11 de octubre de 2012
11.10.2012
Crisis económica

Europa no escucha a sus Nobel

Paul Krugman y Joseph Stiglitz llevan meses advirtiendo de que las políticas de austeridad no sirven para salir a flote

11.10.2012 | 18:42
Paul Krugman y Joseph Stiglitz.

"El déficit no ha causado la recesión, es la recesión la que ha causado el déficit". La frase es de Joseph Stiglitz. En 2001, recibió de manos del rey de Suecia el Premio nobel de economía, técnicamente este galardón no es un Premio nobel en sentido estricto. Se creó en 1968 como iniciativa del Banco central de Suecia y se concede a la vez que el resto en física, química, literatura, paz y fisiología o medicina. Sin embargo, todos los investigadores agraciados con este reconocimiento disfrutan de un prestigio que les hace ser voces autorizadas y escuchadas.

La investigación de Stiglitz que propició que recibiese el Nobel fue su aportación a la denominada información asimétrica. Frente a la visión neoclásica de que la economía es eficiente en condiciones de libre mercado salvo por fallos muy bien definidos, los análisis de este norteamericano de origen judío vinieron a demostrar que la perfección del mercado solo se produce en situaciones excepcionales y que casi siempre existen esquemas de intervención gubernamental que pueden inducir a obtener beneficios para todos.

Sin embargo, no parece que los europeos estemos acertando en ese esquema de intervención. Desde el estallido de la crisis económica y el pinchazo de la burbuja inmobiliario las soluciones que han llegado desde Bruselas, dictadas por el peso desequilibrante de Alemania, no han contribuido a favorecer la recuperación económica. Lejos de observar un crecimiento del empleo, la austeridad impuesta a países como Grecia, Portugal, Irlanda y España solo han abocado a más recesión, paro y empobrecimiento. "La lectura que hace Alemania de la economía encierra muchos errores. Alemania está obsesionada con la inflación, se niega a entender que la austeridad nunca funciona. La inflación fue un problema en los años 80, cuando se creó el Banco central europeo, pero en este organismo se han quedado ahí, no se han dado cuenta de que el problema de hoy no es la inflación es el paro", afirmaba Stiglitz el pasado mes de septiembre en una entrevista con un periódico catalán.

Según este economista, los alemanes están muy marcados por la hiperinflación que sufrieron en los años 30, pero matiza que el origen del nacimiento del nazismo no estuvo en ese incremento descontrolado de los precios, sino en el paro que se generó. Fenómenos como el auge de formaciones de extrema derecha en Grecia como amanecer Dorado dan la razón a Stiglitz. El desapego hacia la clase política por su incapacidad de mejorar la situación económica de los ciudadanos siempre beneficia a formación extremistas y radicales. La cuestión estriba en saber si Alemania está siendo sincera y honesta en sus planteamientos.

La banca alemana ha impuesto la idea de que lo fundamental es salvar el sistema financiero, aún a costa de empobrecer al conjunto de la población. Si se resuelve el problema del déficit y se equilibra el gasto público, el sistema financiero responderá devolviendo la confianza con crédito para poder crecer, es el dogma del BCE y el Eurogrupo condicionado por el centro-derecha alemán. Stiglitz no lo cree así. Opina que el déficit no ha provocado la recesión, sino que es la recesión la que ha causado el déficit. "Solo si se vuelve a crecer, el déficit bajará, pero las políticas de austeridad están matando el crecimiento y el déficit sigue sin mejorar", señala.

Paul Krugman también recibió el nobel de Economía. Fue en 2008. En su caso, se ha preocupado por replantear modelos matemáticos para resolver el problema de dónde ocurre la actividad económica y por qué. Así que si de algo sabe este investigador es de las razones que llevan a una economía a sufrir una recesión. El pasado miércoles hizo un paralelismo entre los problemas europeos, especialmente en España, y la forma en que Wiston churchill trató de devolver la estabilidad a la economía del Reino Unido tras la Primera Guerra mundial.

Los británicos sufrían entonces problemas parejos a los que ahora tiene España: una moneda sobrevalorada cerca de un 20 % y un enorme endeudamiento acumulado. "Su búsqueda de una estricta austeridad fiscal y de una devaluación interna mediante la deflación, según los análisis elaborado por el Fondo monetario Internacional, no solo provocaron un prolongado estancamiento, sino que incluso no lograron hacer mella en el exceso de deuda", señala Krugman.

"Imponer más austeridad no va a servir de nada; aquí, quienes están actuando de forma verdaderamente irracional son los políticos y funcionarios supuestamente serios que exigen todavía más sufrimiento", escribía en su columna periódica del New York Times.

Krugman sostiene que sin una ayuda importante de los socios europeos España no logrará superar la crisis. Y para ello, los países acreedores deben asumir algo de inflación. Stiglitz es de la misma opinión: es necesario incentivar la demanda a través de estímulos y exigiendo más solidaridad a los países del norte.

De momento, Europa sigue sin escuchar a los economistas a los que premió.

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