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atletismo

La eternidad en cada instante

Alejandro Gómez aprovecha la recesión temporal de su tumor para disfrutar los pequeños goces de su rutina diaria

Abel Caballero recibió a Alejandro Gómez en su despacho el pasado 24 de julio. La pandemia había retrasado sin fecha concreta la gala de Vigueses Distinguidos, que suele celebrarse entre marzo y abril. Para Alejandro se organizó apresuradamente un acto personalizado. Galopaba el tumor cerebral inoperable que le habían diagnosticado en junio. Al final, la radioterapia y la medicación han frenado su progresión. El olímpico podrá asistir a la ceremonia colectiva este sábado en el auditorio Mar de Vigo. "Vigués distinguido dos veces", bromea. "Es un honor. Lo valoro", agradece. Entre tanto, se dedica a vivir atando cabos y paladeando instantes, entre lo rutinario y lo excepcional, sin otro horizonte que cada madrugada.

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Alejandro Gómez sigue en la pelea

El bulto maligno sigue ahí, incrustado en su cabeza. Lo tuvo encamado en el Cunqueiro o postrado en silla de ruedas si quería moverse. Alejandro anunció su situación. Se casó con su novia de años, Paula. Arregló papeles. Repartió adioses. El tiempo se le agotaba a puñados. Se sometió entonces en el Meixoeiro a diecisiete sesiones de radioterapia de intensidad modulada en una de las máquinas donadas por Amancio Ortega al Servicio Galego de Saúde. La mejoría ha sido notable, aunque con una recaída puntual hace tres semanas. Fue por la inflamación que la propia radiación había provocado. La situación ha podido controlarse gracias a los fármacos -con la dexametasona, un potente antiinflamatorio, como producto básico- El tumor, de más de cuatro centímetros, se ha reducido a la mitad. "De ahí la mejoría espectacular en la calidad de vida", explica su psicóloga, Delfina Vicente. Alejandro, que no podrá someterse a un nuevo ciclo de radioterapia hasta dentro de un año, disfruta de ese letargo. Lo que dure tal situación, sin previsiones ni más plazos que la siguiente analítica.

"Mi estado de salud es el de una persona enferma, pero aun así intento pasar el día a día lo mejor posible", explica el atleta. La dificultad más aparente en esta fase es la notable pérdida de visión en el ojo derecho, que lleva tapado con un parche por mejorar la perspectiva. "Vivo sabiendo lo que tengo, pero con normalidad, luchando. En estos momentos me siento afortunado. Soy independiente y puedo hacer cosas por mi cuenta. Eso es importantísimo".

Alejandro duerme con regularidad e insiste en levantarse relativamente temprano, entre nueve y nueve y media. Realiza sus ejercicios de psicología y fisioterapia. En su casa de Zamáns le han organizado un pequeño gimnasio, con barra, bicicleta estática, balón... Puede escribir, leer y pasear junto a sus perros -su perra Bianca está a punto de parir una camada-. Recibe las visitas que se hayan calendado. "Veo a quien quiere venir. Si me avisan con tiempo, yo estoy en casa. Las mañanas son más dinámicas que las tardes", resume, aunque ya cae el sol cuando acude a una de las citas que más le ilusiona. Alejandro Gómez llevaba años colaborando en la preparación física del equipo femenino de la U.D. Mos. Revelarle su estado a las chicas se contó entre lo más doloroso y emotivo. Poder retomar esa actividad figuraba entre sus prioridades incluso cuando todavía estaba hospitalizado. Y ha sido capaz. Acude con puntualidad a los entrenamientos en martes, jueves y viernes.

"Es una agenda estructurada, pero flexible y revisable siempre", explica Delfina Vicente. Quienes rodean a Alejandro buscan en esa planificación "calidad de compañía, calidad de experiencias, calidad de vivencias". Con un ritmo equilibrado, sin agobios ni recesos prolongados. Cada jornada es un tesoro precioso e irrepetible. Él concreta: "Todo depende de cómo se ponga el día y cómo me encuentre yo.". Admite: "Echo de menos la libertad de antes".

De esas rutinas forman parte Paula y la madre de Alejandro, Amelia, de edad avanzada. "La familia está fuerte, contenta en el día a día", asegura su psicóloga, que destaca: "La situación es dura, pero Amelia sabe poner buena cara". El olímpico conviene: "Imagino que están nerviosos por el tema que me toca vivir, pero mientras me vean moverme por ahí... Es la fortaleza que tiene uno".

Lo cotidiano se trufa con actos especiales. Lo fue el reconocimiento que le tributó la Federación Gallega de Atletismo en el Hotel Coia. "No soy partidario de los homenajes, pero tengo que agradecer a la gente que se ha acordado de mí. Mientras que pueda estar allí, cumpliré", promete. Por eso participará en esa gala de Vigueses Distinguidos, que Delfina quiere que Alejandro y Paula disfruten "como una pequeña fiesta", aunque la meteorología no acompañe. Porque también cada gota de lluvia se puede acunar en la piel como un milagro. Alejandro asume sus postrimerías con asombro por lo menudo, que es lo esencial, a la vez que con ese estoicismo que tan propio es de su carácter: "Esto tenía que llegar más tarde pero llega cuando toca".

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