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balonmano - Liga Asobal

Muratovic, el goleador reinventado

El montenegrino, de 38 años de edad, alcanza los 1.301 tantos después de diez temporadas en Asobal

Alen Muratovic en su primera etapa en Cangas, en 2004. // Miguel Núñez

Alen Muratovic en su primera etapa en Cangas, en 2004. // Miguel Núñez

"¿De verdad que he marcado tantos goles? No lo sabía, es una sorpresa para mí y un número que no está nada mal", asegura con ese punto de inocencia que siempre lo ha acompañado. Alen Muratovic ha superado la mágica cifra de 1.300 goles en la Liga Asobal (atesora 1.301), lo que lo sitúa entre los 25 mejores realizadores de la historia de esta competición, y aún en un puesto más alto por media de tantos por temporada: 130. Una cifra que en este selecto grupo solo mejoran dos excangueses como Oleg Lvov (147,45) y Juan Francisco Alemany (140,20), además de Davor Cutura (132,64).

Diez años en la Asobal contemplan a este montegrino que dejó un excelente recuerdo en Valladolid (donde estuvo tres temporadas) pero cuya vida deportiva siempre se asociará al Frigoríficos del Morrazo. Fue el club cangués quien lo descubrió en el Lovcen Cetinje para vivir dos grandes años culminados con la primera clasificación europea de los gallegos. Y volvió a ser el Cangas el que lo convenció para que, tras una forzosa retirada por una gravísima lesión en su hombro derecho, regresase a las pistas. Desde entonces han pasado cinco años. "Nunca me podría haber imaginado estar tanto tiempo en el Cangas. Sales de tu país por trabajo y no sabes qué va a pasar. Yo vine aquí con hambre porque jugar en España era un lujo. Me recibieron muy bien y yo lo di todo. Tuve mucha suerte de que este fuese mi primer equipo y ahora tengo aquí a mi mujer y a mis dos hijos", afirma el balcánico.

Retirada y regreso

Atrás queda esa terrible lesión que impidió que triunfase en el Flensburg alemán y que lo obligó a dejar un deporte al que se reconoce enganchado. Pero en 2013 volvió a picarle el gusanillo. Comenzó a entrenar con el Frigoríficos y se decidió a probar fortuna. Lo hizo jugando gratis ese primer año y demostrando que Muratovic era algo más que un poderoso lanzamiento de larga distancia. "No puedo lanzar como antes. Tengo que chutar en situaciones claras, hacer otras cosas, pero lo importante es ayudar al equipo", dice, antes de apuntar que los 1.300 tantos "son sorprendentes en alguien que dejó el balonmano". "Estoy muy contento a nivel personal y ahora no sé si podré batir el récord de Suso Soliño [con 1.411 goles]", añade entre risas. El lateral izquierdo del Frigoríficos asume que la lesión le ha hecho reinventarse y convertirse en un jugador más completo. "Antes prácticamente me limitaba a chutar y de vez en cuando podía dar algún pase al pivote. Ahora, con menos lanzamiento, soy más completo, hago más fijaciones para los compañeros, un juego más colectivo. La lesión me ha dado más variantes en la pista", señala.

Lo que nunca ha perdido es la sonrisa, esa alegría que transmite jugando. "Lo vivo de forma distinta a otros jugadores, yo lo disfruto mucho, aunque a veces salgan las cosas y otras no. Y me encanta nuestra afición, que nos da un plus", asegura. Su gen competitivo no pasa desapercibido para los rivales e incluso Xavier Pascual, "Pasqui", glosó su figura como un ejemplo de profesionalidad tras el choque entre el Frigoríficos y el Barcelona. "Escuchar algo así de un entrenador de un equipo tan grande es bonito y me hace muy feliz. Yo solo ayudo con lo que puedo, aunque con la edad todo me va a costar más", manifiesta.

Su papel en el Cangas no se restringe a la pista, sino que fuera de ella ejerce como una influencia positiva para los jóvenes. "Siempre hablo con ellos, con David Iglesias mucho porque juega en mi puesto, pero él, Pablo Castro y Filip Vujovic son nuestro futuro. Podrían ser mis hijos [risas]", asegura, antes de apuntar también que "poco a poco van a llegar porque en un par de años serán ellos los que tengan que llevar el peso del equipo. Tienen que trabajar porque estar en la Asobal es un lujo para los jóvenes".

La presencia de Pillo como técnico es otro aliciente para un Muratovic que recuerda que "es el entrenador con el que he estado más tiempo, cinco años, y me parece que solo ha sido uno porque ha pasado todo tan rápido... Para mí es muy importante tenerlo porque sabe cuándo debe darme descanso, cuando sacar a la pista. Y para los jóvenes es un lujo tenerlo. Ojalá que siga hasta que él pueda". En su caso, a los 38 años de edad, no se marca plazos para la retirada. "A final de temporada veré como estoy y decidiremos", sentencia.

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