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Faro de Vigo

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A la felicidad también se puede llegar bailando

Cerca de 200 mujeres mejoran su calidad de vida con música y ejercicio en O Ramal

Una de las clases de bailoterapia dirigidas ayer por Alexia Álvarez en O Ramal. | // NOÉ PARGA

Resulta difícil encontrar elementos en favor de la convivencia y la interacción social en los tiempos que corren. Que haya un espacio, un lugar o un momento en el que se puedan dejar a un lado todas las complicaciones del día a día, es un ejercicio casi quimérico. Sin embargo son cerca de 200 personas, en su mayoría mujeres, las que han encontrado el particular sitio de su recreo en el edificio del Centro Social de O Ramal.

Todo comenzó hace cerca de seis años. Fue entonces cuando Alexia Álvarez, con una idea inicial de trabajo de seis meses para dar clases de pilates, recaló en Vilagarcía para promover el ejercicio físico y la tonificación muscular como un bien social y a precios económicos. Dicen que el secreto de un buen entrenador es conseguir el objetivo buscado haciendo del convencimiento del grupo su herramienta y desterrando el término obligación. Pues la realidad demuestra que en O Ramal se ha tocado la tecla correcta.

El pilates también cuenta con una gran cantidad de mujeres que lo practican. Noe Parga

Apunta la monitora al respecto que “todo fue fluyendo. Las alumnas estaban muy contentas con mis clases y, cuando se acabó el contrato, fueron ellas las que pidieron al centro que continuase dando clase permanentemente. Y aquí sigo encantada seis años después cuando había venido para seis meses”.

Tuvimos que reducir los grupos para guardar la distancia y los protocolos, pero fuimos sacando las clases adelante bastante bien una vez se pudo retomar la actividad

Alexia Álvarez - Monitora de pilates y bailoterapia

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El boca a boca fue convirtiéndose en el mejor de los efectos para que, poco a poco, fuesen apuntándose más personas a las actividades. El Centro Social de O Ramal empezaba a añadir a su nombre otros calificativos como también los de deportivo y divertido.

Una de las claves, además del particular sello en la metodología de Alexia Álvarez, fue la de apostar por la bailoterapia como una actividad añadida. Había entonces que añadir al ejercicio la coordinación, el ritmo y el flow necesario. Un reto que resultó tan motivante como beneficioso a todos los niveles y que desembocó en un estupendo ambiente de convivencia y de conocimiento de ritmos y músicas con efecto rejuvenedor.

Durante tres días a la semana las clases de pilates y bailoterapia se desarrollaban con grupos numerosos. Incluso, la monitora añadía días especiales en los que tocaba vestirse adecuadamente en función del baile a desarrollar, pero también había tiempo para compartir y charlar después de cada sesión.

Los ritmos latinos son la base de la clases de baile. Noe Parga

Con lo que nadie contaba era con la llegada de una pandemia que obligó a cambiar el paso y también el del baile. Reconoce Alexia Álvarez que “tuvimos que reducir los grupos para guardar la distancia y los protocolos, pero fuimos sacando las clases adelante bastante bien una vez se pudo retomar la actividad”.

Las ganas de recuperar los buenos momentos quedaron patentes en un retorno a la práctica que incluso generó listas de espera. “La verdad es que tanto pilates como bailoterapia ayudan mucho a guardar un equilibrio mental y físico. Mejoran el carácter y el estar en compañía lo hace todo aún mejor con todo lo que está cayendo”, apunta la monitora.

De la mejoría en cuanto a calidad de vida tampoco hay duda. Ni alumnas ni profesora dudan de los beneficios. Con más clases de pilates que de bailoterapia, se ha convertido en habitual ver caminar hacia O Ramal a muchas mujeres ataviadas con ropa deportiva y esterilla colgada a la espalda para disfrutar del placer de ver y sentir como el cuerpo y la mente agradecen la tonificación aeróbica y muscular.

Los beneficios físicos y mentales son una evidencia palpable en todas las usuarias. Noe Parga

Donde sí la incidencia del COVID obligó a enfocar las clases de una manera bien diferente fue en lo relativo al baile. El distanciamiento social se encargó de demostrarle a Sergio Dalma que estaba equivocado cuando cantaba aquello de que “bailar de lejos no es bailar”. De ello se encargó la monitora, colombiana de nacimiento, para tirar de ritmos latinos sin desviarse un ápice del objetivo.

Se lo pasan genial porque lo más importante es divertirse, liberar endorfinas y subir los niveles de serotonina”, apunta Alexia Álvarez. Para ello “hacemos un calentamiento aerolatino y luego trabajamos movimientos de ritmos como la bachata, el merengue, la cumbia, o rondas cubanas con diferentes coreografías. A veces nos ponemos faldas y flores para hacerlo todo aún más divertido”.

Incluso reconoce la monitora que el reguetón no es una música ajena a sus clases. Da igual que el mayor número de alumnas hayan superado edades más propias de las discotecas. Todo es válido si se sabe utilizar y se conoce el objetivo, incluido el twerking. En O Ramal saben como hacerlo.

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