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Adiós a un icono de la izquierda y La crónica

Muere Julio Anguita, el histórico dirigente de IU que intentó dar el 'sorpasso' al PSOE

Comunista y exalcalde de Córdoba, defendió la teoría de las dos orillas e hizo "pinza" con el PP de Aznar contra el Gobierno de Felipe González -Todos los signos políticos, incluido Vox, esperaron en el Ayuntamiento el ataúd

Julio Anguita, en su casa de Córdoba, entrevistado en 2016. // J.L. Roca

Julio Anguita, en su casa de Córdoba, entrevistado en 2016. // J.L. Roca

Julio Anguita, fallecido ayer en Córdoba a los 78 años, pasará a la historia política española por haber llevado a la izquierda del PSOE a su mejor resultado, antes de la aparición de Podemos. Pero también por haber contribuido, con su teoría de las dos orillas, al relevo en el poder de la izquierda por la derecha cuando la pinza que fomentó con el PP contra Felipe González derivó en el triunfo de José María Aznar.

Maestro de profesión, carrera que estudió en Barcelona, Anguita forjó su militancia política en la clandestinidad. Afiliado al PCE en 1972, siempre defendió la trayectoria del partido del interior frente al del exterior dirigido por Santiago Carrillo. Elegido en 1979 alcalde de Córdoba, renovó el mandato con mayoría absoluta en 1983 cuando ya era conocido como el califa rojo. Entonces se inició su época de esplendor frente a un Carrillo que acababa de reducir el PCE a la nada (4 escaños) en las elecciones de 1982, sepultado por la marea socialista al mando de Felipe González y Alfonso Guerra. En 1984, formó Convocatoria por Andalucía, que obtuvo un 18% y 19 escaños en el Parlamento de Sevilla, mientras el PCE, dirigido ahora por Gerardo Iglesias, solo podía remontar de cuatro a siete escaños en el Congreso. Estos éxitos predecían la llegada de Anguita a la dirección del PCE, del que fue elegido secretario general en 1988 y al frente de la alianza en la que se integraron los comunistas, Izquierda Unida, un año después, solo unos días antes de la caída del Muro de Berlín. En las elecciones del 1989, IU consiguió 17 escaños y uno más en 1993.

Hombre de principios inmutables, con carisma, pero también intransigente y dogmático, su concepción del comunismo nada tenía que ver con el eurocomunismo en el que se había alineado años antes Carrillo. Gran orador -"pico de oro", le llamó Sabina en un rap-, la salud empezó a jugarle una mala pasada en la campaña electoral del 1993, cuando sufrió su primer infarto. En esa terrible legislatura, del 1993 al 1996, dominada por el GAL y la corrupción, fue cuando Anguita puso en práctica su teoría de las dos orillas, que se resumía en que en una orilla estaban el PSOE y el PP -no eran lo mismo, pero hacían lo mismo- y en la otra IU. Así, no le importó colaborar con el PP en lo que se llamó "la pinza" para denunciar duramente al Gobierno de Felipe González mientras Aznar gritaba "¡Váyase, señor González!" y él soñaba con el "sorpasso" al PSOE.

Los socialistas encajaron en 1996 una derrota inevitable por méritos propios, pero también por la presión de la pinza, que se tradujo en la pérdida de autonomías y alcaldías de la izquierda, en beneficio del PP, en 1995. Anguita se negó a pactar con el PSOE en muchos ayuntamientos y autonomías esgrimiendo su famosa trilogía del "programa, programa, programa".

El deterioro del PSOE llevó a IU a lograr en 1996 su mejor resultado -21 escaños y 2,6 millones de votos-, pero pronto, al año siguiente, se inició el descenso a los infiernos por las discrepancias internas en IU y la rigidez de Anguita. El ala socialdemócrata de Nicolás Sartorius, Cristina Almeida y Diego López Garrido se escindió para acabar, algunos, en el PSOE. Las divergencias venían de lejos y se habían manifestado ya en 1992 con el tratado de Maastricht, que Anguita repudió. En 1998 sufrió un segundo infarto y dos años después se retiró de la primera línea. Su sucesor, Francisco Frutos, recuperó el pacto con el PSOE, con Joaquín Almunia, pero solo logró 8 escaños. Apoyó después a Alberto Garzón y el pacto con Podemos, se abrazó al Pablo Iglesias más antisocialista en la etapa del sorpasso que nunca llegó y al final respaldó el Gobierno de coalición con el PSOE como un mal menor.

El Ayuntamiento de Córdoba decretó tres días de luto oficial, banderas a media asta y la impotencia de no poderle ofrecer, al menos de momento, una despedida multitudinaria por la actual situación de pandemia provocada por el coronavirus. Como anticipo, muchos cordobeses aplaudieron ayer a las 9 de la noche en recuerdo del histórico dirigente y otros cantaron la Internacional en su memoria ante el edificio consistorial.

La capilla ardiente se instaló a eso de las seis de la tarde en el Ayuntamiento, pero solo su familia más cercana pudo despedirse de él en el salón de plenos, un salón que él mismo inauguró allá por 1985, poco antes de saltar a la política nacional.

Los exalcaldes de Córdoba Herminio Trigo, Manuel Pérez, Rafael Merino, Rosa Aguilar, José Antonio Nieto e Isabel Ambrosio, junto al actual regidor, José María Bellido, y miembros de la Corporación actual de todos los signos políticos, incluido Vox, esperaron a las puertas del edificio municipal al ataúd.

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