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En busca del mirlo blanco

En busca del mirlo blanco

La política local está aletargada, adormecida, aunque muy de cuando en vez se registran ciertos espasmos que traen a la memoria que existen las urnas. La excusa COVID ha confinado a sus protagonistas y despertarse en plena fase REM en absoluto parece ahora mismo conveniente ni para los que gobiernan ni para sus oponentes; pues así, calladitos, nadie descubre sus estrategias, si es que existen.

Pero en ocasiones surgen ramalazos, otras susurros en ese reposado cabalgar de quienes viven o quieren vivir de la política que, por cierto, son muchos; cuenten el número de alcaldes, concejales, diputados provinciales, vocales comarcales, autonómicos y nacionales que representan a la comarca de O Salnés. Piensen asimismo en los caprichosos chiringuitos creados ad hoc por estos y aquellos que tienen o han tenido responsabilidades de mando. Todos ellos con unos sueldos envidiables por un cómodo trabajo que no está siquiera sujeto a horarios ni calendarios. Una seguridad garantizada por cuatro años, un corto mandato pues en Francia la poltrona dura un lustro. Pero aún así resulta rentable y por eso son muchos los que ya han empezado a trazar sus rutas, aunque las maquinarias políticas necesitan todavía mucho engrase y, en algún caso, descubrir al misterioso mirlo blanco que pueda tener éxito ese 2023 que está ya a la vuelta de la esquina.

Así aparecen nombres propios como José Juan Durán que nunca ha negado que quiere volver al escenario y ¿por qué no?, en Vilagarcía, ciudad en la que vive. Pero también Luis López que ha paseado la comarca desde el mismo momento en que fue nombrado delegado provincial y que dicen en la calle que también aspira a dar el do de pecho en la novena ciudad de Galicia. Sin olvidar, claro está, a la diputada Elena Suárez o la portavoz municipal Ana Granja. Pura mitosis, en plena división celular.

Pero también al PSOE le afecta la biología al transformarse en un organismo que se engorda a sí mismo rumiando aún el éxito de anteriores citas con las urnas, pero con empachos al digerir las crisis de la dirección y advertencias como las de Fátima Abal que podría marcharse de Cambados y dejar a Samuel Lago, o de Carlos Iglesias, que lleva años revalidando su cargo en A Illa.

Pero la macrobiota política tiene también convulsiones en otros organismos de derechas, izquierdas, centros e independientes.

Véase el proceso larvario en la izquierda más tradicional, esa que sigue envolviéndose en forma de crisálida y otras en las que trata de afilar el aguijón de las ideas para tratar de recuperar un espacio que se precipitó cual cascada.

O anónimos Ciudadanos que siguen resguardados en un duro cascarón y que no encuentra terreno abonado para germinar. Por no hablar de un BNG que ya es difícil de agrupar en una estructura física compleja a la que pueda dar vida a nivel comarcal, quizás por procesos de poda a destiempo que dejaron sin savia la planta; sin olvidar, claro está, a los grupos de independientes que pululan por un campo poco fértil, un tojal en el que solo brota una rosa por casualidad, de forma esporádica.

Quedan solo unos meses para que empiece la primavera en la que volverán a fructificar las ideas, los proyectos, las promesas, los abrazos y los acuerdos. Esas que en el ecuador del proceso solo se digieren lentamente formando un bolo que más pronto que tarde empezará a deshacerse por el ácido clorhídrico que casi siempre desprende la biología política. Para algunos, hasta su total descomposición...

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