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Padrino, regálame un castillo

Antonio Sanmartín muestra en el obrador de Mimela algunas de las monas de chocolate para esta Pascua. Bernabé/Javier Lalín

Antonio Sanmartín muestra en el obrador de Mimela algunas de las monas de chocolate para esta Pascua. Bernabé/Javier Lalín

En A Estrada, la Pascua comienza el Martes de Carnaval. Al menos en el obrador de la Pastelería Mimela. Cuando se han retirado los aceites de los dulces típicos de las celebraciones carnavalescas, llega el momento de atemperar el chocolate. La tradición de las monas de Pascua lleva años triunfando en el municipio estradense en la versión que preferiría el mismísimo Willy Wonka. También en Lalín comienzan a abrirse paso estas creaciones, si bien la rosca mantiene un protagonismo indiscutible. Estas propuestas se comen con los cinco sentidos, comenzando a degustarlas con la vista y el olfato hasta notar cómo se van fundiendo para deleitar a los paladares de los más exigentes.

La proximidad de la celebración del San José a la Semana Santa hacía ayer que el estradense Antonio Sanmartín tratase de robar minutos al reloj. Solo por la mañana, este confitero preparó un centenar de pequeños huevos de Pascua. Por sus manos pasarán para estas fechas 600 kilos de chocolate, que habrán de convertirse en plastilina para dar cuerpo a las creaciones más sorprendentes con las que padrinos y madrinas tratarán de dibujar la mayor sonrisa de júbilo en las caras de sus ahijados.

Pedidos desde diciembre

“Desde el Martes de Carnaval, no hay ni un solo día que no se elaboren monas de chocolate”, indica Sanmartín. Confiesa que ya al despedir los turrones de Navidad comienza a pensar cómo innovar en Pascua. La fama de sus propuestas hizo que ya en diciembre le llegasen los primeros pedidos y que estos días esté entregando monas para clientes de otros municipios, que han decidido ser previsores y anticiparse al inicio de la Semana Santa por miedo a la que la pandemia obligase a restablecer cierres perimetrales.

En Mimela ya no se cogen estos días encargos especiales. El quehacer se centrará en los diseños ya programados, que este año apuestan por el tirón de los youtubers de moda, la última entrega de Play Station, Harry Potter, Star Wars o un clásico que nunca falla: Mickey Mouse. Tampoco faltan los castillos y casitas de chocolate, estadios de fútbol como el del Real Madrid o balones decorados con emblemas que levantan pasiones entre los más futboleros.

Padrino, regálame un castillo

La imaginación no tiene límites y la ilusión, tampoco. Es por ello que se despachan estos días monas de chocolate para todas las edades. Algunos padrinos las compran, incluso, antes de que nazca su ahijado, dando lugar a la foto de esta dulce escultura ante la barriga de una embarazada. “Y luego vienen señoras muy mayores que se la regalan por Pascua a sus ahijados que superan los 50 años”, apunta Antonio Sanmartín. En este caso es más habitual que la madrina se lleve un combinado de huevo de chocolate y rosca.

De este obrador saldrán para esta Semana Santa más de 300 figuras y por encima del medio millar de huevos de Pascua, los pequeños de 250 gramos y los más grandes de mñas de un kilo. Después están las roscas. En Mimela se hornearán unas mil. “Un alto porcentaje de clientes se lleva las dos cosas”, apuntan. Padrinos y madrinas orgullosos saldrán por la puerta durante los próximos días con sus paquetes listos para entregar. Además, algunos se llevarán el Domingo de Ramos el ya famoso trampantojo de Mimela. La pieza simula un huevo cocido. Por fuera es chocolate y, por dentro, una mousse de coco rellena de mango a modo de clara cocida y yema líquida. Un dulce engaño a la vista.

A más

“Cada día hay más”, expone Juan Suárez Carbia, desde la Pastelería París de Lalín. Asume que la rosca es protagonista de la Pascua en la capital dezana y que todavía son muchos los que apuestan por regalar el huevo de chocolate. Sin embargo, en este establecimiento, que abrió sus puertas en Deza hace más de tres décadas, las monas de Pascua ocupan cada vez un lugar más destacado. Este año moldearán 100 kilos de chocolate para crear casitas, balones y un sinfín de animalitos. Es todo trabajo propio y artesanal, con muchas horas de dedicación, desde el templado del chocolate, hasta la aplicación de colores a la materia prima, moldeado y montaje.

Muchas de las monas están ya reservadas para los padrinos más previsores. Es una tradición dulce que se abre cada vez más espacio en el mercado. Es arte pensado para saborear. Hasta el último bocado.

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