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Ramadán con ayuno, toque de queda y vacunas

La mezquita viguesa de Gregorio Espino reparte comida entre los necesitados al finalizar el primer día del ayuno

Varios hombres realizan la primera oración en la mezquita tras la puesta de sol.

Varios hombres realizan la primera oración en la mezquita tras la puesta de sol. Marta G. Brea

Casi tres mil musulmanes asentados en Vigo y su área comenzaron ayer el Ramadán, un mes de ayuno y oración al que se suman dos mil millones de fieles en todo el mundo, excepto en Marruecos donde el creciente lunar marca para hoy el inicio de la fiesta sagrada al estar más al Oeste. Después de un año de restricciones por la pandemia, los musulmanes podrán celebrar el culto islámico en las mezquitas, que ya están abiertas, pero con las precauciones y medidas de seguridad por la pandemia del COVID-19.

La gran celebración religiosa musulmana se ve afectada también por el toque de queda, lo que impide a los fieles vigueses compartir mesa y viandas en la mezquita de Gregorio Espino al caer el sol y celebrar juntos el último rezo de la noche, como es tradición, una vez pasadas las 22.00 horas.

La celebración coincide también este año con la campaña de vacunación, que no se interrumpe. Las autoridades religiosas musulmanas consideran que el suero no aporta ningún nutriente y, por tanto, es compatible con el ayuno. Todos los que quieran pueden vacunarse sin incumplir la norma. Algo que también se aplica en caso de urgencia médica a la anestesia.

Comedor social

Ayer fue el primer día del mes de ayuno. Antes de la puesta del sol que marca el momento de poder realizar la primera ingesta del día, en la mezquita de la Avenida de Gregorio Espino, se realizó el tradicional reparto de comida para que quienes menos tienen puedan disfrutar las viandas en su casa. La tradición manda compartir la comida, pero las restricciones de la pandemia impiden las habituales y multitudinarias reuniones.

Antes de rezar toman los primeros alimentos: dátiles y leche. Marta G. Brea

La nueva mezquita de Vigo, inaugurada el pasado mes de septiembre, agrupa a la concentración más importante de musulmanes de la provincia de Pontevedra y atrae a fieles de Cangas o de Nigrán, explica Abdel Uzairi, portavoz del Centro Cultural Islámico de Vigo. Como ejemplo de su importancia, resaltar que el imán egipcio Abaerrahman se ha asentado en la ciudad y da servicio desde hace cuatro años a las necesidades de la comunidad musulmana.

“Se trata de hacer inventario personal y corregir errores”, explica Abdel Uzairi

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El Ramadán comenzó con el reparto de comida a los más necesitados. Unos 2.500 menús se repartirán durante las fiestas. Antes se habilitaba un comedor social, explica Uzairi, pero ahora se distribuyen menús completos para que la gente rompa el ayuno en su casa: un plato principal con sopa, huevos, pollo o pescado, fruta, dulces, pan y queso. Cada día, apostilla, una familia musulmana cocina de forma voluntaria para los más necesitados

Mejores personas

El ayuno, explica el portavoz del Centro Islámico de Vigo, “no es para castigar el cuerpo ni debilitarlo, sino todo lo contrario”. Apostilla que el Ramadán no es solo dejar de comer y de beber, durante el día, sino controlar lo que sale de la boca: insultos e ira. “El mensaje final del Ramadán es hacer de nosotros mejores seres humanos. Se trata de hacer inventario personal, los creyentes recargamos pilas y corregimos equivocaciones. Antes del Ramadán hay que pedir perdón a todos aquellos con quienes estás enfadado, sean familiares o amigos sino no sirve”, advierte.

Uno de los asistentes muestra dos libros del Corán, uno en español. Marta G. Brea

Dulces hechos con miel, nueces y frutos secos como chebakia, sable, kaeb, sol de naranja y rechbond de coco o panes como hasrcha, begris y batbort esperaban anoche en las mesas familiares la caída del sol, pero también muchos dátiles. Y es que las 17 horas de ayuno no deben romperse con un “atracón”, sino con suavidad: unos dátiles o un té con dulces un rato ante de la cena familiar donde los padres explican a los niños qué es el Ramadán.

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