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Naturgy reactiva el proyecto de "megabatería" en el embalse de Salas con 350 millones de euros

Embalse de As Conchas. |   // IÑAKI OSORIO

Embalse de As Conchas. | // IÑAKI OSORIO

Hace más de una década, el 29 de junio de 2010, entraron en la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental del antiguo Ministerio de Medio Ambiente los primeros documentos para iniciar la tramitación de la central hidroeléctrica reversible a partir de los embalses de Salas y As Conchas, entre los concellos ourensanos de Muiños, Lobios, Lobeira y Entrimo. Los dos llevan muchos años en funcionamiento. Salas, de 52,8 megavatios (MW) de potencia, se remonta a 1973 y la concesión de As Conchas, con 49,4 MW, es incluso anterior, de 1948. Naturgy quiere aprovechar la existencia de ambas instalaciones y el desnivel entre ellas para construir un sistema de bombeo de 380,2 MW, hoy por hoy la única forma de almacenar electricidad a gran escala para que se pierda lo menos posible de las fuentes renovables. En picos de consumo, la presa funciona como el resto de hidroeléctricas, dejando pasar el agua por las turbinas para producir energía; y en los instantes de demanda floja, la central usa la energía sobrante para recuperar el agua a la balsa de arriba y dejarlo todo preparado para cuando necesite operar con normalidad.

La administración central formuló la declaración de impacto ambiental favorable el 5 de mayo de 2017, “al concluirse que previsiblemente no producirá impactos adversos significativos, siempre y cuando y se realice la alternativa seleccionada y en las condiciones señaladas en la presente resolución, que resultan de la evaluación practicada”. ¿Qué opción se eligió? Apoyarse en As Conchas como embalse inferior en vez de transformar por completo la presa de Salas para “optimizar el aprovechamiento hidroeléctrico de la cuencas del Limia”. “Aportará estabilidad y capacidad reguladora al sistema eléctrico, sin generar un gasto neto del recurso embalsado”, según consta en el proyecto, además de una potencia mayor y menos impacto en el entorno. La aprobación de Medio Ambiente obliga a un seguimiento de las medidas de contención de impacto durante las obras y tras el encendido.

De momento Naturgy no ha desvelado si Salas-As Conchas es uno de los proyectos con los que concurrirá a la captación de fondos del Next Generation

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Tanto tardó el visto bueno que, mientras la compañía energética siguió con el resto de trámites, la declaración favorable de impacto medioambiental se hizo vieja. La ley marca su caducidad a partir de los cuatro años desde la emisión si para entonces no arrancó la ejecución del proyecto. Como en este caso. Naturgy tiene dos caminos posibles. O volver a empezar o pedir una prórroga, que es lo que acaba de hacer. El pasado 23 de abril entregó en el Ministerio para la Transición Ecológica el documento justificativo para mantener la vigencia de la declaración de impacto ambiental de la central reversible Salas-As Conchas. El departamento dirigido por Teresa Ribera debe resolver la solicitud en tres meses como mucho. Si se concede la prórroga, Naturgy tendrá dos años más para completar el proceso administrativo y poner la primera piedra del sistema de bombeo en Ourense, con un presupuesto estimado de 350 millones de euros.

La duración

La petición de prórroga confirma que la construcción y puesta en marcha del proyecto durará “seis años aproximadamente”. En líneas generales, Naturgy alega “que no se han producido cambios sustanciales en los elementos esenciales” que sirvieron para dar vía libre a la transformación de los dos embalses en una central en una megabatería eléctrica, “sin necesidad de realizar un nuevo procedimiento de evaluación de impacto ambiental”.

El proyecto es el mismo y únicamente, según el grupo presidido por Francisco Reynés, se hizo “una actualización de su descripción”. Tampoco existen “cambios sustanciales en los elementos ambientales significativos del entorno del proyecto”, señala, en referencia a los nuevos Hábitas de Interés Comunitario de la Red Natural 2000, la ampliación de los límites del Parque Natural Baixa Limia y la modificación de su categoría de protección, la inclusión de la totalidad del embalse de Salas en zona de protección de avifauna amenazada contra líneas eléctricas de alta tensión y su incorporación también en la zona de aplicación del Plan de gestión del lobo en Galicia.

En el proyecto inicial de 2010 ya se hace hincapié en la transcendencia de este tipo de centrales hidroeléctricas “para la correcta gestión y estabilidad del sistema eléctrico, ya que permiten aprovechar las puntas ocasiones de producción renovable, de origen eólico”. El funcionamiento de Salas-As Conchas será de ciclo cerrado, “por lo que su operación no dependerá apenas de las aportaciones naturales a los embalses”; y de periodicidad semanal, “generalmente con turbinación en horario diurno para días laborales (mayor demanda energética) y bombeo durante las noches el fin de semana (menor demanda energética y/o exceso de energía generada en la red”.

El Ministerio para la Transición Ecológica se marcó como objetivo alcanzar 20.000 MW en 2030 y 30.000 MW en 2050 en instalaciones de almacenamiento a gran escala y distribución. La Estrategia de Almacenamiento Energético aprobada por el Gobierno a principios de febrero destaca “por su madurez” las centrales hidroeléctricas de bombeo. De momento Naturgy no ha desvelado si Salas-As Conchas es uno de los proyectos con los que concurrirá a la captación de fondos del Next Generation.

Iberdrola, como adelantó FARO, también tiene entre manos un ambicioso proyecto para transformar su central de Vilariño de Conso en un sistema de 900 MW de turbinación y bombeo, lo que le convertiría en uno de los principales acumuladores eléctricos de Europa.

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