La fe es nuestra fuerza

Carta del Obispo Promotor del Apostolado del Mar a los hombres y mujeres del mar en la fiesta de la Virgen del Carmen

15.07.2017 | 02:16
La fe es nuestra fuerza

En este día de las gentes del mar, los hombres y las mujeres del mar, oteadores de amplios horizontes, saben que con la fuerza de la fe nuestro horizonte vital se amplía hasta límites insospechados. Y una nueva visión confirma nuestras expectativas hacia un futuro que descansa en el nuevo hombre que mira adelante poniendo los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe. La fe en Jesucristo es la piedra angular para el andamiaje de la vida, que como un barco surca los días y navega a puerto seguro con fortaleza y firmeza. Es por eso por lo que podemos hablar de la vida en Cristo, y caminar con confianza guiados por su palabra viva, que nos llega por medio del Espíritu Santo dejando ardientes nuestros corazones para vivir con fe y esperanza hasta el puerto final. Como dice la Carta a los Hebreos (Heb 6, 19), "es para nosotros como ancla del alma, segura y firme, que penetras más allá de la cortina, donde entró, como precursor, por nosotros, Jesús, Sumo Sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec".

Y, junto a la fe, también el ancla de la esperanza. Como señalaba el papa Francisco el 13 de mayo pasado, en Fátima, en la canonización de Francisco y Jacinta Marto, donde pronunció estas bellas palabras: "Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad 'nuestra humanidad' que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef 2, 6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro".

Así pues, mirar y orar a Nuestra Señora del Carmen, advocación marinera por excelencia, es reconocerla como la Mediadora que fortalece nuestra fe y alimenta nuestra esperanza. A ella le pedimos que la sociedad reconozca los muchos beneficios que nos proporciona la gente del mar, cuyos sacrificios a veces son invisibles a los ojos de nuestra sociedad. No nos olvidamos tampoco de que los marinos muchas veces tienen que superar la lejanía de sus seres queridos. Hemos de agradecer la inmensa labor que hacen sus esposas y madres. La fe nos sostiene y es nuestra fuerza. Con ella se superan todas las barreras geográficas y de todo tipo.

Hoy día, en una sociedad más consciente del necesario cuidado de la creación, la fuerza de la fe en Jesucristo, Hijo del Padre, se despliega también hacia el servicio de un desarrollo humano integral. Y desde la fe se alienta también nuestro cuidado de la casa común, afectada por los efectos negativos del cambio climático y por la explotación excesiva de los recursos en el mar, según la encíclica del papa Francisco 'Laudato si' sobre el cuidado de la casa común.

Últimamente España, ribera del mar Mediterráneo, ha sido testigo de cómo algunas tripulaciones de barcos mercantes (junto a muchas embarcaciones de Salvamento) han estado en primera línea para socorrer a muchos migrantes y refugiados, a bordo de embarcaciones nada aptas para navegar. En esta situación de emergencia humanitaria nuestra oración y la fuerza de la fe están con todos ellos. Haciendo nuestras sus dificultades y alentados por el papa Francisco, quien llamó a los capellanes y voluntarios del Apostolado del Mar a ser "la voz de aquellos trabajadores que viven lejos de sus seres queridos y se enfrentan a situaciones peligrosas y difíciles", nos encontramos, por la fuerza de la fe y de la comunión, al lado de los marineros y de la defensa de sus derechos humanos y laborales, que han de ser respetados y protegidos.

La gran labor pastoral del Apostolado del Mar, fortalecida con la fe en el Salvador del mundo, quiere estar muy presente ante los graves peligros que envuelven a mucha gente del mar. A veces tienen que "trabajar en condiciones infrahumanas, o caen en manos de la delincuencia organizada o son víctimas de la trata laboral". Estos aspectos se tratarán en el próximo XXIV Congreso Mundial de Apostolado del Mar en Taiwán del 1 al 7 de octubre próximo, cuyo tema principal es "Atrapados en la Red" (pongamos a los pescadores en primer lugar). Allí, convocados por el nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, acudirá una representación de nuestro Apostolado del Mar. Os pedimos para que dicho Congreso, así como la Asamblea del Apostolado del Mar que se celebrará en A Coruña del 8 al 10 de septiembre, den los frutos esperados y nuestra fe pueda salir más reforzada.

En este Día de las Gentes del Mar expresamos nuestra gratitud a todos los que trabajan en la industria marítima. Y oramos para que María, Estrella del Mar, recoja a los que han muerto en el mar. Y que, como cantamos en la Salve Marinera, "llegue al cielo, hasta ti, nuestro clamor".

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