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Los pacientes de las noches en vela

Media vida con falta de sueño

Lara San Miguel lleva quince años sin dormir más de cinco horas al día y nunca del tirón - Le acaban de diagnosticar apnea del sueño

Una trabajadora de Povisa coloca a Lara sensores para hacer una prueba del sueño. // José Lores

Una trabajadora de Povisa coloca a Lara sensores para hacer una prueba del sueño. // José Lores

Lara San Miguel tiene 29 años y no recuerda haber dormido nunca cinco horas del tirón. Desde los 14 padece insomnio. Durante estos quince años solo ha logrado conciliar el sueño una media de entre 3 y 4 horas al día y siempre a trompicones. Un trastorno que la ha condenado a una vida de cansancio y le ha llevado de especialista en especialista. Hace unos meses le diagnosticaron síndrome de apnea del sueño leve. Al fin, empieza a saber lo que es un descanso reparador.

Cuando Lara empezó a tener problemas para dormir, en la familia lo atribuyeron a la difícil etapa de la adolescencia y sus hormonas. Le empezaron a dar importancia cuando vieron que los trastornos persistían. "La cosa se fue poniendo más seria y en una semana podía dormir solo 5 o 6 horas", recuerda. No tiene grandes problemas para conciliar el sueño, pero no es capaz de mantenerlo mucho tiempo. En seguida comenzó a repercutir en su día a día. "Llegaba al colegio con mal carácter, malas contestaciones, llantos...", relata.

Fue entonces cuando acudió por primera vez a la consulta de su médico de familia para plantearle el problema. "Me recetó un antidepresivo y no me ayudó para nada, era como si no me tomara nada", reprocha. Recurrió a un psicólogo, sobre los 18 años, que siguió por la misma vía. "Me dio ansiolíticos y antidepresivos, pero yo no tenía ansiedad ni depresión". Después de un tiempo, fue el propio profesional el que le dijo que no podía hacer nada por ella. "No sabía lo que me sucedía", cuenta.

Entonces, probó a hacer ejercicio para cansarse, pero "tampoco sirvió de nada". También fracasó un primer psiquiatra. Y vuelta al médico de familia. Y de nuevo a la consulta de Psiquiatría. Este especialista le dedicó más tiempo y se esforzaron con la higiene del sueño, que consiste en seguir una serie de pautas para favorecerlo. Después de tanto tiempo, Lara ya las seguía prácticamente todas. Volvieron a echar mano de las pastillas...

Una tortura infinita hasta que Lara se plantó y pidió "por favor" que le hicieran un estudio del sueño. Ella sabía que existía esa prueba desde los 19, cuando la descubrió buscando información sobre sus problemas. Sin embargo, no se la realizaron hasta los 29. "

En el Servicio de Neurofisiología de Povisa le realizaron una polisomnografía. Su responsable, la doctora Aránzazu García, explica que los pacientes acuden a dormir al hospital y le realizan un registro nocturno de una serie de variables. Se colocan sensores para controlar movimientos oculares, extremidades, el tono muscular y el encefalograma, para estudiar las fases del sueño.

Le diagnosticaron un síndrome de apnea leve. Se trata de un trastorno común en donde la respiración se interrumpe o se hace muy superficial. Lo padecen el 4% de la población adulta y entre sus causas más comunes está la obesidad y el tabaquismo. Desconocen cuál es la causa en el caso de Lara.

El insomnio no es una enfermedad, sino un síntoma de otro problema. Y el síndrome de apnea del sueño sería una de las múltiples causas que lo pueden provocar. En este caso sería "insomnio secundario, por obstrucción de vías respiratorias altas", según explica el doctor Jacinto Mosquera. "En el momento en que dejo de respirar y me falta ese aire, me despierto y no llego a la fase REM", explica Lara.

A veces se soluciona, simplemente, bajando de peso o dejando de fumar. Otras, se recurre a un dispositivo de presión positiva continua en las vías aéreas -llamado CPAP, por sus siglas en inglés-. Se trata de un ventilador conectado a una mascarilla que utiliza la presión de aire para empujar la lengua hacia adelante y abrir la garganta venciendo las resistencias que cortan la respiración. Lara lleva dos meses con ella ya duerme cinco horas, aunque aún no del tirón. "Al principio no aguantas mucho con ella, hay que adaptarse a la máquina, pero el tiempo que estoy con ella sí que noto que el sueño es reparador y me alivia".

También lo hace conocer la causa de sus problemas para dormir. "Conocer lo que me pasa supuso una liberación; saber que no es nada psicológico", destaca y señala que le llegaron a decir que tenía un Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Reclama que no se espere tanto para hacer una prueba del sueño. "No pueden aguardar hasta que el paciente se desespera", critica y añade: "el médico de familia tiene que saber que esto puede pasar y, si no funciona el psicólogo y las otras cosas, que no te abandone, que te pida el estudio para que no tarden tanto los diagnósticos".

Está convencida de que todos estos años de cansancio y, por tanto, irritabilidad, le afectaron al carácter. "Sí que se ve un cambio, de ser una niña muy tranquila y alegre a no serlo tanto, a perder más la paciencia y llorar por cualquier cosa", sostiene. También cree que pudo afectar a su rendimiento. "No seguía adelante con los estudios porque estoy todo el día agotada y mi mente no está fresca para retener". "Aunque no soy infeliz, más descansada, mi vida habría sido de otras manera".

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