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Sobre lo humano y lo divino

"Dejaron que lo mataran", del fotógrafo vigués Carlos Puga, reflexiona sobre la faceta humana de Jesús, el pecado y la Iglesia

07.11.2015 | 02:08

El pecado y Jesús como hombre centran "Dejó que lo mataran", la exposición que inaugura hoy Carlos Puga en la galería Sargadelos de Vigo dentro de Outono Fotográfico. Se trata de una muestra íntima y personal que transita por lugares sagrados y mundanos.

Carlos Puga (Vigo, 1967) capta en imágenes su proyecto de vida, que va narrando a través del objetivo, un concepto que en su caso no se limita a la cámarara fotográfica, ya que el móvil se ha convertido en una valiosa herramienta. Con ellas, el fotógrafo vigués escribe "Cuadernos", una trilogía autobiográfica, detalla, cuya primera parte ya ha sido publicada y las otras dos están previstas que salgan entre finales de este mismo año y principios del próximo. En este proyecto se enmarca "Dejaron que lo mataran", la exposición que exhibe desde hoy y hasta el 8 de diciembre en la sala Sargadelos de Vigo dentro del festival Outono Fotográfico, aunque las imágenes han sido realizadas ex profeso para esta sala, en la que no exponía desde 1995. "Yo soy el narrador y es mi autobiografía, pero puede ser también la de cualquier espectador", afirma.

"Dejaron que lo mataran" es una reflexión sobre la religión católica, que forma parte de la infancia del fotógrafo, una reflexión en voz alta sobre la faceta humana de Jesús, el pecado y la doble moral de la Iglesia. Muchas de las fotografías son de celebraciones religiosas; otras elementos escenográficos que completan su discurso. "No me interesa la procesión en sí, sino las cosas que suceden en ella", explica.

Como si el espectador se encontrara en el interior de una iglesia, Puga muestra inquietantes imágenes en penumbra de símblolos católicos -cruces, tallas, pilas bautismales...- que invitan a la reflexión y el recogimiento, en fuerte contrastre con instantáneas de animales en movimiento que anuncian peligro, maniquíes mutilados y cuerpos desnudos. Recogimiento y caos. Virtud y pecado.

La exposición está compuesta por ocho fotografías grandes (1,12 por 1,78 centímetros), en torno a las cuales gira otro medio centenar de instantáneas. Cuarenta de ellas forman un nicho, una composición con la que homenajea una obra de Ricardo Terré, uno de sus fotógrafos fetiche, realizada en un cementerio de Barcelona en 1957. Aunque las imágenes tamaño póster han sido realizadas con una cámara, el groso de este proyecto está realizado con el móvil. "El soporte no me importa. Lo que me interesa es la foto", afirma.

"Cuadernos" es un proyecto en el que en realidad lleva trabajando desde siempre, aunque durante mucho tiempo no fuera nada más que una idea que empujaba por salir y materializarse. "Los fotógrafos siempre trabajamos en el mismo proyecto de vida", afirma. Por ello, "Cuadernos" proseguirá mucho después de que su autor haya cerrado su última página. "Un proyecto nunca muere. Usamos las fotografías para volver a los lugares que nos interesan", sostiene.

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