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Xabier, el niño que nació cuando la pandemia llegó a Vigo

Patricia Prieto, con su hijo Xabier en Tomiño.

Patricia Prieto, con su hijo Xabier en Tomiño. Alba Villar

Muchos recordarán el 5 de marzo de 2020 como el día que la pandemia llegó al área sanitaria de Vigo. El Cunqueiro confirmó el primer contagio por COVID ese día, el de un hombre de Moaña. Pero no solo el coronavirus llegó ese día. También lo hizo Xabier Comesaña Prieto. Fue uno de los primeros bebés nacidos en esos convulsos tiempos. No fue una fecha espontánea, sino que el parto estaba planificado para ese día desde hacía tiempo: la madre, Patricia Prieto, había sido operada de la cadera, donde le pusieron una prótesis, y el 5 de marzo tenía la cesárea programada en Povisa.

“A las 15.00 horas me subieron a una habitación y a las 18.30 me llevaron a quirófano. Luego estuve en reanimación ya con el niño y el padre. Estábamos centrados en lo maravilloso que nos estaba pasando y completamente ajenos a lo que sucedía alrededor”, recuerda. El niño nació totalmente sano, sin COVID, y no fue hasta los días siguientes, que comenzaron a llegar las visitas de familiares, cuando Patricia empezó a darse cuenta de lo que estaba pasando fuera de la burbuja en la que estaba con su bebé.

“Cuando salimos del hospital ya teníamos gente conocida que estaba contagiada por coronavirus y había mucha incertidumbre”, recuerda. Todo lo que empezó a partir de ahí marcó los siguientes meses de esta familia residente en Tomiño. Porque a los diez días de tener al niño el Gobierno decretó el confinamiento general de la población, algo que marcaría profundamente el primer año del bebé y también de los padres. “Es una auténtica locura tener estar encerrada en casa criando a un bebé recién nacido, viendo cómo nadie te puede ayudar. Mi pareja es autónomo y tenía que trabajar, así que estaba yo sola con Xabier. Fueron momentos muy difíciles”, recuerda. Para intentar comprender lo que estaba sucediendo, buscó apoyo en grupos de Facebook de madres primerizas que también estaban en una situación parecida a la suya: criando a su hijo en una pandemia mundial, sin poder salir de casa y sin recibir ayuda de ningún tiempo. “Si hubiese tenido experiencia previa, a lo mejor hubiera sido diferente. Pero nunca había sido madre”, recuerda.

Patricia Prieto y su hijo Xabier. Alba Villar

Las consecuencias del confinamiento hicieron mella en el bebé recién nacido. Era muy introvertido y le costaba socializar. Cuando comenzó la desescalada, para intentar solucionar esa introspección causada por el encierro, Patricia matriculó a su hijo en una guardería de Tomiño a la que iba dos veces por semana, para que estuviera en contacto con otros pequeños. Pero lo cierto es que su primer año de vida, reconoce su madre, “ha sido un año robado”. Porque los padres prefieren no exponer a su hijo al virus hasta que la pandemia llegue a su fin o al menos esté controlada. “No sabe lo que es un parque. Nosotros vivimos en un piso en el centro y tenemos una finca a cinco minutos. A veces vamos hasta allí. Unos familiares le van a comprar un columpio para que empiece a jugar al aire libre en esa finca. Y en los paseos que damos por la calle Xabier alucina cuando ve a otros niños”, relata la madre.

Problemas de sueño

Otro de los problemas que el confinamiento causó en el bebé recién nacido tiene que ver con el sueño. Durante esos meses de encierro total, la madre recuerda cómo el edificio en el que vivían estaba sumido en un silencio sepulcral y no llegaba ningún ruido de la calle. “El niño se acostumbró a dormir con ese silencio total, sin ningún sonido”, recuerda. Y cuando comenzó la desescalada y empezaron a llegar los ruidos, a Xabier le costó mucho dormir, porque le molestaban todo tipo de sonidos. Para acostumbrarlo a la nueva realidad, Patricia dejaba la televisión puesta de fondo para que el pequeño no dependiese del silencio para poder coger el sueño.

“Fue una situación en la que hubo muchos bajones, que te puede psicológicamente y te derrumba, pero al ver al niño sigues adelante y hemos logrado superar las dificultades”, narra esta madre primeriza que previamente había tenido un aborto.

Ahora, un año después, Xabier celebró su primer cumpleaños y Patricia recuerda el parto en Povisa “en el que no hubo ninguna complicación, nos hicieron sentir mucho cariño desde el inicio y nos mantuvieron aisladas de lo que estaba pasando ya fuera, con el COVID. La ginecóloga Silvia Atán nos atendió genial”, recuerda. Su embarazo, sin embargo, fue complicado, porque se cayó en la cocina y se rompió la cadera, lo que le llevó a tener que operarse y a afrontar un parto mediante cesárea.

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