08 de septiembre de 2019
08.09.2019
PADRÓN, HISTORIA DE UNA LEYENDA

Ángeles sin brillo

Handicap crea la peña "Por los ocho puntos" para animar a la salvación en la temporada 40-41, que será épica

08.09.2019 | 03:36

Ramón Allegue, conocido como el Tigre Padrón, portero céltico entre 1955 y 1962, novelista y autor del documental "El fútbol por dentro", narra para FARO cada domingo la historia del club. En este 28º capítulo relata la temporada 1940-1941. El Celta parece encaminado hacia el descenso. Handicap crea la peña "Por los ocho puntos", los necesarios. Nolete anotará otra vez el gol de la salvación. Gran actuación en Copa y polémica por la posible venta del estadio.

Pocos días después de concluir la temporada y tras informar con todo el detalle a los socios del balance económico, el presidente, Pedro Brañas Merino, y sus compañeros de junta optaron por dimitir de sus cargos. Fueron sustituidos por una nueva junta directiva, formada por Manuel Núñez, presidente; Ángel Asenjo, vicepresidente; Federico Mallo, secretario, Hiliario Torrado, vicisecretario, Ramiro Paredes, tesorero, Joaquin Yañez, Manuel Posada, Fernando de Castro y Ángel Armada, vocales. Analizada la situación económica en su primera reunión, y decididos a no pasar por los apuros económicos de la temporada anterior, después de no pocos estudios deciden lanzar una campaña bajo el lema de "150.000 pesetas para el Celta". Cantidad mínima que consideran necesaria para poder encarar, con cierto éxito, la Liga. En pocos días se llegó a reunir la tercera parte de lo solicitado, siendo el resto recaudado por suscripción popular.

La junta directiva pudo así renovar los contratos de Nolete, Cons, Machicha, Sansón, Alberty, Roig, Fuentes, Venancio, Alvarito, Toro y Agustín. Se les uniría cuatro nuevos refuerzos: Sabina, Mundo, Del Pino y Victoriero, todos ellos canarios. Con el equipo ya casi perfilado, en julio se registraron numerosas altas de socios, por lo que en agosto se contaba con una masa social de 3.200 socios. Una cifra nada desdeñable para una ciudad de 60.000 habitantes. El 17 de agosto de 1940 se hace la presentación de la plantilla con un partido entre los jugadores que la formaban, bajo las órdenes del entrenador Cárdenas, un canario exjugador del Celta, que sustituía en el banquillo a Ricardo Comesaña. Los partidos de pretemporada le servían a Cárdenas par ir perfilando el equipo de cara al próximo comienzo de la Liga, que la afición viguesa esperaba con gran ansiedad por ver cómo el Celta se volvía a enfrentar, por segunda vez, a los equipos más difíciles y potentes del fútbol español.

El 29 de septiembre el Celta comienza el ansiado campeonato, jugando en Madrid en el Metropolitano contra el Atlético Aviación, que era el vigente campeón de Liga, con la novedad de la nueva incorporación del canario Del Pino. Un rematador nato en todas posiciones, tanto con el pie como con la cabeza, que tenía la difícil misión de sustituir en el eje del ataque al hombre más característico del Celta, el gran Nolete. En este partido el Celta superó en todo al actual campeón de Liga durante los primeros 45 minutos de juego, llegando al descanso con un resultado favorable de 1-3. La ventaja llegó al 1-4 nada más reanudada la segunda parte. Pero el Celta, tal vez confiado, se vio desbordado por el Atlético Aviación que, sorprendentemente, le daba la vuelta al marcador con un 5-4.

Pero si la primera jornada de Liga fue desconcertante para el equipo vigués, la segunda, jugada en Balaídos, resultó apoteósica por el rotundo 7-1 que se le endose al campeón de Copa, el Español de Barcelona. Agustín y Del Pino, con tres goles cada uno, salieron a hombros del estadio. Pero de nuevo se volvieron a enfriar las ilusiones de lograr un puesto de privilegio en la tabla, al cerrarse la primera vuelta con nueve puntos en los once partidos jugados. El futuro se torna aún mucho más negro al comienzo de la segunda vuelta, al perder en Balaídos con el Atlético Aviación. El Celta entra en una situación muy delicada en la clasificación general de la División de Honor. El gran "Handicap", desde las páginas de Faro de Vigo, promueve un movimiento a favor de su Celtiña, creando una peña denominada "Por los ocho puntos", que eran los que se pensaba que había que conseguir para asegurar la permanencia. Esta peña se ubicó en la grada de Río, que fue siempre la grada desde la que los celtistas de corazón, que lloraban la derrota de su querido Celta, animaban a sus jugadores con aquel espeluznante e incansable "¡Selta!, ¡Selta!, ¡Selta!", hoy perdido y olvidado.

Es el año en el que Franco había proclamado, en junio, la no beligerancia de España, con la que tranquiliza un tanto al maltrecho pueblo español, que sigue padeciendo las penalidades, impuestas, de la postguerra civil, dentro de una guerra mundial en la que se trataba de implicar a España. Lo que intenta evitar el general Franco, el 23 de octubre de 1940, al entrevistarse en Hendaya con Adolf Hitler. Los españoles teníamos que seguir luchando contra la miseria que se nos había impuesto con el final de la guerra civil, y ahora con la suelta de los cuatro jinetes del Apocalipsis por todo el mundo, así como contra la sarna y la terrible enfermedad de la tuberculosis. Es también el año de la ocupación de París por las tropas alemanas, cuando se firma la capitulación de Francia en el bosque de Compiegne. Y el año en que Italia le declara la guerra a Francia y a Inglaterra. Un año en el que el Celta sigue siendo ilusión y consuelo para muchos que aún viven en aquel silencio que aún se sigue mostrando con el mismo blanco y negro de aquel entonces.

Los ocho puntos que se necesitaban para la permanencia en Primera División parecían resistirse, ya que el Celta entra en una serie de derrotas encadenadas que lo colocan en el penúltimo lugar de la tabla. Derrotas que se siguen produciendo domingo tras domingo, hasta que el Barcelona derrota en Balaídos al Celta por 1-4, lo que provoca un gran malestar entre la afición. Son pocos los que confían en la permanencia del Celta entre los grandes. Esperanzas que se esfuman por completo al perder por 5-1 en Valencia, a solo tres jornadas del final de la Liga. Como se había decidido ampliar la categoría a catorce equipos, este año no abría promoción, por lo que Celta, Zaragoza y Murcia se jugaban los dos puestos de descenso a dos jornadas del final de la competición. El Celta tenía que afrontar sus dos partidos, uno contra el Zaragoza en Balaídos y el otro en Alicante contra el Hércules. El partido contra el Zaragoza se tuvo que aplazar para el 30 de marzo, por las inundaciones que habían producido el desbordamiento del río Lagares, dadas las lluvias que habían caído. El Celta juega primero en Alicante, donde vence al Hércules por un rotundo 0-5, que devuelve las esperanzas al celtismo. Ante el Zaragoza solo vale la victoria. El agónico gol lo consiguió Nolete, que una vez más, al igual que la temporada pasada, fue el salvador del Celta, décimo, siendo campéon el Atlético Aviación.

Una vez conseguido el objetivo de pertenecer un año más entre los grandes del fútbol, el exjugador Cárdenas, entrenador del equipo en el que se había retirado como jugador, lo preparó para afrontar con el mayor éxito posible la Copa del Generalísimo. En la primera eliminatoria se enfrenta a su más directo rival, el Deportivo de La Coruña, que estaba más centrado en el ascenso a Primera que en el torneo copero, al que vence en Riazor (2-3) y le infringe una derrota de escándalo (8-0), en Balaídos. La segunda eliminatoria es contra el Real Madrid, con el que empata (2-2) en Chamartín y al que gana en Balaídos ,(3-2), con los goles de Venancio, Del Pino y Nolete. Cárdenas hizo jugar a estos dos últimos jugadores en punta en ambas confrontaciones, con magnífico resultado. En los cuartos de finales el Celta se enfrenta al Oviedo, saliendo derrotado de Buenavista (3-2) para ganar en Balaídos (2-0) a los asturianos. En las semifinales se tiene que enfrentar en Vigo al potente Valencia, ante el que pierde (1-2), iguyal que en la ciudad del Turia (4-0).

Cerrada brillantemente la página de la Copa del Generalísimo, la alarma se extendió por toda la ciudad ante los rumores que circulaban por ella. El estadio de Balaídos había sido vendido a una importante entidad para ser explotado, no solo para el fútbo. Al Celta solo se le permitiría usar las instalaciones en los partidos de Liga. Habría ciclismo y otros espectáculos, incluso artísticos. Fue tanta la alarma que los aficionados se llegaron a movilizar contra la "Sociedad Stadium", por lo que su presidente José Ramón Fontán, tuvo que desmentir de forma rotunda tal posible venta. Cesáreo González, presidente de la Federación Gallega de Fútbol, tuvo que paliar la crisis de la junta surgida por la falta de actividad del presidente Núñez. Se saldó con un nuevo presidente: Fernando de Miguel, que comenzó su gestión iniciando la renovación de jugadores y gestionando nuevos refuerzos, pese a las penurias económicas que de nuevo sufría el club.

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