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El taxi no hace carrera

La escasez de clientela dibuja un panorama sombrío en el sector tanto en Deza como en Tabeirós-Montes con una bajada importante de servicios, en especial desde el rural

Parada de taxis en la confluencia de las calles Ramón Aller y Colón de Lalín. // Bernabé/Javier Lalín

Parada de taxis en la confluencia de las calles Ramón Aller y Colón de Lalín. // Bernabé/Javier Lalín

El sector del taxi se desmorona con la crisis del coronavirus. La pandemia a reducido de forma notable el trabajo de unos hombres y mujeres que están comprobando cada día como el trabajo escasea. Santi López es un joven taxista de Silleda que ayer mismo explicaba que "hasta que no abran hostelería o aeropuertos seguimos exactamente igual". También incidió en la importancia de estar preparado para afrontar una labor como la suya con todas las garantías: "Ayer (por el miércoles) me fui a hacer un PCR -no tengo síntomas ni nada- pero quiero confirmarlo porque tuve que hacer servicios con gente que no conocía". López desveló que "llevo desde el inicio del confinamiento trabajando y debí de hacer unos diez servicios en estos dos meses. Todo está muy parado e incluso hay compañeros que, por ejemplo, no usan mascarillas. Trabajar sí, pero siempre contando con toda la seguridad posible. Así es como entiendo mi trabajo".

Por su parte, Lalín tampoco es una localidad ajena a este descalabro del taxi desde que se inició el estado de alarma debido a la brusca irrupción del Covid-19. Alberto Fernández se mostró muy pesimista al pedirle su opinión al respecto: "Seguimos igual que antes, con un poco más algún día, pero es lo mismo de lo mismo. Alguna consulta en Santiago, visita a los bancos, y gente que viene al pueblo a la farmacia al súper, que es lo que había antes de la cuarentena". También recordó que en todo este tiempo "ni al aeropuerto de Santiago ni tampoco a los hospitales se va casi nada también desde hace un tiempo. Estamos los mismos con servicios mínimos igual que cuando empezó el estado de alarma. El servicio lo tenemos cubierto pero son los clientes los que desgraciadamente no aparecen".

Sin abandonar la comarca dezana, algunos taxistas no han tenido otro remedio que diversificar su cometido para sobrevivir en estos tiempos tan complicados. Tal es el caso de Cruz Fernández, que en Vila de Cruces compagina el servicio del taxi con el de transporte gracias al establecimiento de alimentación que también posee en la localidad. Fernández señaló que "los taxistas estamos muy mal porque apenas hay viajes. Nosotros aún vamos trabajando algo porque tenemos un súper y entonces puedes trabajas algo llevándole mercancía a la gente". La taxista cruceña también subrayó que "a Santiago, que es donde está nuestro hospital de referencia, la gente no va porque llaman a los médicos para anular las citas y por urgencias tampoco nada porque van las ambulancias. El sector del taxi cae en picado".

Gastos sin cubrir

El caso del taxi en A Estrada es muy similar al de lo sucedido en tierras dezanas. También aquí el descalabro es patente por una alarmante reducción del trabajo. Miguel Ángel Valiña hablaba ayer desde la parada del municipio asegurando que en la nueva fase de la desescalada todo es "más de lo mismo, es decir, cero total. La mitad de las citas que tenían hospitales como el Clínico, a donde nosotros solemos ir, están anuladas. Igual un día haces dos viajes como después te echas cuatro o cinco días sin hacer absolutamente nada. Hoy (por ayer) llegué a las nueve a la parada y del teléfono que tenemos en ella no salió ningún viaje, y eso es algo muy continuado".

Valiña también aludió a efectos colaterales de esta crisis que influyen en la bajada paulatina de las carreras. En este sentido, manifestó que "aún por encima hay gente en casa que está parada con el tema de los ERTE y, como tienen coche en casa o se pueden mover con sus familiares, utilizan esos mismos coches si tienen que venir a por una receta a la farmacia o a hacer compras". Como pasa también en otros puntos de las comarcas, este taxista estradense incidió en la importancia de los servicios entre el casco urbano y la periferia del municipio. Miguel Ángel Valiña explicó que "nosotros prácticamente vivimos del rural, del cliente de las aldeas cercanas. Al final, nada de nada. Realmente a nosotros todo esto nos afectó al 90 por ciento de nuestro trabajo. Yo no gano para gastos, por supuesto." Y también destacó el hecho de que "tampoco no hay ningún bar abierto porque en A Estrada no tienes donde tomarte un café y todo eso influye. Vienes aquí y esto parece un auténtico desierto". Tanto él como el resto de sus compañeros necesitan una salida a una situación que sólo podría recuperarse con el regreso a la normalidad de siempre.

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