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Mil metros de viaje submarino

Despliegue realizado por Salvamento Marítimo ante el naufragio del Mar de Marín, en Vigo en 2014. | // SALVAMENTO

La historia de la costa gallega se escribe a golpe de naufragios y accidentes. Entre los buques varados más peligrosos de los últimos años, destaca el Ostedijk. El 17 de febrero de 2007, las 6.000 toneladas de fertilizantes NPK triple 15 que transportaba empezaron a descomponerse a unas 16 millas de Viveiro.

“¿Recuerdan la gravísima explosión de Beirut por la combustión de casi 3.000 toneladas de fertilizantes –nitrato de amonio–? Pues el Ostedijk tenía más del doble. Salvamento Marítimo se encargó de la operación con enfriamiento de la carga para frenar esa reacción en cadena”, explica Marcos Riestra. Este asturiano ejerce de técnico superior de Operaciones Especiales en la Base Estratégica de Salvamento y Lucha contra la Contaminación Marina de A Coruña, ubicada en Fene y perteneciente a Salvamento Marítimo. Se cumplen diez años desde la creación de estas instalaciones en Vilar do Colo, aunque la base como tal funciona desde 2002.

Marcos Riestra. | // SASEMAR

Primero operó en A Coruña como respuesta al Prestige y después llegó a este polígono, tras pasar por Navantia. Sus misiones consisten en el rescate de buques de pesca y mercantes, recuperación de pecios, búsqueda de fallecidos y, por supuesto, la lucha contra la contaminación. En sus instalaciones, las únicas de España creadas a propósito para este fin, se encuentran las máquinas de extracción del hidrocarburos del pecio del Prestige. Y Riestra reflexiona: “Aquella operación fue única en el mundo, no se hizo algo similar ni antes ni después... si se realizase en Estados Unidos, harían tres películas y un documental de National Geographic”.

Según Salvamento, esta base, desde la que operan 16 hombres, ha intervenido en más de 100 emergencias. Una de sus joyas es el robot submarino Comanche-ROV de control remoto. Puede bajar a 1.000 metros de profundidad e inspeccionar los fondos o los pecios. Pesa dos toneladas y nació en 2007. “Otros países contratan a empresas privadas, pero solo España tiene un robot como Comanche de propiedad pública”, enfatiza Riestra.

Cuatro camiones para movilizar el equipo

En caso de emergencia, la base moviliza un mínimo de cuatro trailers: el robot con su garaje, un contenedor con la sala de control del robot, los talleres, la campana húmeda o submarina con los equipos de buceo, y la cámara hiperbárica. Todo se puede montar sobre un buque como el Clara Campoamor, con base en Cartagena. Porque el equipo de Fene está disponible las 24 horas para cualquier emergencia en la costa española, salvo Canarias.

“Nosotros no salvamos vidas, pero sí que inspeccionamos buques hundidos, recuperamos sus restos y los cuerpos atrapados, y minimizamos los desastres que causan contaminación”, explica Riestra.

Estos equipos han intervenido en operativos como el hundimiento del Mar de Marín, la fermentación del Ostedijk, o el control del Blue Star en la ría de Ares. Pero en la mente de todos sigue el Prestige. Se realizó una operación de extracción a 4.000 metros de profundidad a los dos años del hundimiento: “Fue única en el mundo aunque no se trasladó su importancia a la opinión pública... incluso a pesar de la cultura marítima gallega, muchos aún discuten que hay hidrocarburos dentro”. Empresas privadas participantes en el proceso lo incluyen en sus catálogos y en sus webs, incluso Repsol YPF aplicó “la lección aprendida del Prestige” a la explotación de pozos de petróleo en Argentina.

Sin precedentes

¿Qué ocurriría hoy en día ante un accidente similar? “Probablemente no pase otro Prestige nunca y si pasa no ocurriría lo mismo, habría igual una gran contaminación pero se minimizaría todo lo posible porque nuestros medios son punteros a nivel mundial”, explica el técnico. “Ningún otro país logró bajar a 4.000 metros para una extracción similar, pero de todos modos enfrentarte con el mar puede ser frustrante”, añade.

En la base se almacenan y mantienen las barreras anticontaminación: cada una tiene un largo de 300 metros y 2,2 de altura. En total, para Galicia hay 15 kilómetros de barreras –en España son 60–. “Pero no hay medio en el mundo que pueda proteger toda la costa, el mar puede mover los bloques de Punta Langosteira así que imagínate lo que hace con unas barreras que no pueden frenar olas de más de dos metros de altura... o en caso de que rompa un barco”.

Pecio de la Guerra Civil

En el rescate de pecios o cuerpos, este equipo ha llegado a intervenir en la extracción de un buque de carga hundido durante la Guerra Civil (en 1937) ante el Parque Natural de Columbretes (Baleares). Torpedeado por un submarino italiano, llevaba 500 toneladas de hidrocarburos y el personal de Fene las extrajo a 90 metros de profundidad. El papel del robot Comanche resulta determinante, incluso solicitado por la Comisión Permanente de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos. Si va solo el robot, puede transportarse en el buque Don Inda de Salvamento. Pero con toda la equipación de buceo se lleva sobre el Clara Campoamor. Hay excepciones: en el hundimiento del Mar de Marín en la ría de Vigo (2014) se montó todo sobre el Sar Gavia.

Una vez a bordo del barco en el lugar del accidente, el robot Comanche es controlado en remoto desde la cubierta por seis técnicos. Cuenta con cámaras móviles y brazos de trabajo para operar a 1.000 metros de profundidad. Y puede realizar trabajos tan delicados en las redes como desenganchar cuerpos: “Es como enhebrar una aguja con un ojo tapado”.

Medios

Las operaciones de buceo se limitan a 90 metros, “no hay otro organismo con esta capacidad”. Y en la campana húmeda bajan tres buzos con suministro extra de oxígeno, comunicaciones y agua caliente para mantener la temperatura: todo esto se proporciona desde el buque a través del umbilical, una serie de cables o “línea de vida”. “Los buzos trabajan más tranquilos en su interior y más centrados; la política de Salvamento es que hay que cumplir el máximo estándar de seguridad y no empeorar la situación asumiendo más riesgos”.

Otro papel determinante juega la cámara hiperbárica, que viaja en su contenedor. Funciona como medida de seguridad en caso de accidente de los buceadores. “A unas profundidades, el buceador realiza su trabajo con una saturación y necesita un proceso de adaptación para salir poco a poco a superficie... pero si ocurre un accidente hay que sacarlo rápidamente sin dicha adaptación”, explica la base. Ya en el exterior se mete en la hiperbárica para respirar oxígeno puro en un ambiente presurizado y con control médico.

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