Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El método de los emigrantes de un pueblo llamado Avión

Alberto Dacasa, uno de los grandes empresarios mexicanos de origen gallego que cada verano se reúnen en este concello ourensano, relata las claves de su camino hacia el éxito, que ha reflejado en un libro titulado “El Método Avión”

El empresario Alberto Dacasa

Alberto Dacasa (México D. F. , 1973) vive entre dos países, dos continentes… y, sobre todo en el corazón, dos patrias. Es la viva imagen del empresario triunfador, descendiente de unos gallegos que empezaron a emigrar a finales del siglo XIX a México, donde crecieron tres generaciones de su familia (la de sus hijos cumple la cuarta).

Pero cada verano, visita y disfruta de unos días en el concello ourensano de Avión, donde su apellido es de los más prolíficos. Uno pregunta allí por Alberto Dacasa y la respuesta es inmediata: “¿Qué Alberto? ¿Cuál de los Dacasa? Aquí hay muchos”.

En Avión, además de confraternizar con sus parientes, se reúne con otros grandes empresarios mexicanos con raíces gallegas que han hecho famosa esta localidad, la más “millonaria” de Galicia y una especie de centro neurálgico de la economía mundial durante los meses de agosto. Hay quien pagaría por saber de qué hablan, qué asuntos tratan, tantos ricos juntos.

  • Los exiliados republicanos, apoyados por el Gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, encontraron a una ya consolidada emigración que, en general, los recibió con los brazos abiertos

¿Que por qué tan pequeño recuncho se ha convertido en enclave de cita habitual de tantas fortunas? En parte, lo explica en un libro escrito por él mismo, significativamente titulado “El método Avión”: “Todos los que salieron de Avión, y hay que remontarse a muchos años atrás- relata- lo hicieron por pura necesidad. Afrontaron un sueño, que era el de salir de la pobreza, del hambre (mi padre decía que su mejor regalo había sido un chorizo en su cumpleaños) y la única solución que tenían era embarcarse en uno de aquellos trasatlánticos que tardaban un mes en cruzar el charco. Eran consciente de que tenían que empezar a trabajar en cualquier cosa, así que en principio se conformaban con un empleo que les proporcionase ingresos para comer y tener alojamiento propio. ¡Ya vendrían los buenos tiempos!”

— Eran ambiciosos.

— No sé si esa es la palabra exacta. Más bien diría que, para ellos, el fracaso no era una opción. Partían de Galicia dejando a deber incluso el precio del billete del barco, que casi siempre era un préstamo de sus vecinos. Y tenían muy claro que ya no existía la vuelta atrás.

"Para ellos, el fracaso no era una opción. Partían de Galicia dejando a deber hasta el precio del billete del barco Y tenían claro que ya no había vuelta atrás"

decoration

Resultó que bastantes de aquellos emigrantes no solo sobrevivieron, si no que prosperaron. ¡Vaya si lo hicieron! “Además de trabajar en sus empleos, los fines de semana los dedicaban a vender artículos puerta a puerta, artículos baratos para gente humilde: mantas, jabones, cacharros de cocina, todo tipo de enseres… lo que hiciera falta”. Así consiguieron sus primeros ahorros, y con ellos montaron sus primeros negocios, muy modestos. “Cuando se encontraban -prosigue Dacasa- se animaban unos a otros y se ayudaban entre sí. Fundaron las primeras sociedades empresariales y, entre ellos, la palabra valía más que cualquier otro documento. De hecho, entre nosotros aún hoy es así. ¿Qué puede valer más que estrechar las manos para sellar un trato de hombres honrados?”.

Foto familiar con su padre, su madre y sus hermanos

El bisabuelo de Alberto, Domingo Dacasa, fue uno de aquellos pioneros. Claro que, en su caso, pudo más la morriña, así que en cuanto acumuló un dinero que creyó suficiente para vivir más o menos desahogadamente el resto de sus días, regresó a Avión. “Retornó con un éxito moderado”, describe su bisnieto: “Mi padre se fue a México allá a finales de los años 50 del siglo pasado. Empezó trabajando en una tienda de muebles y, como los otros, en sus días libres era de los que vendían casa por casa, hasta que compró un terreno y abrió una tienda de mueblería que fue el primer negocio de nuestra familia”.

"El emigrante es fuereño en su tierra y en la tierra a la que llega, ¿sabes?. Pero cuando lo asimilas, entiendes que tienes lo mejor de ambos mundos”

decoration

“Era el nuestro -recuerda Alberto- un hogar en el que Galicia siempre estaba muy presente y la morriña adquiría dimensiones estratosféricas. Se comía la comida gallega (tortilla de patatas, cocido, cordero...) mezclada con la mexicana. Se hablaba muchas veces en gallego, se seguían las tradiciones, las religiosas y las educativas. Mi padre me contaba que cuando llegaba una carta de la familia desde Galicia la leían todos juntos. A mí ya no me tocó esa época, en mi niñez ya existían locutorios telefónicos. Llamabas al locutorio del pueblo y avisabas que a tal hora volveríamos a llamar, para que los familiares estuviesen atentos. El emigrante es fuereño en su tierra y en la tierra a la que llega, ¿sabes?. Pero cuando lo asimilas, entiendes que tienes lo mejor de ambos mundos”.

 Y no le fue nada mal a don Ángel. Casado con otra gallega de Avión, Ofelia, pasaron a engrosar las filas de la clase media mexicana, y prueba de su buena posición social es que enviaron a Alberto a estudiar a Estados Unidos. “Pero ocurrió -aclara- que yo no era precisamente un buen estudiante. A mí me gustaba desde pequeñito hacer negocios. Fíjate que, en los primeros veranos que me llevaban a Avión, y en aquella época debía tener yo unos 8 o 10 años de edad, cuando iba con mis amigos al río, en vez de bañarme me dedicaba a venderles dulces, patatas fritas, chocolates, caramelos… que había conseguido gracias a préstamos que me hacía mi padre. Cuando contaba lo recaudado, lo primero que hacía era apartar una cantidad de dinero para devolverle el préstamo a papá. El resto me lo quedaba yo, para mis gastos, para poder irme de fiesta en el pueblo... Por vender en lugar de bañarme, mi madre me decía que era un poco rarito!”

No resulta extraño, así pues, que de regreso de Estados Unidos Alberto tuviese su porvenir meridianamente claro: “Cuando volví a México, la mueblería estaba cargo de mis hermanos, yo ya no tenía cabida. Eso me obligó a buscar trabajo y lo encontré en un hotel cuyo propietario, don Pepe, era también de Avión”. Empezó ocupándose de la lavandería y, en año y medio, ascendió a gerente de los dos hoteles de su paisano. “Creo que don Pepe valoró mi actitud, mis ganas de trabajar, mi compromiso. Porque yo no era de los que esperaban que les mandasen hacer algo y quedarse ahí. No, no, yo cuando terminaba un encargo, preguntaba: ¿y qué más hay que hacer?”. Ahí entendí que el éxito de verdad reside en empezar desde abajo, y de hecho en la actualidad lo aplico a todos los nombramientos de los altos cargos de mis empresas: primero hago que empiecen desde abajo, conociendo a la gente y conociendo bien las tareas de todos los empleados, desde el primero al último”.

Alberto Dacasa con su libro "El método Avión"

La hostelería fue el primer negocio de este empresario que iría progresivamente diversificando actividad en sectores y ámbitos de inversión, hasta hoy, en que confiesa que “trabajo 16 horas al día y tomo unos 124 aviones al año”. ¿Que por qué lo hace?. Muy sencillo: “Llegado un momento me planteé que yo no quería trabajar para nadie. Que quería tener mi propio negocio, ser el jefe de mí mismo, pertenecer a esa serie de emprendedores, entendiendo que ser emprendedor es vivir unos años como otros no lo harán para vivir el resto de tu vida como otros no podrán”.

— Y esa es la esencia de su libro, “El método Avión”. ¿Por qué lo escribió?

— Eso tiene su historia. Años atrás, un empleado mío falleció de forma inesperada. Tenía dos hijos que se quedaban en una situación económica bastante precaria. Y entonces pensé: “Si esto me ocurre a mí ¿qué pasaría con mis hijos? ¿Cómo guiarles en la vida?” Empecé haciendo una serie de anotaciones en unas libretas por si yo les faltara, para que a ellos les valiesen en sus vidas. Era una especie de compendio de todo lo que había aprendido de mi padre, de mis abuelos, de mi bisabuelo, y de otros vecinos que habían conseguido llegar muy alto, de toda aquella comunidad ejemplar para mí. Le enseñé las libretas a un amigo y me dijo: “No seas egoísta. Que esto no sirva solo para tus hijos. Comparte todos estos conocimientos y experiencias con los demás”. Y así fue que decidí escribir este libro, en el que quiero transmitir que se puede cambiar de vida, prosperar y obtener el resultado que deseas si pones de tu parte actitud, entrega y pasión. La juventud está acostumbrada a la inmediatez, a hacerse rico con youtube, o con la lotería, o jugando al fútbol. Pero la vida real no es así, al menos para la mayoría, claro”.

Compartir el artículo

stats