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Nueva misión de Pescanova: convencer a 70 acreedores a su plan de futuro

El Ponta Matirre, tras completar su primera marea en Mozambique.

El Ponta Matirre, tras completar su primera marea en Mozambique. NPVA

La sentencia del Mercantil 1 de Pontevedra fue un revés. E inesperado. En Chapela causó sorpresa la anulación, en sentencia firme, de un acuerdo de refinanciación de deuda con el que Nueva Pescanova pretendía armar un plan a cuatro años vista, con el que doblaría su Ebitda (indicador que muestra una imagen fiel de lo que la empresa está ganando o perdiendo en el núcleo del negocio). Pasaría de los 40 millones previstos para 2020 a los 117 de 2024. Cifras muy conservadoras, en todo caso; el anterior plan estratégico, Todos a una, había pronosticado 121 millones de euros para el ejercicio que acaba de terminar. Se incumplió de forma notoria, y no solo por el COVID. El programa de refinanciación, tumbado a instancias del fondo distressed (o buitre) Broadbill, tenía como objetivo principal la digestión de la deuda heredada del concurso de acreedores, el de mayor envergadura de la historia en España para una empresa no inmobiliaria. “Hay que volver a empezar, para convencer a los acreedores de que se sumen a la nueva operación”, indican fuentes próximas a la pesquera. Son más de 70, entre entidades financieras y fondos de inversión, según expertos del mercado.

El magistrado que tumbó el plan de la pesquera abogó por repartir sacrificios

¿A qué hay que convencerlos? La multinacional que dirige Ignacio González (CEO) se vio obligada este martes a planificar un plan B tras el portazo a su plan financiero, porque la deuda que soporta el grupo es inasumible, y para “asegurar la viabilidad futura”. Es decir, Nueva Pescanova debe reducir el importe de ese pasivo heredado, que cifra en 643 millones de euros, de un modo u otro. La vía por la que ha optado es una capitalización de deuda voluntaria, que someterá al criterio no solo de la junta de accionistas, sino también de un amplio abanico de acreedores. Su aprobación en asamblea está garantizada, por cuanto Abanca cuenta con una participación del 80,46% (sin contar con el 9,36% del binomio Merrill Lynch-Bank of America, que fuentes del mercado aseguran que ya está en manos de la entidad gallega). Por tanto, el que se apruebe o no no es el problema, lo es en qué condiciones se hace y cuánta gente se adhiere. En resumen, cuántos tenedores de deuda aceptan rebajar el lastre de la multinacional pesquera, que pagará intereses de entre el 1 y el 3% hasta 2039 por el empacho de malas decisiones adoptadas en la era de Manuel Fernández de Sousa. Estos tipos son siete veces superiores a la referencia actual del BCE.

Hay que volver a empezar; las condiciones serán peores”, asumen desde el entorno del grupo

A Abanca le han atribuido en torno a la mitad de esa deuda heredada, con lo que, como ayer reflejó este periódico, mantendría una losa financiera superior a los 300 millones. De ahí la importancia de “convencer” a más acreedores. El propio juez que acaba de tumbar su plan de refinanciación ha defendido un reparto equitativo de los sacrificios, que Broadbill no asumirá. “La alegación relativa a que bastaría con la capitalización de los créditos de los suscriptores del acuerdo, queda fuera de lugar; primero, porque responde a una posición absolutamente egoísta de una parte de los acreedores financieros, que pretenden los beneficios de dicho acuerdo, pero ninguno de los sacrificios; y, segundo, porque en ese caso el sacrificio desproporcionado sería el exigido a esos suscriptores del acuerdo”.

Extracto de la sentencia

La duda ahora estriba sobre el plan de negocio 2020-2024. ¿Es viable con un volumen de deuda sustancialmente superior al previsto? Fuentes conocedoras de las negociaciones estiman que dependerá del grado de adhesión a la ampliación de capital. Una operación así es en sí misma un sacrificio, aunque la alternativa podría ser el concurso de acreedores. Las acciones de Nueva Pescanova SL no devengan beneficios, ni lo harán a medio plazo, y el valor de la multinacional se ha depreciado tanto por los últimos resultados como por el impacto de la pandemia COVID-19. La deuda, no obstante, reporta ingresos constantes, ya fijados: es más valiosa. Si solo se sumase Abanca a este plan B, el plan de viabilidad deberá ser sometido a ajustes, ya que un pasivo tan elevado daña el resultado del grupo, la caja y el acceso a los mercados de financiación.

  • Pescanova dice adiós al sushi de Mercadona

    Se desprende de la filial Katei Alimentación. Quiere centrarse en la actividad pesquera y acuícola

Menos peso... ¿para más eficiencia?

En el año 2004 Pescanova SA (vieja Pescanova) no había iniciado su desbocado viaje hacia el objetivo, no consumado, de ser la líder mundial del sector. Una travesía que causó una quiebra de 3.650 millones de euros, ejecutada con todo tipo de tretas e ilegalidades por las que su entonces presidente, Manuel Fernández de Sousa, ha sido condenado a ocho años de prisión. En aquel momento, la compañía reportaba unas venas de 933 millones de euros. Contaba con un volumen de activos de cerca de 851 millones, y un inmovilizado material de 270. Son los valores más similares a los que muestran las últimas cuentas anuales consolidadas disponibles (2019) de Nueva Pescanova, heredera del negocio de la SA. El perímetro de instalaciones productivas ha adelgazado de forma notable desde la toma de control de las entidades financieras. Y ha sido progresivo. Pero no ha repercutido en las ventas: factura más ahora.

En esta última memoria, remitida al Registro Mercantil, el grupo anunció la “descontinuación de las actividades acuícolas” en Brasil, donde cultivaba tilapia. Fue la penúltima gran desinversión. Hasta que llegó la venta de la filial Katei Alimentación, que avanzó FARO, con la que Nueva Pescanova abastecía de sushi los lineales de Mercadona. Con la compañía de distribución como gran valedora, Katei pasó de unas ventas de apenas 46.500 euros a casi 13,3 millones de 2019 en solo un año. Fue considerada como no core (no estratégica). Pero la ronda de desinversiones empezó mucho antes, previamente incluso a la constitución de Nueva Pescanova SA.

En 2018 validó la venta de la filial ecuatoriana Balnova (Balanceados Nova), dedicada a la producción de piensos para acuicultura con capacidad de producción de 40.000 toneladas anuales. Harinas y Sémolas del Noroeste (Hasenosa), Nova Honduras o Acuinova Actividades Piscícolas (la macroplanta de rodaballo en Mira, Portugal) han ido engordando esta lista de desinversiones del grupo, junto con naves industriales en España y locales comerciales en suelo francés. Durante su proceso concursal (2013), todavía como Pescanova SA, salieron del mapa consolidado filiales con actividad en Chile (Pesca Chile, de pesca extractiva y acuícola), Australia (Austral Fisheries), Malvinas (Lafonia) o España (Acuinova Andalucía o Insuiña Chapela).

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