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La "España rota" de la familia Aranguren

El padre, general de la Guardia Civil en Cataluña, fue ejecutado por defender la República y la Generalitat. Uno de sus hijos, Juan, teniente en las filas de los nacionales, murió abatido en batalla. José y esposa habían entablado amistad con Franco y Carmen Polo en A Coruña

De joven,  en África.

De joven, en África.

Héroe recobrado a raíz de la reciente publicación de la novela de Lorenzo Silva, "Recordarán tu nombre", la del gallego José Aranguren Roldán no debe ser precisamente considerada una "figura políticamente correcta" por los actuales partidarios de la independencia de Cataluña. General de la Guardia Civil en 1936 en Barcelona, tras el golpe de Estado permaneció leal a la Segunda República y a la Generalitat, actitud que le costó ser ejecutado veinte días después de finalizada la guerra, el 21 de abril de 1939, por orden expresa de quien había sido su amigo, paisano y vecino, el mismísimo Francisco Franco, ya proclamado Caudillo.

Pero esa no fue la única tragedia sufrida por los Aranguren durante una contienda en la que también estuvieron en primera línea de combate dos de sus hijos, Juan y Carlos, así como uno de sus hermano, el coronel Carlos Aranguren Roldán: los tres, al contrario que el general, optaron por alistarse en las filas franquistas.

Juan Aranguren da Ponte, el primogénito, moría el 2 de abril de 1938 durante una batalla librada en Sotodosos (Guadalajara). Teniente de la Guardia Civil, en su ficha de conceptualización datada el 26 de mayo de 1937, se hace constar que "su actitud antes del Movimiento" era la de un "decidido y ardiente partidario", que al iniciarse la rebelón "colaboró con bravura, celo y entusiasmo propios de su espíritu y españolismo" y que, una vez en campaña, "en puestos de confianza en la Región y en el frente, laboró con fe y constacia religiosas". Aranguren Da Ponte, padre de tres hijos, se había presentado como voluntario para los puestos de "mayor riesgo" y se distinguió en varios combates. Fue ascendido a capitán a título póstumo.

El otro hijo del general, Carlos, resultó gravemente herido durante una batalla y, aunque sobrevivió a la guerra, falleció en 1948 a consecuencia de las heridas y, según se cuenta, al fatal destino sufrido por su padre, un disgusto de la ya no se recuperó jamás.

Del hermano de José Aranguren, Carlos, coronel del Ejército franquista, nunca más se supo desde que Franco desoyó sus peticiones de clemencia para su hermano.

El matrimonio Aranguren, José y María de la O, mantuvieron una estrecha relación con Francisco Franco y su esposa Carmen Polo durante la etapa en que residían en A Coruña, en torno al año 1932. Se visitaban mutuamente en sus respectivas casas. Ambos, Aranguren y Franco, habían nacido en Ferrol, lo cual hizo que entablasen una amistad de paisanaje. Ambos habían destacado en sus respectivas carreras militar e incluso compartieron primera línea del frente en la guerra con Marruecos; en aquella altura, los dos compartían devoción republicana.

El general

Nacido el 8 de abril de 1875, José Aranguren Roldán era el primogénito del matrimonio formado por José Aranguren Pérez de la Quintana, comandante de Artillería retirado, y Matilde Roldán García. Huérfano de padre desde muy joven, tuvo que ayudar a su madre en el cuidado de sus hermanos Carlos, Matilde y Dolores. Con 16 años de edad ingresó en la Academia Militar y, al finalizar el segundo curso, optó por Infantería y continuó en Toledo un año más hasta obtener, en julio de 1894, el grado de segundo teniente.

Destinado al destacamento ferrolano del Regimiento de Infantería Luzón nº 54, permaneció poco tiempo allí, ya que solicitó enseguida su pase al Cuerpo de la Guardia Civil, en el que ingresó en 1895, cuando contaba 20 años de edad. Dos semanas después fue destinado a la Comandancia de Cádiz, iniciando las prácticas reglamentarias de seis meses, que todo oficial de nueva incorporación debía realizar. A partir de ese momento y durante los siguientes cuarenta años prestaría servicio en numerosas y diferentes unidades.

Al ascender al grado de coronel, fue nombrado en junio de 1929, director del Colegio de Guardias Jóvenes, uno de los destinos de mayor prestigio.

Cuando la monarquía de Alfonso XIII estaba agonizando, fue designado jefe superior de Policía de Barcelona, motivo por el cual cesó en la dirección del Colegio de Guardias Jóvenes y demás responsabilidades. La prensa local publicó que se trataba de una "persona culta y de brillante historial militar".

Sin embargo, apenas tuvo tiempo de ejercer ya que el 28 de marzo fue nombrado jefe superior de Policía de Madrid. La prensa lamentó dicho traslado: "ha causado sentimiento entre sus amistades, superiores y subordinados, pues en el poco tiempo que lleva en Barcelona se ha captado las simpatías de cuantos le han tratado, por su caballerosidad y amable trato".

Despues de la proclamación de la II República, y ya con los galones de general, fue nombrado representante del Gobierno en el Comité Permanente de la Junta de Seguridad de Cataluña.

Aquel 18 de julio de 1936, en que en Barcelona se recibieron las primerias noticias del golpe de Estado, Aranguren, tras reunirse con sus dos coroneles y los tres tenientes coroneles jefes de comandancia con residencia en Barcelona, decidió mantenerse leal al gobierno de la República y a la Generalitat de la que dependían. La rebelión militar fracasó en Barcelona y fue nombrado jefe de la 4ª División orgánica del Ejército, compatibilizándolo con la 5ª Zona de la Guardia Civil.

El 30 de marzo de 1939 la ciudad fue ocupada por las tropas franquistas, habiendo huido ya la mayoría de autoridades civiles y militares republicanas. Sin embargo, él no quiso hacerlo y decidió quedarse para asumir las responsabilidades que le exigieran. El 4 de abril fue detenido por fuerzas del Cuerpo. Seguidamente fue conducido a Barcelona, procesado y sometido a consejo de guerra, siendo condenado a la pena de muerte por el delito "de adhesión a la rebelión militar". Desoídas las peticiones de clemencia, incluida la de la Nunciatura Apostólica en España, en nombre del Papa Pío XII, fue fusilado el día 21. Tenía 64 años de edad y lo ejecutaron sentado en una silla como consecuencia de las lesiones de una caída del caballo.

Franco había olvidado ya no solo su juramento de lealtad a la República, sino también aquellas tardes de té y pastas en la vivienda herculina de los Aranguren y en la suya propia. Como señala Lorenzo Silva, "no tuvo piedad".

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