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Empresario

24.04.2016 | 03:44

Presume de ser una de las personas más conocidas de la comarca de Deza, a pesar de no haber nacido en ella. Amigo de sus amigos, Maximino Míguez es un hombre que no sabe estarse quieto ni siquiera en la jubilación. Su última aparición televisiva, el viernes en el Luar de la TVG, lo mostró uniformado como un comandante que pilotaba una réplica del Concorde propiedad de un amigo suyo. Buena parte del prestigio adquirido por su firma, Maxideza, es cosa suya.

-¿Por qué decidió independizarse cuando llegó a Lalín y emprender una aventura por su cuenta?

-Porque no ganaba dinero, y el socio que tenía entonces lo quería todo para él. Lo que hice fue venderle mi parte, y no por las buenas, porque tuvimos que ir a juicio. Se la vendí por lo que él quiso. Antes de venderle la parte, compramos unas naves en Silleda, y él intentó quedárselas cuando las había comprado yo, y empezó todo. En el 2000 se monta Maxideza con la intención de hacer una tienda de maquinaria a lo grande. El día que firmé con mi socio la venta me vine a una agencia de viajes y saqué para mi mujer y para mi un billete para irnos para Venezuela.

-¿Quiso empezar allí una nueva vida junto a su familia?

-La idea era ir primero a Venezuela y, después, a Brasil, porque tenía familia allá y quería olvidarme de todo esto. Mi mujer no entendió por qué a mi me hacía falta estar un mes fuera de casa. Un día, estando tumbado en una playa de Río de Janeiro -teníamos que ir para la playa a las seis de la mañana porque hacía un calor terrible- estaba barrenando porque me quedaba una semana para volver a España. Estuve pensando en alquilar un taller que había en Donramiro. Nada más bajar del avión me fui hasta allí, lo alquilé, y al día siguiente ya empecé a trabajar.

-¿En qué época de su historia se encuentra ahora Maxideza?

-Está es una época mala, y de las que peor lo estamos pasando, y es el año que más hemos vendido. El año pasad casi hemos doblado las ventas, pero es el peor año por las subvenciones. Pasamos de facturar tres millones ochocientos a seis millones y medio, casi el doble. Pero, el problema está en los pagos. Es muy difícil cobrar ahora. A mi hijo le digo que nunca tan poco dinero tuvimos en el banco como en esta época. Además, compramos mucho porque mi hijo es un venado y compra, compra, compra, y compra demasiado. Si tú pasas por delante ahora de Maxideza dirás que es imposible, porque somos el almacén de maquinaria más grande de Galicia. Eso te lleva a que todo lo que tienes allí lo tienes comprado y pagado. Nosotros pagamos siempre al contado.

-¿Cuándo le fue mejor a Maxideza?

-A mi el primer año me fue de maravilla, el segundo también estuvo bien. Sin embargo, tampoco fue la mejor época. Recuerdo que el primer año vendí 23 tractores. Si se vendían 35 en toda la comarca, yo vendí 23, o sea que muy bien. Me fue yendo bien, y luego decido incorporar a mi hijo a la empresa. Mi hijo tenía una empresa en Rodeiro que se la había montado yo, una comercial veterinaria. Cuando yo llevaba aquí dos años, le dije de cerrar lo de Rodeiro y venirse para aquí. Mi hijo no quería, pero yo tenía que poner dinero todos los años porque era deficitario. Al final lo vendimos, y él se incorporó por fin a la empresa Maxideza.

-De todas formas, Maxideza es un nombre que en la comarca también se asocia a otras cosas que no tienen nada que ver con la maquinaria agrícola ¿Se considera un hombre polifacético?

-Sin duda. Y es culpa mía. Te puedo contar que mañana (por el pasado viernes) me voy a ir al Luar como piloto de avión. Y es algo que aún no lo saben en mi casa. Yo me lío con muchas cosas, y tengo muchos amigos. Cuando tienes muchos amigos pasan este tipo de cosas. Te llaman para una cosa o para otra, y no puedes decir que no.

-De todo lo que hace, ¿qué es lo que más le gusta y le reconforta ahora?

-Yo siempre fui un gran mecánico durante toda mi vida porque me gustaba. También me gustó de toda la vida el poder restaurar cosas que ya están en desuso. Si te digo la verdad, estoy perdiendo esa afición, porque no tengo ayuda de nadie. Si yo ahora llego a casa con un coche de los años 40, y mi mujer me lo ve, ya empieza a reñir conmigo. Lo mismo sucede con mi hijo. Yo tengo un tractor del año 54 restaurado que le gusta a todos, pero el problema es que tienes que meterle muchas horas para que pueda quedar así. La verdad es que me repudia ya lo de restaurar. Y no pienso vender nada de lo que tengo, porque no es mi estilo. Lo venderán mis hijos, supongo. Yo no puedo seguir con este tren, y todo esto lo que hace es complicarme la vida. Lo que hice ahora es meterme a músico porque eso me pone a mí a tope y me carga las pilas.

-¿Qué instrumento es su preferido en esta nueva faceta personal?

-Yo toco el acordeón. Últimamente me metí en un grupo que se llama Acordeones de Vila de Cruces, donde somos doce y tenemos ensayos todos los martes, e incluso hacemos actuaciones. Incluso toco el acordeón con mi nieto Marco, con el que me lo paso divinamente. Lo que quiero simplemente es pasarlo bien, porque somos un grupo de jubilados que actuamos sin cobrarle nada a nadie. Todavía estoy aprendiendo. Cuando me jubilé hace dos años, contraté un profesor de acordeón y empecé con clases todas las semanas. Ahora tengo una los martes y otra los jueves, y va la cosa bien.

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