02 de junio de 2013
02.06.2013
Celta 1 - Espanyol 0 

El Celta vive una noche de gloria abrazado a su afición

El equipo vigués logra la salvación gracias a un sufrido triunfo sobre el Espanyol y el tropiezo del Deportivo ante la Real Sociedad - Insa marcó el gol del triunfo cuando se llevaban quince minutos tras aprovechar una gran jugada de Iago Aspas - A los de Resino les costó gestionar las emociones desde el momento en que se vieron salvados - Desaprovecharon ocasiones para sentenciar en el segundo tiempo y los barceloneses mantuvieron sus opciones

02.06.2013 | 11:07

Eran las once menos diez cuando el grito de felicidad del celtismo lo ocupó todo. El desahogo de los que nunca dejaron de creer, incluso cuando peor estaban las cosas hace solo dos semanas. El Celta logró la salvación tras una noche de gloria, vivida con el corazón en la mano. El equipo de Abel Resino se impuso al Espanyol en un partido sufrido -difícil de manejar desde el punto de vista emocional-, y que sumado a la victoria de la Real Sociedad en Riazor permitió la agónica supervivencia de un grupo de jugadores que jamás perdieron la fe empujados por una afición fiel y entregada que ayer no les dejó de alentar ni un instante.

Los vigueses conocían su trabajo. Lo demostraron desde que pisaron el terreno de juego. La idea era empujar desde el inicio, marcar antes que los rivales para ganar también la guerra psicológica de la noche. Y así fue. En el minuto 15 apareció en escena Aspas para saldar una cuenta pendiente con un viejo adversario: Diego Colotto. Con el argentino libró combates memorables, siempre perdidos, en los derbis contra el Depor. En ese instante sublime se desquitó a lo grande. En un contragolpe se encontró con el central en el costado del área y se lo quitó de encima como quien aleja un mosquito de su lado. Un regate eléctrico, natural que dejó tirado al del Espanyol. Aspas levantó la cabeza y puso el balón atrás, en ese punto de penalti que nadie vigila. Por allí apareció Insa como doce meses antes lo hizo en Lleida para colocar el balón lejos del alcance de Casilla. Un golazo acorde con su importancia y que hacía justicia al despliegue que los vigueses habían ofrecido en esos primeros quince minutos, un cuarto de hora lleno de intensidad pero sin ningún exceso. Seis minutos después llegaría algo parecido al éxtasis. Atronó Balaídos por el gol de la Real Sociedad en Riazor y los célticos no pudieron aislarse de semejante carga de emotividad. Están muy bien las charlas previas, las declaraciones sobre cómo manejar las situaciones de los días antes, pero algo muy diferente es la respuesta que los jugadores dan en el campo. A los de Resino pasaron a temblarles las piernas porque por primera vez sintieron que tenían algo que proteger. Es la prueba de que esta temporada el Celta ha respondido mejor cuando se ha sentido liberado, cuando no tenía nada que guardar y se ha sentido a un paso del infierno. Se vio en Valladolid y ayer hasta que marcó la Real Sociedad. Con el equipo hecho un manojo de nervios y su centro del campo metiéndole prisa a jugadas que pedían calma y posesión, el Espanyol asomó de forma frecuente por el área del Celta que encontró un héroe en una criatura de 17 años al que las circunstancias han obligado a situar bajo los palos en un momento trascendental de la temporada. Rubén Blanco sacó tres remates de los barceloneses con la madurez de quien lleva diez años en la élite. Su respuesta contrastaba con los nervios de quienes le rodeaban y en esos momentos delicados el Celta se agarró a las condiciones de un juvenil. Extraordinario. Uno de esos sucesos sorprendentes que han tenido lugar en una temporada difícil de describir. El comportamiento de su imberbe arquero sostuvo a los vigueses que en los últimos minutos fue capaz de entender que la posesión en el fútbol se inventó para algo. Volvieron los medios a intervenir en el juego, a estirar las posesiones, para empujar al equipo a la caseta con un mínimo de posibilidades.

Lejos de serenarse el descanso agitó aún más los ánimos, la situación fue a peor. Imposible aislarse de la tensión que rodeaba el campo, de la excitación que había despertado el gol de la Real en Riazor. El Celta se sintió fuerte gracias a la solidez de su defensa -la mejor línea del partido- porque a partir de ahí se desató el caos. Los de Abel corrían demasiado, pero ninguno de los jugadores sabía muy bien por qué. La posesión duraba apenas unos segundos, se buscaba en exceso el uno contra uno en jugadas que no lo pedían. A eso se sumó el empuje de un Espanyol que se fue de forma decidida a por el Celta al que no hacía gran cosa para asustarle. Fueron momentos de evidente zozobra que siguieron poniendo a prueba la templanza de Rubén Blanco, siempre inspirado, y el aplomo de los centrales. Lo que sucede es que el paso adelante del Espanyol abrió muchas puertas a sus espaldas. El partido, la vida, estaba en aprovechar una de ellas. El problema es que el tiempo pasaba, los piernas pesaban y el infierno estaba a solo un gol de distancia. Esa era la clave. Abrir una distancia que permitiese respirar y volver las pulsaciones a su sitio. Pero el Celta tampoco estaba inspirado en ataque. Iago Aspas falló una ocasión de libro cuando Madinda -que fue el primer cambio introducido por Abel para dar un poco de aire al grupo- le dejó mano a mano con Casilla. El moañés se atrancó. Toda la inspiración que le sobró en el gol de Insa le faltó en ese instante. Remató contra el guardameta y en Balaídos comenzó a rondar la idea de que la noche se iba a complicar de forma evidente. El Espanyol siguió concediendo metros atrás, el Celta tiró tres contragolpes clarísimos en los que cometió errores groseros en la entrega o en el remate final. Incapaz de librarse de la angustia que acompaña la historia de este equipo, el Celta se metió en el descuento consciente de que su destino ya estaba en su mano. Había dejado de pertenecerle al Deportivo que necesitaba dos goles en los últimos minutos para salvarse. La supervivencia estaba en proteger su portería. El Celta jugó primorosamente el descuento. Algo inaudito en un equipo al que siempre le ha faltado un punto de malicia para gestionar esas situaciones. De Lucas y Orellana tiraron de oficio para congelar el partido aunque no pudieron evitar un saque de esquina en contra en el minuto 93. Balaídos contuvo la respiración hasta que llegó el despeje. Segundos después el pitido final de Mateu Lahoz. Gloria para el Celta que mantiene su categoría tras firmar una salvación casi milagrosa, impensable hace un par de semanas. Gloria para quienes nunca dejaron de creer.

celta 1
min l l
Rubén Blanco 90 - -
Bellvís 90 - -
Cabral 90 - -
Túñez 90 - -
Roberto Lago 90 - -
Borja Oubiña 90 1 -
Insa 90 - -
Augusto 89 - -
l Orellana 1 - -
Alex López 71 - -
l Madinda 19 - -
Khron-Dehli 90 - -
l De Lucas 5 - -
Aspas 90 - -
espanyol 0
min l l
Casilla 90 - -
Javi López 59 - -
l Mattioni 31 1 -
Raúl Rodríguez 90 - -
Colotto 90 1 -
Capdevila 90 - -
Víctor Sánchez 65 - -
l Gómez 25 - -
Forlín 88 2 -
Stuani 90 - -
Verdu 81 - -
l Alfonso 9 - -
Simao 90 - -
Sergio García 90

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