Relatos
Mariana Travacio: Escribir con las palabras exactas
La prosa estricta y sin concesiones que utiliza la escritora argentina en sus relatos seca la boca y detiene la vida, como en las mejores páginas de Juan Rulfo

Mariana Travacio.
Enrique Benítez
La primera página del libro de relatos ‘Me verás caer’ (Las afueras), de la argentina Mariana Travacio (Rosario, 1967) contiene un poema de Beatriz Vignoli cuyo primer verso es "si te dicen que caí". Los lectores españoles pensarán de inmediato en Juan Marsé, pero no hay una mínima conexión entre el poema de Vignoli, el libro de Travacio y el escritor catalán. "Lo único que sabe hacer el universo / es derrumbarse sin ningún motivo, / es desmoronarse porque sí", defiende esta página inicial que da paso a cinco relatos duros y secos, escritos como una sucesión de imágenes y tragedias, cuyas palabras exactas definen historias de hundimiento y dolor, en las que no parece existir esperanza, ni futuro.
Las protagonistas de estos relatos de Mariana Travacio son mujeres, mujeres abatidas o abandonadas a las que la vida no ha sonreído apenas. Mujeres casadas con promesas incumplidas, mujeres atadas a hombres mediocres que convirtieron sus vidas en una rutina de tedio y resentimiento. La crítica perezosa habla de un nuevo boom latinoamericano, protagonizado por escritoras de diversos países. Pero más allá de estas etiquetas artificiales destinadas a crear titulares sin recorrido y alguna polémica estúpida, es necesario detenerse en esos asuntos comunes que, por encima del estilo y las influencias, están proponiendo las autoras que, desde México a Argentina, desde Chile a Bolivia y desde Colombia a Perú, han decidido dar un paso adelante para dar voz a las sin voz, para contar, contarse y contarnos la vida desde otros puntos de vista, siempre relegados, siempre ausentes, siempre ignorados. Para incomodar, para turbar la quietud.
‘Me verás caer’ es el quinto libro de Mariana Travacio. En España, siempre en Las afueras, ha publicado también ‘Como si existiese el perdón’ y ‘Quebrada’. Permanecen inéditos dos libros de relatos, ‘Cotidiano’ y ‘Cenizas de carnaval’. En Argentina su editorial solía ser Tusquets. Nacida en 1967, psicóloga forense y escritora más o menos tardía (Samanta Schweblin, Mariana Enríquez, María Gaínza, Selva Almada o Camila Sosa son más jóvenes), Travacio propone una estética propia basada en la economía del lenguaje, las secuencias cortas y la dureza del paisaje humano de sus historias, cargadas de esa violencia indómita de los espacios rurales, amplios e indefinidos, y marcadas también por esa pelea cotidiana por la vida que restringe la imaginación y el deseo debido a la ferocidad de la supervivencia inmediata.
Este libro de relatos que se entrelazan, que conducen de historia en historia hasta un relato final que se intuye relacionado con los cuatro relatos precedentes, es amargo, contundente y certero. ‘Cansadas’ describe la triste relación terminal entre una hija y su madre. ‘¿Dónde está Montes?’ saca una sonrisa y reivindica la necesidad femenina de sacudirse un pasado hostil y mediocre: nunca es tarde para ese momento de epifanía. ‘Rosas buenas’ promete una ilusionada historia de amor que, a mitad de camino, sufre un giro insospechado. En ‘Últimos rastros’, que incluye un breve guiño a Funes (¿el memorioso?), la naturaleza trastoca una brillante y optimista iniciativa de sororidad, superación y éxito. Y en el relato final, ‘Y el río’, tan manso, lo impersonal y la distancia fabrican una historia sin esperanza.
Aguas de marzo. Ese fue el título original de este libro escrito durante la convalecencia de su autora, tras una dolorosa operación. Lo cuenta ella misma en una entrevista para Eterna Social Club. Cinco relatos, cinco destellos, cinco razones para volver a leer a una de las autoras hispanoamericanas con más personalidad. O para descubrirla. Y es que bajo la prosa exigua de Mariana Travacio respira una lectura exigente que obliga al lector a sumergirse en sus historias para anticipar o intuir el verdadero carácter de los personajes, para tratar de buscar una explicación lógica a lo que ha ocurrido o a lo que se presiente que va a ocurrir. Esta ausencia de diálogos, de información, de descripciones, estos huecos creados a propósito por la autora proponen una implicación de los lectores más allá de una simple relación superficial con sus relatos y protagonistas, porque la acción necesita de esa inmersión interpretativa, de esa lectura atenta y anticipadora que mantiene en vilo y tensa los nervios. Así, no se debe prescribir la lectura de Travacio a personas perezosas o incapaces de asumir las tramas e historias, siempre ásperas y escasas, como una invitación a penetrar en ellas, como se hace con una pintura en un museo, o con una obra de arte en una exposición. Corresponde al espectador hacer ese trabajo que el artista deja a quienes disfrutan de su obra, porque lo evidente, por fácil y obvio, hurta el esfuerzo y abona la molicie. También en la literatura.

Portada de 'Me verás caer'.
Me verás caer
Autora: Mariana Travacio
Editorial: La afueras
Precio:16,95 €
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