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El poeta que se inspira en el mar

El chapuzón polar del poeta Antonio García Teijeiro Ricardo Grobas

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El chapuzón polar del poeta Antonio García Teijeiro Ágatha de Santos

El primer recuerdo que tiene de su niñez es en Samil, cuando, siendo muy pequeño, su padre le enseñaba a nadar y él vencía el miedo inicial al mar. Allí estaba, contemplando las islas Cíes cuando le llamaron para comunicarle que había recibido el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. El título de la obra que le hizo merecedor de este prestigioso galardón también rezumaba olor a sal: “Poemar o mar”. “El mar, Samil, forma parte de la cartografía de mi vida”, reconoce el escritor y poeta Antonio García Teijeiro (Vigo, 1952).

El océano Atlántico es para él fuente de inspiración y de renovación. En sus aguas se baña de forma asidua durante todo el año, independientemente de su estación, desde hace siete años, una costumbre que solo rompió, por imperativo legal, durante el confinamiento. “Casi es lo peor que llevé. Durante esos meses fui, además, incapaz de escribir nada excepto un par de artículos”, reconoce el poeta, que ayer se dio el primer baño de este 2021 en Samil, una playa por la que siente auténtica pasión.

Sumergirse en sus aguas es para él una necesidad. “Para mí, bañarme no responde a una tradición, sino que es una necesidad vital, y no solo física; también emocional y afectiva”, explica. Es, además, una costumbre que se traslada a sus escritos. “Me gusta contemplar el mar y dialogar con él y esto, además, se refleja en mi obra literaria”, añade.

De hecho, tres de sus poemas los concibió mientras se bañaba en Samil. “Cuando salí, se los dicté a mi mujer, que a veces me acompaña, aunque sin bañarse, para que los escribiera en el móvil, ya que ella es más rápida que yo escribiendo en el ordenador y en el teléfono”, explica.

Antonio García Teijeiro, en la playa de Samil. | // RICARDO GROBAS

Que un poemario dedicado al mar le diera el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 2017, fue para él un sueño cumplido. “Cuando conocí a Rafael Alberti le comenté que era un apasionado del mar y que me había encantado que hubiese ganado el Premio Nacional con ‘Marinero en tierra’, un libro sobre el mar y sobre su traslado desde el Puerto de Santa María a Madrid, lo que le impedía ver el mar. Y en una ocasión le comenté: ‘Ya me gustaría a mí ser el poeta del mar’. Y con el paso del tiempo obtuve el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil con un libro dedicado al mar. Se cumplió un deseo que nunca pensé que tuviera la oportunidad de ver cumplido”, señala.

Reconoce García Teijeiro que no sería muy feliz en una ciudad que no tuviese mar. “Es algo que llevo tallado en mi esencia –reconoce–. Además, el mar de Vigo, con las Cíes de fondo, es espectacular”.

Le gusta, asegura, el mar en todas sus facetas. “Hay muchos tipos de mar, y yo reconozco que soy de aguas frías –comenta–. Bañarme en el Mediterráneo no me gusta”.

Tal vez por eso, ni las temperaturas frías que se están registrando estos días le impiden acudir, puntual, a su cita con el océano, aunque reconoce que su estación favorita es la primavera. Solo necesita que se cumpla un requisito para enfundarse el bañador: que luzca el sol, aunque esto no quiere decir que no se haya bañado alguna que otra mañana en la que las nubes hubiesen terminado encapotando el cielo. “Después de bañarme, salgo feliz, me siento renovado”, sostiene.

Y renovado se sintió ayer tras el primer baño de este 2021. Reconoce que el agua estaba más fría de lo habitual, aunque matiza que ha tenido baños más fríos el pasado diciembre. Sin embargo, el cambio de temperatura al salir apenas se aprecia. Este es más patente al entrar, asegura. “Yo me meto de forma gradual, con ‘sentidiño’ porque al mar hay que tenerle mucho respeto”, explica el escritor, inmerso en varios poemas para niños y en un poemario para adultos.

El baño en Samil –o los baños, porque se sumerge en varias ocasiones– es uno de los momentos más gratificantes para García Teijeiro, algo casi espiritual. Es su momento íntimo, en el que se deja acunar por las olas y sueña poemas que suenan a espuma de mar.

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