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baloncesto - Liga EBA

El baloncesto sin mí

“Lo echo de menos en el día a día”, confiesa Jenaro Alonso, entrenador del PBB, sobre Daniel Vázquez, el gran capitán porriñés, que se ha retirado tras 35 años de carrera

Daniel Vázquez, en el Centaurus Box de Puxeiros. Ricardo Grobas

Daniel Vázquez ya estaba en los años noventa, cuando el Pescanova Porriño soñaba con el cielo; un juvenil imberbe, esquivando codazos. Seguía allí cuando la muchachada se mudó al nuevo PBB, en el revuelo de las deudas. Jamás se movió en las décadas que siguieron, de sufrimientos e ilusiones. Ha podido disfrutar del ascenso a EBA y de las sucesivas permanencias. Ha cobijado bajo su ala a tantas generaciones. Daniel Vázquez, humor y cicatrices, ha abandonado el escenario entre aplausos. Comenzó a los 7 años y se ha retirado a los 42, ya 43, más vencido por las lesiones que por la edad. “El baloncesto me lo ha dado todo, aunque también he conocido su lado amargo”, resume, sostenido sobre un cruzado roto. Dani, Goofy, Capi, el gran líder porriñés, se ha ausentado pero permanece. Se entiende de quien afirma sobre la plantilla: “Son mis amigos”.

Daniel Vázquez, de niño, con el dorsal 8 (Javi Rodríguez es el 12y Dani Nieto, el 13).

Porriño se encarna en Daniel Vázquez, incluso en su ida y vuelta. De nacimiento louriñés, se pasó dos años de infancia en Asturias y otros dos en Cantabria por obligación laboral de sus padres. Cuando regresó, se anotó en las ligas que organizaba el círculo cultural de la localidad. Era un niño alto, energético, interesado en varios deportes. Le sedujo el baloncesto. El pabellón municipal se había inaugurado poco antes. “Mira qué bien, no me mojaré”, se recuerda pensar. Quique fue su primer entrenador.

Aquel niño estiró hasta su 1.98 actual, superando la criba de las encrucijadas y las circunstancias. Era cadete o juvenil, no acierta a precisar, cuando debutó con el Pescanova de Julito Cuevas o Félix Muñoz, que dirigía Suso Silva; “mítico”, califica a aquel conjunto, devorado a la postre por su propia efervescencia. Lo combinaba con el filial cuando se sustanció el relevo institucional con el PBB.

Otro ciclo y otro siglo, en el que siempre ha ejercido como referente. “Poco a poco la gente se va cayendo o retirando”, describe. De repente miras a tu alrededor y nadie queda de los que iniciaron contigo el camino. “Yo siempre le decía a Jena que lo dejaría cuando no me divirtiese. Mi suerte es que siempre he tenido un cuerpo técnico y unos compañeros insuperables. Y yo he sido tan niño como ellos. He colaborado en el buen ambiente. Siempre procuré lo positivo, independientemente de los resultados”.

Jena es Jenaro Alonso, el actual entrenador del PBB. Una figura capital en su carrera. Entró en el club hace 18 años. Lleva 17 ligado al primer equipo; al principio, como ayudante de Miguel Abella o Darío Méndez. Ya como responsable principal desde hace más de un lustro. “Dani es de diez. No se puede definir de otra forma. Me ha ayudado en todas las situaciones. Es el mejor capitán que he tenido”, concreta. “Siempre se ha preocupado de tener una palabra, un gesto o una pausa para que todo se recondujese. La convivencia a veces es dura. Son muchas horas. Él siempre utilizaba esa broma que resolvía la seriedad de la situación”. Daniel detalla: “He querido contagiar mi carácter a los jóvenes, que a veces llegan muy verdes. Mi objetivo era que se soltasen”.

Como jugador, ha destacado igualmente por su sentido colectivo. Ha sido un ala-pívot zurdo de gran lectura defensiva y excelente físico, “más preocupado de que sus compañeros anotaran que de sus propias anotaciones”, refleja Jenaro. Daniel abunda: “Siempre adapté mi juego a las necesidades del equipo. Jamás me he fijado en mis estadísticas. Es como lo entiendo. Me he sentido cómodo realizando ese trabajo más oscuro”.

Daniel había resistido al paso del tiempo amparado en su “genética privilegiada y lo mucho que se cuida”, explica Jenaro. El crossfit apareció en el menú de su preparación hace algunos años. Pero no existen fórmulas mágicas contra los percances. En la pretemporada de 2019, en el entrenamiento previo a la final de la Copa Galicia, cayó sobre el pie de un compañero y se rompió los ligamentos del tobillo derecho. Se esforzó para reaparecer pero la pandemia limitó su campaña a un puñado de partidos. En el pasado ejercicio, tras el segundo partido, notó un pinchazo en la rodilla derecha y supo enseguida que la avería era seria. En esa misma articulación se había roto el cruzado y la plastia que lo había remendado 17 años antes. Las pruebas certificarían la tercera rotura.

“Fue además un año triste, al jugar sin público. La afición es indispensable para el PBB. Nos da un 20 por ciento más de nuestra capacidad. Todo eso me ayudó a plantearme dejarlo”, consigna. De momento mantiene la rodilla estable gracias a su fortalecimiento muscular. “Puedo hacer vida normal. En el crossfit he encontrado un relevo, con un compañerismo igual de bueno. También practico HIIT, algo de trail. Solo tengo que evitar los giros. Igual me da un vuelco la cabeza en unos meses, pero mi idea actual es no operarme”.

Daniel se siente colmado en sus aspiraciones. A nivel competitivo, ansiaba disputar la EBA con el PBB. Lo logró encadenando además varias permanencias. “Debuté en esa categoría con la misma ilusión que cuando entrenaba en LEB 2 con el Pescanova”, asegura. “Era el culmen. Ascendimos como invictos. Nos merecíamos disfrutar todos juntos de esa experiencia. Nadie creía en nosotros y fuimos la sorpresa”.

“Nadie daba un duro por nosotros”, confirma Jenaro de esa irrupción en la EBA en 2018 con la misma plantilla que en Autonómica. “Hemos dispuesto de un grupo humano de matrícula de honor, con Dani de capitán. Todo el mundo ha disfrutado, con el pabellón lleno, y él con nosotros. Me siento muy orgulloso de haber pertenecido de alguna manera a esa faceta de su vida. Lo considero mi amigo”, confiesa.

No oculta Jenaro su añoranza: “Esto ha sido un proceso mutuo de crecimiento. Lo echo mucho de menos en el día a día; no tenerlo para hablar, echar unas risas... Una parte de mi corazón está con él”. Dani advierte, no obstante, que sigue ligado al PBB, aunque desde un segundo plano: “Ejerzo de capitán en la sombra. Le intento dar mi opinión a Jenaro en las cosas que me pueda preguntar y los compañeros todavía levantan el teléfono y me comentan temas de vestuario. Procuro echar una mano”.

Desde esa posición está pudiendo disfrutar de un arranque espectacular: cinco victorias en otros tantos partidos. “Somos un equipo de pueblo, de barrio, sin fichajes. Hemos perdido a Dani, Jorge Cabaleiro, Iván Losada, Víctor... Estamos a un nivel espectacular pero es muy pronto”, avisa el entrenador. Daniel le dirige sus elogios: “Jenaro tiene un don. Hay que quitarse el sombrero con todos”.

Daniel Vázquez, en lo civil, asume el proceso de adaptarse a una existencia sin baloncesto. Esa pasión que ha condicionado su agenda desde que tiene memoria.

–Es solo un hobby –le decían sus amigos, cuando organizaban fiestas o viajes a los que él no podía acudir.

–No lo es. Me comprometí y no le puedo fallar a este equipo –replicaba.

“Ahora estoy aprovechando para vivir lo que no había podido vivir. Necesitaba un descanso, una desconexión”, reconoce, aunque resignado a caer en la tentación: “Veo los partidos de fuera online y los de casa desde la grada, donde se sufre más. Jenaro me ha dejado las puertas abiertas. De momento necesitaba tiempo para mí, pero no puedo decir que no. El PBB es una piña, una familia”. Y la familia es eterna.

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