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Licenciado en Filosofía Pura, Doctor en Filología, experto en cristianismo primitivo

Antonio Piñero: "De niño, era un trasto; ahora soy capaz de pasarme horas sentado leyendo manuscritos"

"Soy filólogo, escéptico, racionalista y agnóstico aunque imparta seminarios de investigación sobre Jesús de Nazaret. Pronto publicaré el Nuevo Testamento Laico"

En una librería de Madrid, explicando temas de gnosis.

En una librería de Madrid, explicando temas de gnosis.

Licenciado en Filosofía Pura, en Filología Clásica y en Filología Bíblica Trilíngue, doctor en Filología Clásica, catedrático emérito de Filología Griega... Antonio Piñero puede exhibir todos estos atributos logrados a pulso, como un cantero que talla golpe a golpe en el filón de la sabiduría clásica, pero quizás la excelencia de su saber se manifieste en la sencillez, despojada de todo avalorio o narcisismo cultureta, que logra imprimir al relato de sus memorias. Galicia, Baiona, Nigrán... se enriquecen con la residencia entre nosotros de este gaditano al que consideran máximo experto español en cristianismo primitivo, uno de los grandes conocedores del llamado "Jesús histórico", de los más reconocidos en Europa y, al menos, en la América de lengua hispana con 45 libros, prestigiosas becas y premios. ¿Cómo no admirar a quien es famoso también por la traducción íntegra de todos los evangelios (incluyendo los llamados apócrifos: en total unos 83 evangelios) de sus lenguas originales al español? Respetado por los estudiosos del catolicismo y del judaísmo aunque se declare agnóstico (o quizás por eso) ha hecho accesible la compleja historia de las Escrituras y el cristianismo a un gran público. Ahí está su blog. Jubilado muy activo, en breve se publicará su Nuevo Testamento laico, histórico-crítico, no militante, un proyecto extraordinariamente ambicioso que abarca la totalidad de los libros del Nuevo Testamento con comentarios basados exclusivamente en la perspectiva histórica (no confesional), y el recurso filológico a la lengua griega original. Así cuenta su vida.

"En plena guerra mundial, el 14 de agosto de 1945, en la postguerra española, nací en Chipiona (Cádiz). Aunque mi abuelo materno residía en Chipiona, procedente de pastores trashumantes de Soria, las familias de mis padres eran de Carmona, Sevilla, y allí se conocieron desde muy jóvenes. Al poco tiempo de nacer me llevaron a Cádiz, donde estaba la residencia oficial de la familia. Mi padre era un hombre de compleja educación: químico, farmacéutico, perito industrial? y militar. Estudió en Granada con Lora Tamayo, quien le propuso que siguiera la carrera universitaria? Pero se ganaba muy poco y el futuro era incierto. Y como mi padre quería casarse, había luchado en el bando vencedor en la guerra civil y había terminado de capitán de infantería?, se quedó en el ejército. Y mi madre lo aceptó. Ella era muy inteligente, creo que más que mi padre, y fría de temperamento, como la nieve: un iceberg flotando en un mar de hielo. Dominaba a su marido y sus hijos con mano de hierro y guante de seda. Jamás le vi una palabra más alta que otra y jamás mostró sus contrariedades y sus posibles enfados. Nos educó en esa línea. Lo dicho me parece importante, porque creo que soy paradigmáticamente una mezcla de los dos. Con una salvedad: al haber nacido en el signo "Leo" (soy escéptico radical al respecto?) me dicen que tengo todos los defectos de los "leos" y solo alguna que otra de sus virtudes. Como es natural, el ambiente intelectual de mi casa me marcó, ya que recuerdo a mi padre, en casa, fuera de su trabajo ¡leyendo siempre matemáticas!"

"Éramos seis hermanos pero uno murió a los 19 años de un accidente de esquí en Brañavieja. La familia se había trasladado de Cádiz a Santander cuando mi padre ascendió a comandante de Infantería en 1952. Y allí permaneció hasta su muerte, como coronel del Regimiento. Quizás lo que más marcó mi vida es el haber sido "donado" a mis abuelos cuando tenía unos tres o cuatro años. Eso era típico de la Andalucía de entonces, y servía de consuelo a los abuelos, que habían perdido un hijo en la guerra civil, de nombre Antonio Piñero, y yo era el primer nieto que llevaba ese nombre. Mi infancia fue absolutamente feliz. Al vivir con mis abuelos hasta los nueve años aproximadamente, cuando terminé 'Ingreso', tuve en realidad cuatro madres que compensaron la que había dejado en casa: tres hermanas de mi padre aún solteras y mi abuela? Hasta que se fueron casando (una se metió monja) y desapareciendo de mi vida fui un niño mimado. Por ejemplo: no fui a la escuela en Carmona, sino que tres hijos de tres familias adineradas contrataron una institutriz que nos daba clase privada a los tres. Y así hasta Ingreso. ¡Qué niño más travieso y 'feroz'! Me da vergüenza contar mis travesuras. Aludiré solo algunas 'fazañas', que ocurrieron tanto en Cádiz como en Carmona. En Cádiz, con unos cinco años, en el cuartel, piso de oficiales, donde vivíamos, entré en las caballerizas; no sé cómo empujé y tiré las barras de las cuadras individuales de unos 30 caballos que había en el Regimiento, y provoqué una 'estampía'. Aún recuerdo a los soldados corriendo como locos para encabestrarlos. También en Cádiz tiré una piedra a un vehículo negro y majestuoso? y le abollé una puerta? ¡Resultó ser el coche del general de la plaza! Robé un caballo a un panadero de Carmona, junto con mis primos, hasta que nos encontraron dando cabriolas. Tiré la dentadura postiza de mi abuelo al retrete. Me bebí un vaso que contenía gasolina filtrada para limpiar manchas de la ropa?¡al hospital? y me hicieron un lavado de estómago! Bebí igualmente todos los restos de las copas de una fiesta familiar, y cogí una borrachera tal que casi ni me enteré de la paliza que luego me dieron. Y no sigo? ¡una monada de niño!, pero para la vecina".

"Mi familia, uniendo hermanos y primos carnales, era, y es, numerosísima: más de 70 primos carnales. Y nos reuníamos -en las casas de las matriarcas sobre todo las hermanas mayores de mi padre, en Carmona- a comer un montón de personas; muchas veces más de cuarenta. Otra ventaja de las tías matriarcas era que, ya de mayor, se iba por la tarde a casa de una, y veías a todos los primos. Creo que una familia numerosa equilibra bastante. Aunque conmigo valió poco, ya que mi mujer actual dice que soy un bárbaro, explosivo a menudo. Y es verdad. Me he casado dos veces. La primera con una colega de universidad, aragonesa, de carácter recio y firme; el matrimonio duró 29 años. Tenemos dos hijos, chico y chica, que tuvieron la suerte de empezar el cole en Alemania (cada uno de nosotros, separadamente, tuvimos una beca postdoctoral Humboldt), y siguieron en el Colegio Alemán de Madrid. Es una gran ventaja, porque con el alemán va también el inglés casi de regalo (y además estudiaron francés en el cole)? son los dos multilingües, lo que les ha dado ventaja al hacer la carrera y colocarse. La mayor es licenciada en Políticas por la Freie Universität de Berlín, y es funcionaria de la Comunidad Europea para "Ayuda al desarrollo". Y el segundo es doctor, de verdad, en Medicina, cardiólogo, en la fundación Jiménez Díaz, Madrid. Mi segunda mujer -llevamos 18 años de casados- es una ourensana, hija de un famoso médico de Ourense, Miguel Courel, director del Hospital General de la ciudad, si no me equivoco".

"Esto explica por qué ahora, ya catedrático emérito de la Complutense, esté viviendo casi todo el año en Baiona. Mis suegros compraron una casa ahí en 1959, que dura hasta ahora, aunque nosotros vivimos en un apartamento separado. Más libertad e independencia. Creo que mi ración de vida en Madrid, unos cuarenta y cinco años, ha sido suficiente. Es una ciudad amable y hospitalaria, sin duda, pero al ser la capital tiene muchísimo jaleo. A veces es presa fácil de las manifestaciones y huelgas. Además las distancias son grandes. Ahora en Baiona, tranquila sobre todo en invierno, vivo en magna paz y soledad, dedicado a mi trabajo. Me han jubilado, pero no me he jubilado. Sigo trabajando exactamente igual que antes, o quizás más, ya que tengo menos tareas sociales.Mi compromiso con Baiona es de solidaridad y agradecimiento. Me han tratado estupendamente y yo he procurado corresponder: me he empadronado en esta villa, y ellos me han apadrinado. Los dos lunes primeros de cada mes, por la tarde, tengo un Seminario de "Investigación sobre Jesús de Nazaret" (de elevado nivel técnico, puesto al día, pero con un lenguaje sencillo y claro; eso espero) que imparto en el "Mercado de la tía Ni", situada antes en Baiona, en la parroquia de Sabarís en concreto, pero que se ha trasladado por razones técnicas a La Ramallosa. Además organizo para el Ayuntamiento, Concejalía de Cultura que dirige María Iglesias, una suerte de universidad de verano, para el pueblo y veraneantes: todos los jueves a las 20.00 horas de julio y agosto hay una conferencia de buen nivel".

"Este año será el noveno ciclo de tal 'universidad' y tenemos bastante éxito de público: la mayoría de las veces se llena la sala. Se imparten las conferencias en Capitanía, en el Paseo de Elduayen, bien por colegas míos o amigos, que son universitarios o asimilados, o periodistas y artistas; la temática es variadísima, dada por gente muy preparada y de buena cualidad docente. Y también me han encargado que seleccione para el Ayuntamiento a gentes que imparta las conferencias en torno a la fiesta de la Arribada (primera semana de marzo) que suelen ser tres. A propósito de la asimilación a Galicia, recuerdo que hace unos años un senador entonces del PP, Miguel Pérez de Juan, eminente cardiólogo de Ourense con el que he navegado muchas veces, me invitó a una conferencia/presentación de libro en "La Casa de Galicia", de Madrid. En la ocasión, Miguel me presentó al obispo de Tui-Vigo, Luis Quinteiro quien, como yo, había estudiado en Alemania. Fue un conversación breve, pero amable y distendida. El obispo Quinteiro me dijo: "Así que usted reside en Baiona y se llama Piñero y no Piñeiro. Pero eso tiene arreglo: si se porta bien, le concederá la /i/ que le falta". Reímos? pero me he debido portar mal (no es extraño, dado que soy filólogo, escéptico, racionalista y agnóstico), porque todavía no me ha concedido la /i/".

"Puede ser curioso que un chico tan movido y tan nervioso, trasto total, se haya dedicado luego a la universidad: docencia e investigación. Quien no paraba quieto ni un momento es capaz ahora de estar horas y horas sentado delante de las variantes de los manuscritos -seleccionando la mejor- para hacer una edición correcta de un texto antiguo en griego o latín. Fue así. Como era muy torpe en matemáticas, siempre tuve claro que yo era 'de letras'. Mi bachillerato fue de letras y mi formación universitaria, también. Hice tres licenciaturas: de filosofía pura, de filología clásica y de filología bíblica trilingüe, en las universidades de Salamanca (civil y pontificia) y Complutense. El doctorado en Filología Clásica, en Heidelberg, aunque lo defendí en la Complutense. El que va a Sevilla pierde su silla".

"En esta misma Universidad y desde 1970 a 1984, año en el que saqué la cátedra, fui profesor ayudante de Filología griega, de Filología Neotestamentaria; adjunto y catedrático de esta misma disciplina, que es en realidad de filología griega, pero con la especialización en griego cristiano y obras judías pre- y postcristianas en esa lengua, más el añadido de hebreo y arameo. Mi trabajo se centra en el judaísmo que es la matriz del cristianismo, en los orígenes de este, en la investigación independiente sobre Jesús de Nazaret y en la historia de la iglesia primitiva, sobre todo en los siglos I y II. Naturalmente todo desde el punto de vista de la universidad civil, no de la teología. A medida que iba avanzando en mi tesis, observé que muchas ideas teológicas, sobre todo en los escritos judíos de época helenística, compuestos originalmente en hebreo o arameo pero transmitidos en griego o en latín (que hoy se denomina "Apócrifos del Antiguo Testamento"), habían tenido una influencia enorme, gigantesca, en la formación de la teología cristiana. Y observé que tanto estos apócrifos, como otra literatura judía anterior al cristianismo eran desconocidos por el público hispano. Ignorancia absoluta. Con la edición de estas obras y algunos artículos científicos comencé hacia 1978 un trabajo continuo de publicación que dura hasta hoy".

"Los calificativos 'racionalista' y 'escéptico' definen parte del talante que debe tener todo buen investigador, y creo que, en especial el segundo es básico en historia antigua, ya que los documentos conservados son prácticamente todos obra de los vencedores y, por tanto, de un notable sesgo. El racionalismo es también una buena disposición. Los métodos de trabajo de la crítica histórica y literaria no son oscuros ni secretos, sino instrumentos de puro sentido común. Por ello, ser racionalista ayuda. En la ciencia vale la imaginación y la intuición (ambas son, en el fondo, raciocinios rapidísimos, a veces semiconscientes que casan entre sí temas o conceptos que guarda la memoria), porque te lleva a explorar campos nuevos, y, sobre todo, sirven para indicar qué hipótesis de trabajo son verosímiles y cuáles no lo son. En tal empeño sigo hasta hoy, pendiente de la publicación de una magna obra, un nuevo Testamento laico que me ha supuesto un inmenso esfuerzo, con comentarios basados solo en la perspectiva histórica.

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