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Un puente entre dos mundos

Cuando se cumplen cuatro años de su declaración como Bien de Interés Cultural, este monumento medieval recibirá 300.000 euros para su puesta en valor

El puente medieval de Pontevea, visto desde A Praíña. | // BERNABÉ/JAVIER LALÍN

Fue en una fría mañana del mes de noviembre. La cercanía del Ulla hacía que la sensación térmica restase algunos grados al termómetro. Y allí estaba él, como lo ha estado durante siglos, permitiendo a quienes lo recorren cruzar las caudalosas aguas para conectar dos mundos. A Estrada a un lado, Teo al otro; Pontevedra al empezar a caminar, A Coruña al superar la parte central de la estructura. O viceversa, todo depende de hacia dónde se dirija quien lo atraviesa. En todo caso, aun parados en ese punto en el que uno puede poner el pie derecho en un concello y el izquierdo en otro o extender sus brazos en cruz para tener una palma levantada sobre suelo coruñés y la otra sobre tierra pontevedresa, el puente medieval de Pontevea –que aquella mañana de hace cuatro años se convirtió en Bien de Interés Cultural (BIC)–  conecta dos mundos. El pasado y el presente observaron la misma estampa al asomarse a estos pretiles de piedra. Ahora es momento de apostar para que esta imagen siga proyectándose hacia el futuro.

En aquel 2017 en el que la Xunta atendió la petición de que este puente alcanzase la protección como BIC, la documentación en la que es apoyó este visto bueno avalaba la concurrencia en este lugar de diferentes caminos, incluso desde la época romana. Aunque no existe entre los historiadores un acuerdo a la hora de identificar en este punto el paso de la Vía Romana XIX, existe certeza de la confluencia de caminos asociados a las rutas comerciales y de peregrinación. Se trata de un puente medieval construido en el siglo XVI, con reconstrucciones importantes en el XVIII. Pero para quienes viven en esta zona a medio camino entre A Estrada y Teo este monumento es “a ponte vella”. Todavía son muchos los que recuerdan pasar en coche por este viaducto con tanta historia o alucinar con cómo los autobuses que hacían el recorrido entre A Estrada y Santiago no podían evitar pasar rozando, habida cuenta de la estrechez de un puente pensado para el cruce de carruajes.

Presupuestos

El alcalde de A Estrada, José López Campos, confirmó que las cuentas de la Xunta para 2022 reservan 300.000 euros para la puesta en valor del BIC de Pontevea, un acuerdo que asumieron en el mismo día en que cruzaron este puente para anunciar su declaración como Bien de Interés Cultural el conselleiro de Cultura, Román Rodríguez, y los alcaldes de A Estrada y Teo.

Al ser preguntado por este proyecto, López expuso que el Concello realizó una batería de propuestas de actuación centradas en la limpieza y el acondicionamiento de la propia estructura del puente, a fin de ahondar y mejorar su estado de conservación. A mayores, indicó que se harán actuaciones en los dos extremos del puente, que en la zona estradense se alcanza a través de un entorno convertido improvisadamente en zona de aparcamiento para los miles de personas que durante el verano hacen uso de las instalaciones de A Praíña, un entorno recreativo reactivado gracias al empeño de la asociación Entre as Pontes.

El dirigente estradense señaló que también se reservan fondos para mejorar la iluminación, de carácter ornamental, al objeto de conseguir una panormámica que realce del monumento en las horas de oscuridad.

Con mucha historia

A la declaración de este puente como BIC se llegó después de la movilización protagonizada al efecto por el BNG. En su día, la actual portavoz nacionalista en A Estrada, Susana Camba, aportó múltiples notas históricas sobre este monumento, como el hecho de que fue testigo de numerosos enfrentamientos bélicos contra las tropas napoleónicas. Al parecer, entre marzo y abril de 1809 fue uno de los puntos donde se atacó a los soldados franceses que se dirigían a Compostela, con varias batallas por el control del puente, que salió con sus estructura seriamente dañada. En este sentido, se aseguró que, con la intención de impedir el avance de los franceses, los vecinos tiraron uno de los arcos en varias ocasiones y se dice que fueron los galos quienes se afanarían por reconstruirlos con estructuras de madera. Concluida la guerra, “y a petición popular”, se ejecutaría una primera restauración en el año 1822, hasta hacerla completa en 1845.

Salvo pequeñas actuaciones aisladas realizadas por los concellos, en estos años ha sido el colectivo Entre as Pontes el que ha defendido, desbrozadora en mano, la importancia de aprovechar el potencial de este monumento como telón de fondo de un privilegiado entorno natural. Toca ahora que la inversión tienda otro puente, uno hacia el futuro, uno que entienda que este puente es un presente del pasado.

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