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Javier Lojo: "Nuestro montaje es una obra de mujeres, con mujeres pero para todos los públicos"

"La dirección siempre es difícil porque al final tienes que luchar, en el mejor sentido de la palabra, con aquello que parece simple"

Javier Lojo, junto al resto del elenco artístico de "Cinco mulleres que comen tortilla".

Javier Lojo, junto al resto del elenco artístico de "Cinco mulleres que comen tortilla".

El Salón Teatro de Lalín estrena hoy, a las 21.30 horas, una obra diferente. La compañía viguesa Señora Supina pone en escena Cinco mulleres que comen tortilla, adaptación de 5 lesbians eating a quiche, una obra de Evan Linder y Andrew Hobgood que triunfó en el Off-Broadway neoyorquino. Alguna crítica ha dicho de esta pieza que "está cocinada a base de absurdo, regada con un generoso chorro de lesbianismo -el título original ya desvela este componente central del espectáculo- y con un toque importante de estética retro" (Notodo.com). Javier Lojo dirige sobre las tablas lalinenses a un elenco formado por Nola Drake, Raquel Ferraz, Alba Outeda, Laura Quintas y Gabi Modesto.

-¿Por qué eligió un texto como el de Hobgood y Linder para el debut de Señora Supina?

-Nosotros partimos de una dificultad: somos una compañía con cinco actrices y encontrar textos para cinco mujeres es muy complicado. Nos fijamos principalmente en textos relacionados con la comedia porque queríamos enfocar nuestra primera obra hacia el entretenimiento con un toque diferente. Encontramos este texto, que sabíamos que había triunfado de forma merecida en Broadway, y nos pareció excelente, especialmente porque tenía mucho compromiso social.

-¿Un texto ambientado en plena Guerra Fría puede ser contemporáneo y de rabiosa actualidad?

-La obra está escrita hace menos de diez años y se desarrolla en 1956, pero no deja de tener muchos paralelismos con los miedos que puede haber hoy en día. El fascismo también está muy presente en cierta manera, como pasa hoy en día que nos acecha. Y sobre todo la nueva moralidad que tenemos a día de hoy que también podemos emparentarla a la que había en los años 50 en América, donde la mujer tenía un papel meramente testimoninal de belleza, de esa idea de voy a montar mi casa con todos los mejores electrodomésticos del mercado para que mi mujer me cocine. Esa idea es el punto de partida de esta obra y, precisamente, lo que queremos es romper con ella, como se está haciendo hoy con muchos estereotipos.

-¿La calificaría como una obra de mujeres o todo lo contrario?

-Es una obra de mujeres, con mujeres pero para todos los públicos. Podemos decir que el público que se sienta en las butacas en esas mujeres que están encima del escenario. De hecho, cuando entra el público al teatro las actrices los reciben y les ponen una pegatina con el nombre, y son todos nombres típicos norteamericanos de aquella época de los años 50. De esta forma, cada espectador se convierte en una hermana más de la Sociedad de Susan B. Anthony das Irmás de Gertrude Stein. La obra se centra en el día concreto en que se reúne esta sociedad para celebrar el concurso anual de tortillas, que es el epicentro de todos los actos de cada año en este curioso colectivo femenino americano.

-¿Cómo de específico es dirigir a un elenco exclusivamente compuesto por actrices?

-Yo creo que la dirección siempre es difícil porque al final tienes que luchar, en el buen sentido de la palabra, con aquello te puede parecer muy simple, muy directo. Se trata de romper con lo fácil e intentar llegar a lo profundo, en especial en un texto como el que hemos elegido. La obra se puede presentar como una comedia ligera, pero que tiene un trasfondo muy claro y, también, muy comprometido. Date cuenta de aparece la homosexualidad en la mujer, el papel de la mujer en la sociedad actual, y en este caso concretamente con el papel de las mujeres lesbianas. De todas formas, tengo que reconocer que trabajar con Nola Drake, Raquel Ferraz, Alba Outeda, Laura Quintas y Gabi Modesto, con las que me une una gran amistad y una relación muy larga, es un auténtico placer. Si tengo que reconocer y decir que nos hemos peleado mucho y los ensayos han sido duros porque hemos discutido de muchas maneras pero básicamente sobre cómo afrontar el texto. Ha habido muchos dramas, y yo creo que los dramas que hemos podido tener durante el proceso han hecho que esta comedia tenga tanta gracia y enganche tanto al público porque bebe directamente del histrionismo puesto en práctica durante los ensayos previos.

-¿La ambientación en los años 50 encareció el montaje?

-Al ser una compañía nueva no contábamos desgraciadamente con subvenciones, como casi todas las compañías actuales, y hemos afrontada toda la producción partiendo de cero. Sí tengo que reconocer que no ha sido barato porque somos jóvenes y estamos emprendiendo. También es cierto que nos vino muy bien llevarnos el segundo premio del certamen Xuventude CREA de 2017 dentro de la modalidad de teatro con esta obra, lo que nos permitió apostar por un diseño escenográfico más sólido y más nuevo. Sobre todo, nos sirvió para apostar por la caracterización, el vestuario, y demás elementos de ambientación.

-¿Tiene Señora Supina algún proyecto nuevo en ciernes?

-Estamos ya dándole vueltas a futuros proyectos. No sabemos todavía por donde vamos a seguir, aunque la línea de la compañía la tenemos muy clara porque queremos seguir haciendo comedia que sea principalmente muy participativa con el público. Este montaje cumple con todas esas premisas y nos gustaría que el resto de proyectos de Señora Supina mantengan esa línea. De todas formas, sobre la mesa tenemos varios proyectos que queremos ponerlos en marcha.

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