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JUAN OLIVEIRA | Vilagarciano residente en San Petersburgo que ya se ha vacunado contra el COVID

“En Rusia no hay esperas para vacunarse, quizá porque se sabe que hay para todos”

Tras inocularse la Sputnik V, tuvo fiebre: “Me pondré la segunda”, afirma ya recuperado

Juan Oliveira se vacunó el lunes, tiene 31 años y no pertenece a ningún grupo de riesgo.  | // CEDIDA

Juan Oliveira se vacunó el lunes, tiene 31 años y no pertenece a ningún grupo de riesgo. | // CEDIDA

Tiene 31 años, no es un profesional sanitario ni trabaja en una residencia, y sin embargo ya se ha vacunado contra el COVID. Juan Oliveira Martínez es un vilagarciano que, evidentemente, no vive en su tierra. Tras probar suerte en Londres como profesor de instituto, le quedó claro que la vida británica “de trabajo y casa” no era para él e hizo las maletas rumbo a San Petersburgo, donde se ha casado con una mujer siberiana, Katia, y ha abierto su propia escuela para dar clases de español. El lunes se administró la primera dosis de la “Sputnik V” y ha sufrido efectos secundarios.

– De la “Sputnik V” se ha dicho casi de todo, ¿por qué decidió vacunarse?

– Tengo contacto diario con unas cien personas porque trabajo en una escuela y quiero estar seguro. Mi mujer se quería vacunar en enero, pero yo preferí esperar. Se llegó a decir que con la vacuna te podían salir escamas o que te estarían espiando. Cuando se demostró que la Sputnik V tenía un 92% de efectividad y Europa se interesó en comprarla, decidí dar el paso y la verdad que muy bien.

– ¿Ha tenido alguna reacción?

– Sí. Me puse la vacuna por la mañana y ya me fui para casa algo cansado. Siempre echo una siesta de media hora, pero el lunes fue de hora y media. Me desperté y seguía cansado y me fui a la escuela a dar clase. Salí algo mareado, un poco ido y empecé a tener mucho calor. También hay que tener en cuenta que estamos a 17 grados bajo cero y tenemos la calefacción a tope. Después empecé a tener frío, me miré la temperatura y tenía 36,4º. No cené y me metí en cama tiritando. Tenía un dolor de cabeza terrible, distinto al de las migrañas que sufro. Me subió la fiebre hasta 38,9º y la verdad es que pasé una noche mala, delirando, con paracetamol cada cuatro horas. También uno de mis estudiantes, Dimitri, se vacunó y ha tenido fiebre y dolor de cabeza. En el hospital me dijeron que en los tres días siguientes a la vacunación estos eran efectos secundarios normales.

– Ahora ya se encuentra bien.

– Sí, ya estoy recuperado. El 1 de marzo me pondré la segunda dosis. Mi mujer sin embargo también se ha vacunado y no ha tenido ninguna reacción.

– ¿Cómo es el procedimiento para acceder a la vacuna?

– Rusia, como produce la vacuna, la situación es totalmente distinta a España. Aquí no dependemos de la UE y la vacunación es para toda la población a la vez, no hay preferencias para grupos de riesgo. En septiembre y octubre se hicieron las fases de prueba con voluntarios (médicos, militares y civiles) y en enero comenzó la campaña de vacunación para todos los ciudadanos.

– ¿Hay colapsos?

– No, para nada. Pedí cita por internet el viernes y ya me daban para el sábado, pero como trabajaba la cogimos para lunes y había poca gente en el hospital. No hay esa fiebre por la vacunación, no sé si por la seguridad de saber que hay vacunas para todos o porque la gente no se fía y no se vacuna.

– ¿Cómo se está viviendo la pandemia en San Petersburgo?

– Rusia cerró fronteras con Europa y China ya en enero de 2020, por lo que el virus entró más tarde. A finales de marzo tuve que cerrar la escuela hasta septiembre y dar clases telemáticas. Los restaurantes trabajaban hasta las 23.00 horas con un 50% de aforo, y los teatros con un 25%. Las tiendas abrían con normalidad. Ahora la gente lleva mascarilla pero en verano a mí y a mi mujer había quien nos miraba raro por llevarla. En agosto empezaron a aumentar los fallecidos y la ciudadanía se fue concienciando. En noviembre la curva se disparó y volvimos a cerrar; reabrimos hace un par de semanas.

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Juan Oliveira, el vilagarciano que se ha administrado la vacuna rusa

“Viajaremos a Vilagarcía en verano; llevo año y medio sin ir y tengo morriña”

– ¿Qué le llevó a Rusia?

– Estaba en Londres trabajando como profesor en un instituto y no me gustaba el estilo de vida británico, eso de ir del trabajo a casa y de casa al trabajo. Eché currículums en varios países como Rusia, Polonia, República Checa, ... Tuve varias ofertas y como me gusta mucho la historia me vine para San Petersburgo. Y la verdad es que estoy contento con la decisión que tomé en aquel momento, hace casi cuatro años y medio.

– ¿Sigue dedicándose a la docencia?

– Sí. El primer año estuve en dos escuelas y abrí mi propio negocio, donde doy clases de español como lengua extranjera y mi mujer es la directora y administrativa.

– Imagino que la conoció en San Petersburgo.

– Sí, es una chica siberiana, se llama Katia. Nos casamos en junio de 2019. Queríamos también celebrarlo con mi familia en Galicia; íbamos a ir en agosto de 2020 pero debido a la pandemia ya no fuimos. Llevo un año y medio sin ir a casa y la verdad es que tengo morriña.

– Debe de ser duro ¿Cuándo les veremos por tierras arousanas?

– Queríamos ir ahora en febrero para conocer a mis sobrinos gemelos, pero como parte de mi familia vive en Fisterra y con las restricciones no nos podríamos mover de Vilagarcía, no nos merece la pena y esperaremos al verano.

“Al llegar solo sabía decir vodka y ‘spasiva’”

– ¿Qué fue lo más duro al aterrizar en Rusia?

– El primer mes fue muy duro. El tema del frío me afectó, porque salí de Vilagarcía un octubre cálido con 26 grados y aterricé en Moscú con - 6, con una diferencia de más 30 grados, pero eso se soluciona abrigándose. Lo peor fue la comunicación, porque allí no habla casi nadie inglés y yo no sabía nada de ruso, solo sabía decir “vodka” y “spasiva” (gracias). Imagínate todo escrito en alfabeto cirílico, fue una auténtica locura. Fui aprendiendo día a día e hice el examen para obtener el permiso de residencia. Ahora estoy en un nivel intermedio-alto. Si no hablas ruso, aquí “pasas moita fame”.

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