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La mujer que fue alcaldesa de dos pueblos

Dolores Abuín estuvo al frente del Ayuntamiento de Valga en el tardofranquismo y ganó las primeras elecciones en Ribadumia

Abuín se dirige a la corporación de Valga tras su nombramiento, en 1975. // Reproducción de Noé Parga

Dolores Abuín Martínez no quería saber nada de la política, pero la política la atrapó. Dos veces. La primera, en Valga, y unos años después, en su pueblo natal, en Ribadumia. Fue alcaldesa en ambas localidades, en un momento en el que los puestos de mando en las administraciones españolas estaban poco menos que vedados para las mujeres. A pesar de ello, se resta méritos. "Nunca hice nada extraordinario. Lo único que hice fue cumplir con mi obligación lo mejor posible".

Hoy, con 91 años, observa desencantada el teatrillo en el que a menudo se convierte la política. "Nosotros nos entregábamos al trabajo en el Ayuntamiento sin pensar en el dinero, solo por amor a los vecinos, para tratar de que todo fuese bien. Esos valores se han perdido. Los políticos de ahora están muy pendientes del dinero".

Dolores Abuín Martínez nació el 12 de septiembre de 1928 en Casaldarnos, una pequeña aldea del municipio de Ribadumia de la que a finales del siglo XIX había partido rumbo a la emigración Serafín Alfonsín Feijóo, cuyo nieto Raúl sería, pasado el tiempo, presidente de Argentina. Dolores Abuín era la menor de los seis hijos de un matrimonio formado por un tratante de ganado y un ama de casa, y mientras todos sus hermanos se dedicaron a la cría de ganado o se hicieron carniceros, ella decidió estudiar. Soñaba con ser profesora.

Los comienzos fueron duros, pues se estrelló contra un sistema educativo que premiaba únicamente la memorización. A menudo, los niños escupían en el aula lecciones enteras, pero sin comprender nada de ellas. Su vida cambió al conocer a Antonio Blanca Chércules, un profesor que le abrió los ojos a otra pedagogía, en la que lo importante era precisamente que los niños comprendiesen lo que estaban leyendo y supiesen explicarlo con sus propias palabras. Esa habilidad convertiría con los años a "doña Lola" en una profesora tan apreciada por los padres que le abrió las puertas de la política. Sin ella quererlo.

Dolores Abuín terminó la carrera con 17 años, y durante los siguientes dio clases particulares en la Casa do Médico de Barrantes (Ribadumia). A los 31 aprobó al fin las oposiciones, y tras dar con sus huesos en remotas escuelas de A Lama, Almería o Sevilla, fue destinada a A Cerneira, en el municipio de Valga. El alcalde era entonces el director del grupo escolar, y éste pronto se fijó en las cualidades para la docencia de Dolores Abuín.

El regidor, Daniel Barreiro, quería dejar el cargo, y amañó una cita entre él, la joven profesora y el gobernador civil, que era entonces, a mediados de la década de los 70, quien tenía la última palabra a la hora de poner y quitar alcaldes. "Yo no pensaba que la reunión fuese para hacerme alcaldesa -afirma ahora Dolores Abuín en su vivienda de Ribadumia-, pero tres o cuatro días después, de la reunión, antes de ir al colegio, me llamó por teléfono el secretario del gobernador, y me dijo: 'Lola, te hemos nombrado hoy alcaldesa, y no se te ocurra decirnos que no'". Pocos días después de la muerte de Francisco Franco, Dolores Abuín Castro irguió por primera vez el bastón de mando de un Concello. No sería la última.

Regresa a Ribadumia

"Doña Lola" estuvo tres años al frente del Ayuntamiento de Valga. Aunque en aquella época, en los estertores de la dictadura, era insólito que una mujer estuviese al frente de una administración, y más todavía en un municipio rural, como el de Valga, sostiene que nunca se sintió minusvalorada por su sexo. Sí recuerda, con amargor, la campaña que un cacique de Caldas diseñó contra ella para echarle el pueblo encima con el argumento de que el Ayuntamiento tenía que devolver a los vecinos el monte en mano común.

En 1978, Dolores Abuín tuvo la oportunidad de cubrir una plaza en el colegio de Ribadumia, y renunció a la Alcaldía de Valga. Y aunque quería pasar página y dejar atrás la política, no fue capaz.

Recién convocadas las primeras elecciones municipales de la democracia, un grupo de vecinos montó la agrupación local de la Unión de Centro Democrático (UCD), y le pidieron que fuese con ellos. "A la primera reunión fue mi marido (que era el médico de Ribadumia), y le pedí que les dijese que yo no podía ir, que no tenía tiempo. Pero todo el mundo quería que fuese yo la candidata". Hubo una votación interna, y resultó elegida por unanimidad. "Así que lo cogí para adelante, a enfrentarme a lo que hiciese falta".

Dolores Abuín y sus compañeros de la UCD arrasaron en los comicios de 1979, logrando siete de los once concejales. Ahí sí, recuerda, un edil de la oposición, "quiso hacerme de menos por ser mujer, y le tuve que parar los pies. A mí no me tuerce cualquiera".

El súbito fallecimiento de su marido, poco antes de que finalizase el mandato, truncó la carrera política de Dolores Abuín. "No me presenté a las elecciones de 1983 porque necesitaba las fuerzas para mí, para reponerme".

En 1987 sí volvió a presentarse, ya con el Centro Democrático y Social (CDS), porque estaba viendo cosas en el Ayuntamiento que no le gustaban, pero su tiempo político había acabado, y ya no pudo hacer nada contra el todopoderoso José Ramón Nené Barral.

"Goberné con autoridad"

Para "doña Lola", la política municipal de hoy se ha alejado de la esencia de lo que era en los años 70 y 80. "Ahora los políticos se presentan porque quieren, porque ganan dinero, pero en mi época no se ganaba un patacón".

Cuando se le pregunta por sus principales contribuciones al desarrollo de Valga y Ribadumia, más que citar un rosario de obras, esgrime la honradez. "Hice todo lo que pude, y tengo la conciencia tranquila. Goberné siempre con autoridad, pero nunca con poder".

Observa la sociedad actual con preocupación, no solo por los desmanes que cometen algunos políticos sino, sobre todo, "porque se están perdiendo los valores. La gente no quiere pasar el trabajo de cuidar a las personas mayores, y a los hijos les damos 'tablets' y móviles en vez de una buena educación".

Y aunque asegura que, "yo no soy nada feminista", está convencida de que el mundo sería un lugar mejor, "si estuviese gobernado por mujeres".

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