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Esperanza Salnés cierra tras años en la cuerda floja por su falta de liquidez

La asociación de apoyo a niños discapacitados solicita el concurso de acreedores. Tenía problemas de solvencia y aún tardaría cuatro meses en cobrar una subvención

La fisioterapeuta trabaja con un niño en Esperanza Salnés. | // NOÉ PARGA

La asociación Esperanza Salnés no ha aguantado más. El colectivo de apoyo a niños con discapacidad lleva cerrado desde el 30 de noviembre, y ha solicitado el concurso de acreedores para poder pagar las nóminas pendientes de la plantilla. Así lo comunicó ayer la entidad, en un escrito que firma el gerente Augusto Chaves.

En marzo próximo hubiese cumplido 25 años, pero ya no celebrarán las Bodas de Plata. La asociación echa el cierre por las permanentes dificultades económicas que sufre desde hace más de década y media. Estas se agravaron con el COVID, pues la pandemia impidió celebrar muchas de las actividades benéficas de antaño, y obligó en más de una ocasión a los directivos a pedir préstamos en los que ponían como aval su propio patrimonio personal.

El 26 de noviembre, la entidad celebró una asamblea extraordinaria, en presencia de un abogado, “que ha supervisado debidamente las cuentas anuales y ha constatado, mediante un informe presentado a los socios, la falta de viabilidad económica que impide la continuidad de las actividades de la entidad”. Por ello, se acordó por unanimidad el cierre y liquidación de la asociación, “antes de que la situación empeore y se contraigan deudas con la Seguridad Social y Hacienda, y que los males sean mucho mayores”.

Esperanza Salnés fue creada en su día en Cambados por un grupo de familias de la comarca con hijos con diferentes patologías discapacitantes. Pero el colectivo siempre tuvo un problema de financiación porque por su tipología no encajaba en ninguno de los tipos de asociaciones que reciben subvenciones estables. Esto motivaba que dependiesen siempre de asignaciones puntuales, que en ocasiones se retrasaban en el tiempo y que a menudo dependían de la voluntad de los políticos. En consecuencia, sus problemas de liquidez eran habituales. Chaves cuenta, por ejemplo, que la asociación ya se estaba quedando ahora sin fondos, y que no cobrarían la próxima subvención hasta abril de 2022, de modo que durante cuatro meses tendrían que subsistir con el dinero prestado por los bancos. “Para mí, el principal problema que hemos tenido es la burocracia, que con el COVID se ha hecho aún más lenta y compleja”.

La asociación también perdió masa social en los últimos años, y el coste moderado de sus terapias le impedía disponer de un colchón económico propio.

Trece familias tendrán que buscar terapia en centros privados

Augusto Chaves explica en el comunicado que, con el cierre de Esperanza Salnés, “los afiliados tendrán que buscar un nuevo destino para sus hijos, probablemente gabinetes especializados de carácter privado”. “Recordamos que nosotros somos una entidad sin ánimo de lucro, lo que supondrá para las familias un incremento muy notable a la hora de poder financiar las terapias”. Según sus estimaciones, una terapia en dos áreas que se presta en Esperanza Salnés por 135 euros al mes, “en un gabinete privado puede rondar los 500 euros al mes”. “Para bien o para mal, Esperanza Salnés estaba pensada para ayudar a la gente más desfavorecida, pues facilitaba terapias de calidad a familias con pocos recursos económicos”, plantea Chaves. Con el cierre, quedan sin terapia 13 niños con bajas discapacidades, debidas a retrasos cognitivos, trastorno de atención o autismo. La medida también supone la pérdida del puesto de trabajo para cinco profesionales: un administrativo, una logopeda, una pedagoga, una fisioterapeuta y una psicóloga. Finalmente, la asociación concluye su comunicado con agradecimientos a las familias de los niños, las instituciones públicas que colaboraron con ellos, el personal terapéutico, y las empresas y otros colectivos que les han ayudado.

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