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Un viaje oceánico (y espiritual) para llegar al Caribe en comuna

Los miembros de Spirebo a bordo del “Stahlratte”, el velero en el que viajarán. | // FOTOS: ALBA VILLAR

En la era de Internet, de la globalización, de lo instantáneo y la conectividad elevada a su enésima potencia, en la de los paseos con rover por Marte y el turismo aeroespacial, los oceános –al más puro estilo de los años de Barbanegra– sigue dejando sorpresas dignas de las mejores páginas de Stevenson. Una de ellas está amarrada ahora en el muelle de reparaciones de Bouzas. Allí descansa desde hace días a la espera de su próxima aventura el Stahlaratte, el velero que llegó a Vigo en junio con siete zapatistas a bordo. Su tripulación y cometido son ahora, eso sí, algo distintos: el barco se ha reconvertido en el hogar de Spirebo, una comunidad alternativa integrada en su mayoría por alemanes –aunque también incluye ciudadanos de Togo y Luxemburgo– que está poniendo a punto el navío para emprender una larga travesía que les llevará por el Atlántico hasta aguas del Caribe. El objetivo –explican Tamara y Matthias, portavoces– es completar una “expedición espiritual”.

Parte de la comunidad. |

Parte de la comunidad. | C. prego

“Queremos realizar un recorrido por el Atlántico y el Pacífico con el propósito de solucionar manipulaciones en los meridianos de la tierra. No se trata de los meridianos geográficos, sino de vías de energía naturales como en nuestro cuerpo. En la medicina china, por ejemplo, se conocen bien y se trabaja con ellos”, explica la comunidad durante una de las pocas pausas que se conceden estos días, volcados en pulir detalles, revisar el sistema mecánico y reformar el fotovoltaico para partir de Vigo en tres o cuatro semanas. La meta última, –incide Tamara– es lograr “un mundo mejor”. “Tenemos esperanzas”.

La travesía será exigente. Spirebo plantea partir de Vigo rumbo Portugal, bajar a Las Palmas, dirigirse desde allí a Cabo Verde y dar más tarde el salto al Caribe, donde recalarán varias semanas. Su siguiente destino será el Canal de Panamá. En total la comunidad espera alargar la expedición durante cerca de tres o cuatro años. A bordo del Stahlaratte viajará una peculiar tripulación, una gran “familia”, como se autodefine la comunidad, compuesta por 28 personas, incluidos media docena de niños. El mayor peina canas con 64 años; el más joven es un bebé de 12 meses.

La singladura arredraría a marineros experimentados, pero Spirebo presume de tener tablas en abrirse camino. Su labor empezó en 2006, en Alemania, continuó en Togo, donde desarrolló una intensa labor social hasta 2015, y prosiguió más tarde en Bulgaria. Allí, en los Balcanes, Mathias, Tamara y el resto de Spirebo, cultivaban la tierra, cuidaban de su propio ganado y vivían en una comuna autosuficiente. Hace un año decidieron escribir otro capítulo en su historia y dejar aquello atrás: lo vendieron todo y financiaron la expedición que están a punto de iniciar ahora en el Stahlratte, barco que escogieron por una de sus peculiaridades: es metálico, clave –comenta Tamara– para la misión espiritual. “Era necesario para transmitir las vibraciones necesarias”. La expedición la dirigirá Hans Jürgen Hummes, naturalista con más de dos décadas de experiencia. Para completar los costes, la comunidad acepta aportaciones a través de la web save-sailships.com.

Puesta a punto en la ría

Antes de que Spirebo se pusiese a pulir detalles, el Stahlratte pasó por un astillero de Meira y Cardama. La nave la dirigirán dos miembros de la familia que se formaron como capitanes en el último año. De momento tienen la guía de su antiguo patrón.

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