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Faro de Vigo

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Jesús Navarro Navarro, presidente Carmencita

"No creo que volvamos a tener los precios que teníamos en 2019"

"La relación con Mercadona nos ha dado volumen para modernizar todos los procesos"

Jesús Navarro Navarro con el azafrán, la especia que dio origen a la empresa. ÁXEL ÁLVAREZ

Jesús Navarro Navarro (Novelda, 1956) encabeza la tercera generación -junto a sus primos Jesús Navarro Alberola y Paco Escolano Navarro-, que se sitúa al frente de Carmencita, la firma alicantina que produce el 60% de las especias y el 50% de los edulcorantes que se venden en las tiendas españolas. Una empresa familiar que está a punto de rebasar la barrera de los cien años de existencia -los cumplirá en 2023, cuando también espera estrenar la nueva fábrica que construye en el municipio de Novelda- en un momento de plena expansión, tras el impulso que los cambios propiciados por la pandemia han dado al sector alimentario. Después de consolidarse como los reyes de los supermercados, ahora quieren conquistar también la restauración y llevar el sabor español a todo el mundo.

¿Cómo se consigue que una empresa familiar sobreviva 100 años?

Creo que la clave es la propia familia. El emprendedor fue mi abuelo, que allá en los años 20 se dio cuenta de que había una oportunidad de negocio, pero la que nos aglutinó fue la abuela. La casa familiar y el porche (como se denomina en la población alicantina de Novelda a las fábricas de envasado de especias) estaban unidos desde el principio: el porche formaba parte de la familia y la familia formaba parte del porche. Y ese amor por la empresa que inculcó la abuela se ha mantenido.

Aun así, no es muy habitual que una empresa sobreviva ya a dos cambios generacionales.

No es normal, pero en nuestro caso la clave fue la entrada de Ebro en 1989. Nuestros padres tenían entonces unos 60 años y nosotros veintitantos, y les dio miedo cómo evolucionaba la distribución. Era la época en que llegaban Pryca y Continente, y vieron que Carmencita estaba muy bien implantada en las tiendas tradicionales, pero mal en los hipermercados. Entonces decidieron vender el 50% a una multinacional, que era Azucarera Ebro, y eso nos sirvió para modernizar la empresa y quitar todas las miasmas familiares que pudiera haber y darle seriedad. Porque Ebro cotizaba en Bolsa y había que reportar todos los meses. La participación de Ebro durante esos 13 años sirvió de protocolo familiar e hizo que todos los líos de familia que podían haber surgido desaparecieran. Luego, en 2003, decidimos recomprar esa participación -porque Ebro era cada vez más grande y éramos la única participada que tenían al 50%- y volvimos a ser una empresas 100% familiar, pero profesionalizada.

Con el covid y el confinamiento se disparó la demanda, y su facturación creció un 25% en un sólo año, hasta los 93 millones. ¿La pandemia ha cambiado mucho el mercado?

Mire, nosotros vendemos tarritos que valen un euro o un euro y pico, y duran dos o tres años en la cocina, hasta que caducan y acabas tirándolo. Durante la pandemia lo que vimos es que la gente renovó sus despensas. Tiró todo lo que tenía, volvió a comprarlo y empezó a cocinar con más alegría y a utilizar nuevas especias. Normalmente hay seis o siete especias que son el 70% de las ventas, pero durante la pandemia, al cocinar tanto, la gente empezó a probar cosas distintas y mezclas que no eran habituales. Eso se ha quedado y, por ejemplo, hemos lanzado una especia marroquí -‘ras el hanout’- que se está vendiendo muy bien, porque ahora, después de la pandemia, la gente se atreve a probar cosas nuevas. Lo que también es cierto es que los consumidores llenaron sus despensas en el confinamiento y, lógicamente, muchos las siguen teniendo llenas y el crecimiento del 25% de 2020 el año pasado fue una bajada del 5%, pero nos hemos quedado bastante por encima de 2019.

Entonces, ¿ese cambio de mentalidad propiciado por la pandemia les ha generado más oportunidades?

Sí, supone más oportunidades. Como le decía, el 70% del mercado son unas pocas especias y el resto son innovaciones que vamos sacando continuamente. La diferencia es que ahora el público responde mucho mejor que antes. También es verdad que ahora los consumidores están muy interesados en temas de salud y nosotros estamos cuidando mucho que las especias estén libres de alérgenos o de gluten. Y, además, estamos yendo a los orígenes a buscar la materia prima. Todas las especias se producen en el nivel del ecuador, ya sea en Sudamérica o en el Sudeste asiático, y hace unos años nuestro volumen no nos permitía traer contenedores completos. Ahora sí y eso nos ha permitido cerrar acuerdos con productores locales en Vietnam, Sri Lanka, Indonesia o Bolivia para comprarles directamente. De esta forma, controlamos todo el proceso.

¿Qué objetivos tienen para los próximos años?

El primer objetivo es llegar a los 100 años en 2023 con 100 millones de facturación y, más allá, calculo que en cinco años podríamos llegar a 120 millones. Luego, otro de los objetivos es mejorar nuestra presencia en la restauración. Porque Carmencita está muy bien implantada en el canal de la distribución -por eso crecimos tanto en la pandemia-, pero tenemos relativamente poca cuota en el canal Horeca. Yo siempre digo que el cocinero tiene Carmencita en su casa, pero no la tiene en el restaurante, y creo que eso ha sido culpa nuestra, que no hemos encontrado el canal para llegar a la restauración profesional. Tiene que cambiar. Es un proyecto en el que estamos trabajando y en donde tenemos una capacidad de crecimiento importante. Y hablo tanto de entrar en la cocina profesional, con nuevos envases y nuevos productos, como en los productos que van a la mesa en el restaurante. Por ejemplo, hemos lanzado molinillos gigantes de sal con trufa, de mezclas de sal, sal rosa o pimientas de todo tipo.

Acaban de abrir una nueva filial en Estados Unidos, ¿otra de las estrategias para crecer es la exportación?

Sí. La verdad es que nosotros empezamos a exportar por casualidad en los años 80. Veíamos que Canarias se llevaba una cantidad de productos enorme y nos pusimos a investigar y vimos que era para los barcos que se iban a Venezuela, así que empezamos a mandar colorante a este país con mucho éxito. De hecho, en Venezuela las marcas locales llaman «carmencita» al colorante. Y a partir de ahí, se abrió esa puerta de la exportación. Nuestro lema, aunque suene pretencioso, es «liderar el sabor en España y liderar el sabor español en el mundo». Estamos ya consolidados en Sudamérica, principalmente en México, Chile, Paraguay o Brasil, y en los mercados hispanos de Estados Unidos, y también estamos en los mercados árabes, que ahí también empezamos en los años 80 y, al principio, nos pusieron muchas pegas porque Carmencita era una cara de mujer y tuvimos que desarrollar una marca específica, que es la marca Al Diafa. Pero después del año 2000 hemos conseguido que Al Diafa se quede con las infusiones y hemos empezado a introducir Carmencita con las especias ya con la cara de mujer.

¿Dónde ven más posibilidad de seguir creciendo?

Donde más podemos crecer es en Hispanoamérica y en Estados Unidos, donde hemos creado esa filial para tener producto nacionalizado allí y poder llegar a los pequeños distribuidores que no son capaces de importar directamente. Vamos a empezar por la pequeña distribución antes de dar el salto a la gran distribución. En los próximos cinco años esperamos triplicar lo que estamos haciendo ahora.

En México están con Walmart, ¿hay posibilidades de entrar en esta cadena en Estados Unidos?

En México estamos en exclusiva con Walmart y es verdad que la puerta de Walmart en Estados Unidos siempre se busca a través de México, pero McCormick (la principal multinacional del sector) la tiene muy bien controlada y no hay manera. De todas maneras, Walmart es tan grande que sería muy complicado enviar desde aquí para abastecer todas sus tiendas. A México sí que les abastecemos desde aquí, porque les dimos la exclusiva y somos como su marca.

En España, ¿qué ha supuesto la relación con Mercadona?

Es como un socio industrial. Nos ha permitido dar el volumen suficiente para modernizar todos los procesos, ir al origen a buscar todas las materias primas, recuperar procesos que habíamos externalizado, como la molienda, y hacernos especialistas en productos que no conocíamos, como son los edulcorantes. Porque en Mercadona tenemos las especias, pero también los edulcorantes, donde también tenemos una cuota del 50%. Todo eso ha sido consecuencia de la relación con Mercadona.

¿Cómo les está afectando la subida de precios?

Estamos en la tormenta perfecta y ahora te das cuenta del equilibrio que había en 2019. Todo era sencillo. Hacías un pedido y en un mes lo tenías aquí. Los transportes funcionaban, las materias primas estaban estables... Pero, hoy en día, es que estamos en la tormenta perfecta. A nosotros las materias primas nos han subido un 24% y las materias auxiliares, como el plástico o el cristal, igual. El transporte ha sido una locura, contenedores que traías de China por 1.000 euros llegaron a costar 12.000 euros. Es verdad que tuvimos suerte de ser esenciales en la época de la pandemia, así que tampoco queremos quejarnos ahora de estos problemas. Sí que es cierto que hemos tenido que repercutir al consumidor una parte de la subida.

¿Qué medidas han adoptado para contrarrestar esa subida de costes?

La principal medida es estar muy al tanto de los costes de las distintas cosechas y lo que hemos hecho es comprar mucho cuando las condiciones eran mejores. Por ejemplo, tenemos pimienta o ajo para casi un año. Hemos doblado el stock de materias primas, por un lado, para asegurar precios, y por otro, para garantizar el suministro.

¿Ve solución a esta situación?

Le veo solución, pero no creo que volvamos a los precios que teníamos en 2019. Creo que llegará un nuevo equilibrio, sobre todo si acaba la guerra de Ucrania, pero con unos costes superiores a los que había antes del covid.

Cómo empresario, ¿qué le pediría a las administraciones?

Se lo digo siempre al alcalde de Novelda : que no molesten. Que hagan su trabajo, que tomen sus decisiones, pero que faciliten las cosas para que podamos seguir creciendo y dando empleo.

La industria agroalimentaria se ha convertido en uno de los objetos de deseo de los fondos de inversión, ¿les llaman a la puerta?

Después de la pandemia se dieron cuenta de que el sector agroalimentario era mucho más potente de lo que parecía. Sí, nos están llamando continuamente, no diré que todas las semanas, pero sí que están llamando. Tanto fondos como empresas grandes que quieren diversificar. Pero nosotros ya tuvimos nuestra experiencia fuera de la familia y volvimos a ser familiares. Nuestro objetivo es seguir creciendo como empresa familiar.

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