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Con muchas dudas y pocas reservas: así vuelven las cenas a los restaurantes

Mesas en el exterior de un restaurante de la Alameda

Mesas en el exterior de un restaurante de la Alameda Marta G. Brea

Muchas dudas y pocas reservas. Es la frase que resume la situación que vivió la hostelería viguesa ayer, jornada previa a la entrada en vigor del alivio de las restricciones anunciadas por el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. Desde hoy, los restaurantes podrán abrir hasta las 23.00 horas tras más de cinco meses sin hacerlo, pero con aforos –50% en el interior y 75% en la terraza– y nuevas condiciones: tener licencia de actividad como tal, funcionar con cita previa, conservar un registro de clientes y, desde el 23 de abril, garantizar la calidad del aire con medidores de CO2. Son estos requisitos los que generan malestar en el sector, que considera que vuelve a estar “en el punto de mira”, y le provocan incertidumbre, palabra a la que los profesionales ya se han acostumbrado.

Terraza de un restaurante situado en el entorno de la Alameda Marta G. Brea

Javier Alfonso Pérez, propietario del Mesón Compostela, ubicado en la Alameda, aseguraba minutos antes de empezar a servir las comidas que todavía no tenía reservas para la noche de hoy –a la tarde, sí llamaron clientes para reservar en la terraza– y desconocía si podría empezar a servir cenas. “Tendré que leer el DOG y estudiar bien las condiciones para valorar si nos interesa abrir hasta las 11 de la noche. Nuestra licencia es de mesón-jamonería, entonces, no sé si entramos en el grupo de restaurantes. Estoy intentando informarme en la gestoría, a la espera”, aseguraba antes de destacar que, en todo caso, ya había echado un ojo a medidores de CO2: “Es un cachondeo que nos los exijan. Nos están tomando el pelo”.

“En primavera, con los días tan largos, no sé si la gente querrá cenar tan pronto. Hay incertidumbre”

David Otero - Taberna O'Xe

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También mostraba dudas David Otero, uno de los responsables de la taberna O’Xe, en Teis. “Pensaba que se podría empezar a trabajar con cenas el sábado, no el viernes. Entonces, abriremos ya mañana [por hoy], a ver cómo va la cosa; de momento, no nos han llamado para reservar. Si vemos que no funciona, seguiremos limitando el horario a las comidas, en las que trabajamos bastante bien”, explicaba. Desconoce si la gente se animará a cenar en restaurantes teniendo en cuenta que el toque de queda es a las 23.00 horas. “En primavera, con los días tan largos, no sé si la gente querrá cenar tan pronto. Hay incertidumbre”.

Christopher Flores, copropietario del restaurante O Rincón, en la céntrica calle Manuel Núñez, tampoco había recibido llamadas para reservar mesas a la hora de cenar. “Hay ilusión, pero, en mi caso, contenida, ya que no tengo terraza y, en el interior, solo puedo trabajar al 50%”, anotaba. Desde el restaurante Celme Galego, mismo panorama: “Sí abriremos, pero sin los medidores: no nos ha dado tiempo a conseguirlos. Creemos que las reservas se harán más mañana [por hoy]”.

“Con las restricciones de movilidad, cenar fuera es un buen plan de ocio”

Carlos Rodal - The Othilio Bar y Melitón Bocadillerías

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Mejor situación describía Carlos Rodal, propietario de Melitón Bocadillerías y The Othilio Bar, poco antes de empezar a sentarse los clientes para comer. En ambos locales, ya había reservas para cenar tanto hoy como mañana. “Con las restricciones de movilidad, cenar fuera es un buen plan de ocio”, manifestaba.

“Estamos ya quemados por todo lo que hemos vivido. Que nos exijan usar medidores de CO2... Eso supone gastar más dinero. Llevamos una temporada abiertos con medidas que, al parecer, según el criterio de la Xunta, no debieron de servir para nada, porque ponen todavía más. Es una película. No queda otra que aceptar las normas para poder abrir. Vamos por el desierto y nos encontramos un vaso de agua, ¿qué vamos a hacer? Pues cogerlo”, zanjaba.

“Satisfacción” en el gremio

El presidente de la Federación Provincial de Hostelería (Feprohos), César Sánchez-Ballesteros, asegura que el sector está “satisfecho” con la posibilidad de que los restaurantes puedan servir cenas, puesto que esta novedad “era uno de los compromisos de la Xunta si la situación sanitaria lo permitía”. “Es un síntoma de vuelta a la normalidad. No sabemos cuántos locales de los que no han abierto en estos meses se decidirán por levantar de nuevo la persiana, pero seguro que saldrán muchas personas del ERTE. Esperaremos unos días para saber con concreción el dato. Es un pistoletazo de salida, eso está claro”, resume.

Por su parte, Rubén Pérez, el presidente de la Asociación de Comerciantes y Hosteleros Zona Náutico, que agrupa a establecimientos de los entornos de la Praza de Compostela, Casco Vello, Rosalía de Castro y Náutico, lamenta que a los restaurantes se les obligue a usar medidores de CO2 y no a las grandes superficies comerciales, “donde se han visto aglomeraciones de gente”, o a los gimnasios. “Una parte importante de la hostelería seguirá cerrando a las 9 de la noche; mientras, las alas de juegos o los gimnasios podrán seguir hasta las 11. Seguimos en el punto de mira cuando está más que demostrado que no somos los culpables”, apunta.

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