tenemos que sacar de esto. 

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