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Los emigrantes de la zona aún hacen las Américas

Más del 84% de los dezanos en el extranjero y el 80% de los de Tabeirós vive en este continente - La edad media de la emigración al exterior ronda los 39 años, mientras que los que se van al resto de Galicia están entre 40 y 45 - Las mujeres suponen el 52% de los casi 26.000 residentes fuera

El lalinense Manuel Montouto y su esposa Carolina Gorrín posan junto a su vivienda en Miami.

El lalinense Manuel Montouto y su esposa Carolina Gorrín posan junto a su vivienda en Miami.

Hace años que la inmigración ayuda a salvar los datos de población en diferentes lugares de la comarca. Sin embargo, los datos recogidos por el Instituto Galego de Estatística (IGE) muestra que un total de 25.951 personas de Deza y Tabeirós-Terra de Montes (incluyendo Cerdedo-Cotobade) emigraron al extranjero durante el anterior ejercicio. La cifra total emigrantes continúa con una tendencia al alza. Echando la vista hacia una década atrás, ha crecido en cerca de cinco mil personas (20.232). Si desglosamos por género, hay que resaltar que emigran más mujeres que hombres en este período. En total, entre ambas comarcas, se suman un total de 13.500 mujeres, frente a los 12.451 hombres que han salido para residir fuera.

El lugar elegido por os vecinos de las comarcas para emprender una nueva vida sigue siendo América. En detalle, del total de dezanos que han emigrado, lo han hecho a este continente un 84,99% mientras que en Tabeirós ha sido un 79,84%. Por municipios, los de Lalín, Silleda y Vila de Cruces, lo hacen por debajo de la medida, situándose entre un 83,23, 84,6 y 75,98 por ciento, mientras que en Agolada, Rodeiro y Dozón lo superan la tasa en 92,9, 92,3 y 90,43 por ciento. Los países elegidos de este continente por los dezanos son Argentina, Venezuela y Brasil, siguiendo este orden. En la comarca vecina, siguen la misma tendencia, pero con cifras más bajas. Un 79,9% de los naturales de A Estrada, escogen América para vivir, la misma cifra lo hacen los forcarecienses. En el municipio de Cerdedo-Cotobade son un 91,2% los que eligen este continente para vivir. Por países, son los mismos los que eligen, pero Brasil, tiene más éxito que para los dezanos. Por edades, de los oriundos de las comarcas que emigran a países extranjeros a partir de los 55 años, tienen por preferencia este continente. Cabe destacar que en todas las franjas de edad este alberga el porcentaje más alto.

Europa es la segunda opción que escogen los oriundos de ambas comarcas para iniciar una vida, según los datos que recoge el IGE, aunque las cifras distan en gran cantidad de las primeras. Tan solo un 14,6% de los nativos de Deza eligen este continente para emigrar, según los últimos datos que corresponden al presente año. En Tabeirós, el porcentaje sube hasta cerca de un 20%. Los dos países elegidos son Francia y Suíza, llevándose en torno a un cinco por ciento cada uno del total de personas emigrantes en cada comarcas. Detallando por edades, los naturales de las comarcas eligen este continente más gente de hasta 16 años, rondando el 18% en Deza y un 24% en Tabeirós. Le sigue en porcentaje la franja de edad de 35 a 54, con un 17% y un 23% del total de esta edad que emigra a países extranjeros.

En cuanto a la edad media de emigración hay que hacer distinción entre la interior y la exterior. La primera hacer referencia a los oriundos de las comarcas que emigran a otros municipios de Galicia y la segunda a los que se trasladan a otras comunidades autónomas o países extranjeros. En estos datos, en la comarca dezana la edad media es de 40 y 39 años, respectivamente. Cabe destacar que Silleda revierte estas cifras: La edad media en la emigración interior (40 años) es mayor que la exterior (46 años). Las mismas cifras se repiten en Rodeiro. Pasando a la comarca vecina, las cifras varían aunque se mantiene la misma tendencia. La edad media de la emigración interior (45 años) es más alta que la de exterior (38 años). En la capital de la comarca la diferencia entre ambos datos es más alta, con 44 y 36 años de edad, respectivamente.

Del otro lado están los datos de personas que residen en las comarcas y que proceden de otro municipio, comunidad o del extranjero en el anterior período De la población total dezana, tan solo un 4,73% son personas que provienen de otros ayuntamientos, comunidades o del extranjero; mientras que en Tabeirós lo hacen un 2,12%. Este porcentaje ha aumentado con respecto al año anterior. En este caso, por género, el porcentaje de hombres que inmigraron es mayor que el de mujeres en ambas comarcas. De los datos de personas foráneas que residen en Deza, el 93,6% son extranjeros, frente a un 5,4% que proceden de otros municipios gallegos. De dicha comarca, el municipio que resalta es el de Dozón, por acoger al 85% de los inmigrantes del extranjero, un 14,2% de personas que provienen de otros ayuntamientos y tan solo un 0,84% de forasteros de otras comunidades. En Tabeirós, las cifras son similares, recibiendo a un 90% de los foráneos del extranjero, frente a un 7,5% de otros lugares de Galicia y tan solo un 1,5% de personas que vienen de otras comunidad autónoma. La capital mantiene estas cifras, mientras que en Forcarei resalta por recibir a un 98,4% de personas del extranjero y 2,5 de otra comunidad, al no constar datos de las personas que llegan de otros puntos de Galicia.

En cuanto al saldo migratorio, que es la diferencia entre las inmigraciones y las emigraciones, hay diferencia entre las comarcas. Cabe explicar, que si es un número positivo, indica que el municipio o comarca en cuestión tiene más empadronamientos de personas inmigrantes y retornadas que bajas de vecinos que deciden establecerse en otros lugares. Si sale negativo, resulta que hay más emigrantes que inmigrantes. Pues bien, Deza consigue salvar los números gracias a la llegada de inmigrantes extranjeros y también de emigrantes que han decidido retornar a su municipio de origen. Los datos del IGE indican que en 2019 el saldo migratorio de Deza era de 263 (es decir, hay 263 personas más inmigrantes que emigradas). En 2018 era de 326. En la comarca vecina, los números no son tan buenos ni tan abultados. Su saldo migratorio total es negativo, de -11, pero al menos es más suave que los -31 que tenía en 2018. En Deza su cabecera comarcal, Lalín, tuvo el año pasado 675 emigraciones y 780 inmigraciones. Por eso, su saldo migratorio es positivo, de 105. De esas 675 personas que se marcharon, lo hicieron sobre todo a otros puntos de la provincia (211), a otra provincia gallega (212) o a otro punto del Estado (171). La marcha al extranjero es casi residual, con 81 personas, mientras que de fuera llegaron 291 personas, muy por encima de las 160 oriundas. También es positivo el saldo de Silleda y Vila de Cruces. En Trasdeza, se marcharon a otros enclaves 276 personas, pero ganó 447. Pero en Silleda las pautas son distintas a las de Lalín: los emigrantes escogen a otra provincia (110), y los inmigrantes son sobre todo de la misma comarca (104), por encima de los que proceden del extranjero (94).

El año pasado A Estrada tuvo 467 emigraciones frente a 452 inmigraciones, con un resultado negativo de -15. Las personas que se marchan de A Estrada deciden establecerse en otras comarcas de Pontevedra (133) o en otra provincia gallega (176). Mientras tanto, los que llegan son también de otra provincia (159) o del extranjero (111).

Vivir en Lalín que bonito é... es uno de los cánticos que más resuena en la casa de San Antonio de los Altos (Venezuela) de Guadalupe Cortizo y su hija Bárbara Martínez. A 6.680 kilómetros de la vivienda que la vio nacer y a la que sueña volver, relata sus vivencias en el país que es su casa. Desde que, hace más de cuarenta años, dejó su aldea de Bermés para hacer las Américas, su humor y fuerza la caracterizan para sobrevivir a un país en crisis. Se marchó con su hijo, Manuel Montouto, de tan solo tres años, que desde hace dos décadas reside en Miami. Ambos países están enmarcados en períodos electorales. En el caso de Estados Unidos están previstas para noviembre y en el de Venezuela, para diciembre.

Desde su casa en Venezuela, Cortizo relata apenada la dura situación que están viviendo. "No nos cuentan ni la mitad de lo que realmente sucede, nosotras aún somos privilegiadas porque nuestro alcalde informa de la realidad", señala. Explica que en el país hay varios moteles habilitados para llevar a las personas que tienen coronavirus. "Esto funciona mal, si tú toses en la calle, llaman a los militares para que te lleven allí, si no lo tenías ya lo coges a la fuerza", comenta. Su hija, explica que el confinamiento es parcial de modo que están una semana totalmente confinados y con los servicios mínimos y otra en el que pueden salir, pero las normas "no son estrictas, hay locales que tienen las puertas cerradas y gente dentro, si son de militares o políticos, o de algunos de sus familiares o amigos, pueden hacer lo que quieren", comenta Martínez. La única obligación estricta que tienen, es el uso de la mascarilla y algún control de aforo en locales como supermercado o oficinas institucionales.

Estudios retrasados

La crisis que venían arrastrando se agrava con la situación actual. Desde hace más de un año, el país sufre apagones eléctricos lo que supone un problema grave en la situación actual. "En estos cortes, los respiradores y otras máquinas de los hospitales dejan de funcionar, no entendemos cómo se puede estar así", puntualiza Cortizo. Los apagones pueden durar de tres horas en la zona y entorno de Caracas, "porque aquí viven los políticos y militares", a un día entero en áreas del interior del país. "No podemos comprar para guardar en la nevera, voy al mercado cojo carne o pescado y lo tengo que cocinar para el día o como mucho dos, porque no tenemos manera de conservarlo", resalta.

Bárbara Martínez estudia Odontología, pero a raíz de este problema lleva retrasado dos años de sus cursos. Actualmente está en el cuarto año, "pero no sé cuándo podré reanudar mis aulas, porque al ser la mayoría práctica, no podemos asistir", comenta. Añade que en el país no se ha dado marcha al curso escolar en ningún ámbito, si bien, algunas materias las están impartiendo de forma virtual, "pero son contadas".

El abastecimiento de ciertos servicios es otro de los problemas del país. Los suministros de gasolina y gasóleo están restringidos, "de forma que los militares, cuando lo consideran, cierran las bombas y no se puede ir, nosotras llegamos a hacer tres horas de colas para llenar el depósito, pero en otras zonas del país, hasta 15 días". En cuanto a los supermercados, en su zona tienen "casi de todo", por el mismo motivo que lo anterior, pero la gran sorpresa es que le han cambiado la moneda. "Desde antes del 13 de marzo, había sitios que sí te cobraban en dólares, ahora mismo, sólo se paga con esta moneda, pero sin que se haya hecho oficial esto; lo más triste, es que suben el precio lo que les da la gana, y devalúan la moneda, es el único país donde el dólar cae", resalta Cortizo.

A algo más de 2.100 kilómetros de su madre, reside su hijo Manuel Montouto con su esposa, Carolina Gorrín. "Esta situación de la pandemia a nosotros, como a todo el mundo, nos ha tomado muy desprevenidos", comenta. Tienen varios negocios de panadería-cafetería,. que tuvieron que adaptar. "Al comienzo de esta pandemia, seguí de cerca las noticias españolas pensando en que todo quedaría en un mal rato, pero no fue así, no solo se volvía más real, sino que llegó a nuestras puertas", comenta. En Miami a pesar de que fue lento los primeros días por falta de información y conocimiento, después todo pasó muy rápido. "Una paralización a todo nivel". A partir de aquí se les complicó la situación en sus negocios, "cerrar al público, abrir parcial, solo envíos a las casa, empleados en pánico y nosotros sin saber qué responder, ya que estábamos con las mismas interrogantes que ellos", resalta. Monotuto y su mujer solo salen una vez de su vivienda para revisar los negocios y hacer la compra, evitando cualquier contacto. Los negocios que tienen "se afectaron en algunos a niveles de una merma en ventas de hasta un 60%", puntualiza. Añade que tuvieron que hacer una reducción de horario a los empleados hasta más de la mitad y crear sus propios protocolos. Además, sufrieron otros problemas como el aumento de materia prima de hasta un 30% los cárnicos y fluctuaciones de semana a semana del resto de los productos.

Retorno aplazado

Ante la crisis que estaban viviendo, tuvieron que buscar ayuda con los arrendadores, "pero la mayoría se negaron, sosteniendo que estaban en la misma situación", comenta. Tras meses de incertidumbre el gobierno les ha dado subvenciones tanto a nivel personal como profesional, "eso nos ha ayudado mucho, para que los empleados estuviesen tranquilos y a nosotros nos sirvió para continuar trabajando con algo más de fuerza", relata.

Lo que más echa de menos es el contacto con la gente, "ese adivinar si hay una sonrisa o que gesto ahí debajo de esas mascarillas, haciendo reuniones familiares y de amigos de forma virtual, sufriendo una separación física entre nosotros, hispanos, que nos es inconcebible; no sabemos cómo es tratarnos con tanta frialdad". Acostumbrado a viajar y visitar su tierra natal, extraña a su familia. Hace un año y medio, tenía previsto viajar a Lalín y encontrarse aquí con su madre, pero finalmente no pudo ser y solo llegó Lupe. Aplazó el viaje para este año, en abril, pero la pandemia, en esta ocasión, también impidió su visita al que siempre será su hogar.

Actualmente están tratando de volver a la normalidad en todo el país, "y nosotros volviendo a abrir los negocios, pero con el miedo a que los vuelvan a cerrar, pero tratamos de seguir con la misma fuerza e ilusión que un principio; estamos creando conciencia de lo que tenemos y apreciando mas las pequeñas cosas de damos por sentadas y esperando que con lo que vivimos todos seamos mejores personas", concluye.

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